09/02/2026
Cristo nos concede el poder para vencer todo pecado y hábito que nos esclaviza, pero primero debemos ser de Él. Jesús es capaz de romper las ataduras, las cadenas y toda esclavitud del pecado; sin embargo, es necesario arrepentirnos, confesar, tomar la decisión firme y rendirnos completamente a Él, recibiendo así el regalo de la salvación. Incluso, cuando nos humillamos, Él mismo nos da la gracia y la fuerza para arrepentirnos.
Es Cristo quien nos capacita para abandonar de manera consciente y voluntaria el pecado. Él transforma el rumbo de nuestra vida, renueva nuestras actitudes y nos fortalece para someternos a Su voluntad. Pero la decisión es nuestra: escoger a Cristo y reconocerlo como Señor y Maestro.