20/02/2025
Mi nombre es Angelo, conocido en la obra del señor como Élder Blanco de Anaya, un joven de 18 años que tiene el privilegio de servir como misionero de tiempo completo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Mi hogar se encuentra en Cuba, una tierra llena de retos y dificultades, pero también de bendiciones abundantes de parte del Señor.
Mi vida dio un giro maravilloso el 24 de junio de 2017, cuando fui bautizado en la fe del Evangelio, un momento que considero una muestra de la misericordia y condescendencia del Señor hacia Su pueblo. En aquellos tiempos, el Evangelio apenas comenzaba a arraigarse en Cuba, con solo unos pocos cientos de miembros en un país de más de 11 millones. A pesar de la adversidad, sentí la gracia divina en mi vida, y fui llamado a ser parte de esta obra restaurada, una obra que continúa creciendo en cada rincón de la isla.
Desde entonces, he sido testigo del progreso del Evangelio en mi corazón y en la nación. La Iglesia en Cuba ha crecido en muchos aspectos, y más allá de las cifras, he visto cómo las vidas de los hermanos y hermanas se han transformado, cómo las familias han sido unidas en fe y esperanza, y cómo, a través del Evangelio, la luz del Señor ilumina cada vez más la vida de las personas en nuestra tierra. En mi propia vida, el poder redentor de Jesucristo ha sido una fuerza que me ha ayudado a superar mis errores y me ha llevado a caminar cada día con un corazón renovado, dispuesto a seguir Sus pasos.
Ahora, más que nunca, siento que estamos viviendo momentos gloriosos. La obra misional en Cuba está por dar un paso gigantesco hacia adelante. Muy pronto, la predicación del Evangelio será una obra más visible y constante en nuestra isla, con nuevos misioneros que llegarán para compartir el mensaje de esperanza que es tan necesario. Esta es una clara señal de que la obra del Señor avanza cada día más, y es una bendición indescriptible para todos los cubanos.
Me siento increíblemente privilegiado de ser uno de los pioneros en esta gran labor. Como misionero cubano, soy testigo de la expansión de la obra del Señor en mi propia patria, y sé que muchos corazones están siendo preparados para recibir este Evangelio restaurado. Es un honor representar a Jesucristo y ser parte de esta historia, un privilegio que me llena de gozo y gratitud. Pronto, todos aquellos que están preparados y esperando la verdad serán alcanzados por este mensaje celestial.
Sé sin lugar a dudas que el Señor está levantando Su obra en Cuba, y que Su amor se derrama sobre cada uno de los hijos de esta tierra. El Evangelio restaurado traerá paz, esperanza, y una transformación divina en las vidas de los que lo reciban. A través de la fe en Jesucristo, el arrepentimiento, el bautismo, la recepción del Espíritu Santo y la perseverancia hasta el fin, todos podemos caminar por el sendero angosto que nos lleva a la vida eterna.
Amados hermanos y hermanas, les testifico con certeza que esta es la Iglesia restaurada de Jesucristo, que ninguna mano impía podrá detener Su obra, y que esta bendición está al alcance de todos. Dios los ama profundamente, y está dispuesto a guiarlos a través de la Expiación de Su Hijo, Jesucristo, para que podamos encontrar la paz y la redención en Él. Que cada uno de nosotros reciba este testimonio en nuestro corazón, y con humildad y gratitud sigamos adelante en esta obra gloriosa.
Testifico estas cosas con todo mi corazón, en el nombre de Jesucristo, el Redentor del mundo, amén.