04/08/2026
Servicio Dominical con el Evangelista Julián Jiménez - 02 de agosto de 2026
2 Reyes 5:1-4
«Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.»
Naturalmente, somos personas inclinadas a exhibir todo lo bello y sobresaliente que somos; no nos gusta ni queremos mostrar nuestros defectos. En el caso de Naamán, era evidente que se estimaba mucho a sí mismo, de manera que, leyendo más en el capítulo 5 de 2 Reyes, podemos notar cómo habla de sí mismo y la alta estima que se tiene. Él estaba consciente de lo «valeroso» que era, tanto para su rey como para el pueblo sirio; pero, a pesar de eso, también tenía lepra.
Por medio de una muchacha cautiva que servía a la esposa de Naamán, la señora escuchó sobre un profeta llamado Eliseo que se encontraba en Samaria, con el fin de que este sanara al general de su enfermedad. Sin embargo, Dios trabajó primero con el corazón de Naamán.
2 Reyes 5:10-11
Dios trabaja primero con nuestro corazón para luego, cuando el corazón ya ha cambiado, darnos la solución a nuestras diversas situaciones. La palabra de Dios es lo primero que debe llegar a nuestro corazón; sin su palabra no puede haber una respuesta.
Para Naamán, cada momento de interacción con el profeta representó una humillación, incluso cuando se le dio el mensaje de ir a lavarse 7 veces a un río de aguas turbias. Sin embargo, gracias a que finalmente aceptó esa palabra, pudo hacerlo y fue sanado de la lepra, quedando totalmente limpio.
Si Dios no prueba nuestra mente y nuestro corazón, nunca podremos ser lo suficientemente fuertes para soportar las situaciones de la vida. La palabra de Dios crea defensas, entrenándonos para formarnos en una vida de fe sana.
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