Iglesia Jesucristo Es El Libertador

Iglesia Jesucristo Es El Libertador Una iglesia al total servició de Dios, en busca de difundir su palabra y ayudar al necesitado.

29/02/2024

Mantén encendida la llama de la esperanza
Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa.
(Hebreos 10:23)

Para mantener encendida una hoguera de leña, debes ponerle leña con frecuencia. Si dejas de echarle leña al fuego, la llama perderá poco a poco su intensidad y su calor.

La esperanza, como una llama, debe alimentarse para que se mantenga encendida. Y el combustible que mantiene firme la esperanza es la Palabra de Dios. A través de la Biblia conocemos y accedemos a las promesas del Señor, manteniéndolas encendidas en nuestro corazón.

Dios es fiel en cumplir todas sus promesas, por eso debemos vivir conforme a la Palabra de Dios. Mantenemos encendida la llama de la esperanza cuando permanecemos en las promesas del Señor a través de las Escrituras. Cuanto más creemos y buscamos a Dios, más radiante se vuelve nuestra esperanza.

¡No permitas que se apague la llama de la esperanza! El que prometió es fiel en cumplir todas las promesas. Sigue creyendo, buscando y permaneciendo en su Palabra.

3 formas de mantener la llama de la esperanza siempre encendida:
Adquiere el buen hábito de mantener encendida tu fe leyendo la Palabra de Dios. Estar en contacto con las promesas del Señor alimenta tu esperanza.
Comparte tu esperanza con tus hermanos en la fe. Cuando compartimos nuestra fe unos con otros, aumentamos nuestra confianza en Dios como iglesia.
Ten comunión con Dios, él es la fuente de las promesas. Cuando aumentamos nuestra relación con Dios, aumentamos nuestra confianza en él y sus promesas.
Para orar:
Señor, tus promesas llenan mi corazón de fe y valor. Quiero mantener encendida la llama de la esperanza en ti, así que lléname con tu paz y alegría. Sé que todas tus promesas se cumplirán en mi vida. Amén.

29/02/2024

Libérate de todos los yugos con la ayuda de Dios
Así que, si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres.
(Juan 8:36)

A Dios le interesa tu liberación total. A veces, pensamos que la libertad dada por Dios concierne solo al área espiritual, pero el Señor también quiere que seas libre en el área emocional, física y relacional.

A menudo nos quedamos atrapados en relaciones abusivas o adoptamos comportamientos compulsivos (con comida, bebida, actividades o dr**as). Y así, comenzamos a autosabotearnos y destruirnos a nosotros mismos. Además de estos problemas, también tendemos a aferrarnos al pasado y no perdonamos a los demás ni a nosotros mismos.

Si te das cuenta de la existencia de algún tipo de prisión, en algún ámbito de tu vida, ora a Dios y pídele que opere en ti una liberación completa ahora mismo.

¡Sé verdaderamente libre en Cristo!
Reflexiona unos instantes y observa qué o quién ha sido tu “opresor” en tu día a día.
Ora, busca a Dios y pídele que te libere por completo.
Pide la ayuda de Cristo para liberarte y dejar atrás los malos hábitos, los eventos pasados e incluso las relaciones que te oprimen.
Aprende más acerca de Jesús. Lee la Biblia y desarrolla una verdadera amistad con Dios diariamente.
Para orar:
Señor, Dios mío, ¡líbrame de todo lo que me aprisiona! Abre mis ojos y mi conciencia para darme cuenta de que puedo ser libre en ti. Ayúdame a vivir la verdadera libertad conquistada por Jesucristo. Y que tu Espíritu Santo obre este milagro dentro de mí. Que esa transformación se proyecte en todas las áreas de mi vida. Que todo lo que yo haga sea para tu gloria. ¡En tu nombre, Jesús! Amén.

29/02/2024

“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.” Salmo 126:5.

Los tiempos de alegría muchas veces son precedidos por épocas de lágrimas. El salmista lo sabía muy bien y en este salmo expresa lo que sintió el pueblo de Dios al salir de la cautividad babilónica. Habían perdido seres queridos, tierras, casas, y hasta su misma dignidad, pero Dios les había prometido restauración y su promesa se cumplió. Israel pudo ver la misericordia de Dios no solo en esa época, sino a lo largo de toda su historia.

Las lágrimas derramadas en la presencia de Dios son como semillas que a su tiempo producirán fruto. Jesús dijo que son “bienaventurados los que lloran”, los que reconocen su necesidad espiritual y ponen su vida en las manos de Dios. “Ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4).

Muchas de nuestras lágrimas brotan en tiempos de intercesión por nuestros hijos. Cuando vemos que no toman buenas decisiones, que su fe se tambalea, que escuchan más a sus amigos que no conocen al Señor que al consejo de la Palabra de Dios, que atraviesan situaciones difíciles. Nuestro corazón, como dice Jeremías, parece derramarse como agua. (Lamentaciones 2:19).

Otras lágrimas son producto de la frustración que sentimos al ver desaprovechadas las oportunidades que Dios les da a nuestros seres queridos para acercarse a Él. O también por la tristeza que nos produce ver un mundo hundido en toda clase de pecados, que ignora o se burla de Dios.

Aunque haya momentos en que te sientas desalentado, recuerda que las lágrimas derramadas en la presencia de Dios producirán fruto. No te impacientes, el Señor está obrando. Ningún suspiro, ninguna lágrima, ninguna oración será pasada por alto.

La respuesta llegará, la promesa se cumplirá. “¡Con regocijo segarán!”. El tiempo de gozo por la respuesta a la oración está cerca. Sigue confiando, Dios siempre cumple sus promesas.

29/02/2024

Humildad: la clave para vivir en comunión
No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.
(Filipenses 2:3)

La humildad es crucial para la armonía dentro de la iglesia. Cuando consideramos al prójimo como superior a nosotros, protegemos a nuestro hermano y nos alejamos de la altivez. Si todos como iglesia tienen la misma visión, unos servirán a los otros y la iglesia dará frutos saludables.

Donde hay humildad no existe el egoísmo o la competencia. Jesús es el mejor ejemplo a seguir. No estamos en el mundo para competir, sino para servirnos los unos a los otros en amor. Cristo, aun siendo Rey, se hizo siervo y dio su propia vida a nuestro favor.

«Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.» (Mateo 20:26-28)

Ten a Jesús como tu influencia principal: ¡sé un siervo! Quien está dispuesto a servir no se preocupa con las posiciones o cargos ministeriales. Cuando actuamos con humildad generamos un ambiente lleno de armonía y libre del deseo de competir.

Cultivando un corazón humilde:
Ten a Jesús como ejemplo. Lee el Evangelio y esfuérzate en imitar la actitud de Cristo.
Evita las comparaciones. Al comparar abrimos la puerta a las disputas y nos alejamos de la comunión.
No sirvas a los demás por causa de la posición social o ministerial. Antes, sirve a todos con amor y respeto.
Considera a los demás como superiores a ti mismo. Todos son importantes en el cuerpo de Cristo.

29/02/2024

Compañero del peregrino
He aquí que yo estoy contigo; yo te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.
(Génesis 28:15)

Probablemente, has oído hablar del libro, El Progreso del Peregrino, de John Bunyan. Este clásico de la literatura cristiana presenta analogías interesantes sobre la caminata de fe del cristiano rumbo al cielo. En cierto modo, todos somos peregrinos en la tierra. Nuestra vida es un viaje con desafíos, compañía y destino seguros.

Dios camina a nuestro lado. Si confiamos en Jesús y en su palabra, podemos estar seguros de su maravillosa presencia a nuestro lado. Aunque no entiendas lo que ocurrirá en el transcurso del camino, Dios cuidará de todo y estará allí, firme, acompañándote.

Dios te acompaña en el camino
Da gracias al Señor porque él nunca te abandona.
Ora y entrégale a Dios la ansiedad y la preocupación por los problemas en el camino.
Si en tu camino no alcanzas a ver mucho más allá, recuerda: tu Salvador lo ve y lo sabe todo.
Confía siempre en Dios como tu Padre, amigo, guía, consejero y protector. Más que tu mejor compañero, él es el camino que debes seguir (Juan 14:6).
Únete a otros peregrinos en la fe. Camina al lado de Jesús y acompaña a otros hermanos, animándolos a mantenerse firmes en el camino.
Para orar:
Señor Dios, tú eres mi guía y mi protector. Gracias por ser mi mayor amigo y compañero en todo momento. Aunque me esperen sorpresas o sufrimientos en el camino, estoy seguro de que tú, Señor, estás siempre a mi lado y me sustentarás hasta el final. Quédate siempre con nosotros, con tu pueblo, Padre. Ayúdanos en el camino, porque solos no podemos seguir. Te lo pido y te doy gracias, en el nombre de Jesús. Amén.

29/02/2024

¡Despierta la alabanza!
Aclamen alegres al Señor, habitantes de toda la tierra;
adoren al Señor con regocijo.
Preséntense ante él con cánticos de júbilo.
Reconozcan que el Señor es Dios;
él nos hizo, y somos suyos.
Somos su pueblo, ovejas de su prado.
(Salmo 100:1-3)

¡Dios es digno de alabanza en todo momento!
Alabar a Dios no es simplemente cantar, sino admirar, tener el corazón rebosante de gratitud y conmovido por la bondad del Señor. Esto implica decir cosas buenas («bendecir»), hablar con sinceridad sobre lo que se siente por Dios, reconociendo la bondad y el señorío de Jesucristo.
La alabanza no es la consecuencia de una vida estable y sin problemas, sino la respuesta de un corazón que ama a Dios a pesar de las dificultades.
Si todavía no tienes el hábito de alabar a Dios en todo tiempo, ¡despierta! Formas parte de su pueblo y él cuida de ti. Reflexiona sobre eso y responde de corazón poniendo en práctica la actitud de alabar.

Despierta tu corazón para alabar
Reconoce al Señor en tu vida y despierta la alabanza para que brote de tu alma.
Mira a tu alrededor y piensa en todo lo que tienes. ¡Alaba a Dios por sus misericordias cada día!
Deja la murmuración y la antipatía. La alabanza te hará ser más agradecido y agradable a Dios y a todos los que te rodean.
El reclamo no trae ningún beneficio, así que cambia de actitud. Alaba a Dios con alegría y con agradecimiento.
Lee el Salmo 100. En el versículo 5 vemos por qué debemos alabar a Dios.
Transmite a otros gentileza, confianza y alegría. Los que alaban a Dios emanan su fe, amor y esperanza.
Haz de la lectura bíblica, la oración y la alabanza los motores que te motiven cada día. Definitivamente, tu día será más bendecido y feliz.
Para orar:
¡Alabado sea tu nombre, oh Dios! Anhelo que mi corazón reconozca siempre tu grandeza y tu excelencia. Ayúdame a estar siempre agradecido por quién eres y por todo lo que has hecho por mí. Gracias por todas las bendiciones y por este nuevo día de vida. Tú eres Señor, eres bueno y tu amor leal dura para siempre. Amén.

29/02/2024

“Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido”. Romanos 4:20-21.

¿Cuánto tiempo estás dispuesto a esperar por el cumplimiento de una promesa que te hizo Dios? Tal vez te parezca demasiado una semana o un mes, pero tenemos el ejemplo de un hombre que supo esperar… ¡hasta los cien años! Creo que ya sabes a quien me estoy refiriendo.

Abraham nunca “dudó por incredulidad”. Puede ser que haya dudado acerca del momento, de las formas, incluso alguna vez dudó si Sara sería la madre del hijo que Dios le había prometido, pero nunca pensó que Dios no cumpliría lo que le había dicho.

¿Cuál fue el secreto de Abraham para permanecer firme tantos años? Estaba “plenamente convencido”. Esta frase corresponde a una sola palabra griega, pleroforéo, que significa “completamente seguro, ciertísimo; sin espacio para la duda”. Se refiere a una persona que después de haber analizado la situación, ha llegado a la conclusión que no hay manera de que no suceda lo esperado porque todas las evidencias están a su favor.

A través de los años de espera, Abraham fue conociendo más y más a Dios. Cuanto más se acercaba a Él, más crecía su fe. Aunque atravesó momentos difíciles, siempre vio la mano poderosa de Dios obrando sobre su vida, familia y posesiones. Sus experiencias con Dios afirmaron su fe. Sabía que cuando Él promete algo lo cumple.

Entre otras cosas, aprendemos de la historia de Abraham que si nos hemos encontrado con Dios y Él nos ha dado una promesa, debemos esperar pacientemente su cumplimiento. Nuestra confianza debe estar puesta en Aquel que habló a nuestro corazón.

¿Qué promesas te hizo Dios? ¿Estás plenamente convencido de que Él nunca falla? ¿Crees que Él ha fijado un tiempo para el cumplimiento de las promesas que te hizo y que nada ni nadie pueden cambiar eso? Si nos ocupamos de conocer más a Dios, nuestra fe crecerá y sabremos esperar con paciencia lo que Dios nos ha prometido.

29/02/2024

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33.

Vivimos en tiempos de mucha incertidumbre. La paz mundial se resquebraja, la salud sigue siendo un tema de preocupación, la economía se tambalea y las preocupaciones por el futuro se acrecientan. Pero hay un pueblo que tiene paz a pesar de las circunstancias porque sabe que la historia la escribe Aquel que reina desde la eternidad hasta la eternidad, en cuyas manos está el destino de todas las cosas. Ese es el pueblo de Dios que ha sido preparado para esta hora.

Sabíamos desde hace mucho tiempo que vendrían “guerras, rumores de guerra”, que “se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares” (Mt. 24:6,7), pero Jesús nos dijo que cuando estas cosas comenzaran a suceder, debíamos levantar nuestros ojos al cielo porque de allí vendría nuestra salvación. “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28).

Nuestro futuro no depende de lo que digan o hagan los líderes mundiales, ni de los pronósticos de los economistas. Nuestro futuro está definido desde la eternidad. Nuestra vida está controlada por Aquel que tiene contado “aun los cabellos de nuestra cabeza…” (Lucas 12:7ª), quien es la Fuente de nuestro sustento.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:19).

Cuando nuestra alma comienza a ser afectada por la angustia, ansiedad o temor, debemos correr a la presencia de Dios y poner nuestras cargas a sus pies. Él entonces derramará su paz en nuestro corazón y nos hará sentir seguros.

Eres parte del pueblo adquirido por Dios que descansa en su cuidado y manifiesta al mundo en crisis que solo hay esperanza y paz en Aquel que murió para salvarnos

29/02/2024

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Gálatas 5:16,25.

¿Cuándo avanzar y cuándo permanecer quieto? ¿Cuándo actuar y cuándo esperar? ¿Esta decisión que estoy por tomar es mejor que la otra opción? Creo que tengo fe, ¿pero si solo son buenos deseos los que me motivan? ¡Cuánta incertidumbre!

Pero la buena noticia es que tenemos ayuda sobrenatural para tomar cualquier decisión. Jesús dijo que nos convenía que Él se fuera al cielo para enviar al Espíritu Santo que estaría dentro de nosotros. Wow, el mismo Espíritu de Dios morando en nuestro espíritu. Además nos dijo que él nos enseñaría todas las cosas, nos recordaría la Palabra y nos conduciría siempre a la verdad. Pero solo podemos recibir esta ayuda si tenemos ¡una relación personal con el Espíritu Santo!

Entonces, ¿por dónde empezar? El apóstol Pablo dijo que debemos “andar” en el Espíritu y en el mismo capítulo de Gálatas lo menciona dos veces. En griego se usan dos palabras diferentes para “andar”. La primera palabra es peripateo y significa “andar dentro de los límites de un camino, seguir una dirección o pautas, encaminarse, conducirse”. Hay un camino que nos lleva a tomar decisiones equivocadas y es el de la “carne”, es decir, conducirnos por nuestros deseos o pasiones que son contrarios a lo que Dios nos dice. En contraste, debemos “andar” en el espíritu, siguiendo las pautas divinas, obedeciendo la Palabra de Dios.

La segunda palabra está en el v. 25 y es stoijeo, que proviene de stoicos, “hilera”. Significa “caminar en fila, seguir las huellas de alguien, imitar sus pasos”. Está relacionado con el “ritmo”. Debemos caminar al ritmo del Espíritu Santo. Si nos movemos de acuerdo con sus tiempos sabremos cuándo avanzar o detenernos, actuar o esperar, tomar una decisión u otra.

Si ya estás en el camino correcto, sigue caminando al ritmo del Espíritu. Profundiza tu relación con Él, escucha su voz y obedécele. Los resultados son el gozo y las bendiciones que Dios añade a la vida de todos aquellos que hacen su voluntad

29/02/2024

“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” Apocalipsis 1:8.

Cuando Juan vio a Jesucristo glorificado mientras se encontraba en la isla de Patmos, cayó como mu**to. Fue tremendamente impactado en espíritu, alma y cuerpo. En ese momento, el Señor se le reveló con un nuevo nombre: “El Alfa y la Omega”.

Alfa es la primera letra del alfabeto griego y Omega la última. Es como decir: “De la A a la Z”. Él es antes de todas las cosas y permanecerá más allá de lo que a este viejo mundo le pase. Si Jesús es el Alfa y la Omega, entonces tiene autoridad sobre todo lo que está en el medio de la primera y la última letra. Eso incluye los planes y propósitos para el futuro. Dios dirige los eventos históricos para que todo se cumpla como Él lo ha dispuesto. Hasta el mismo diablo está sujeto a su plan, ya que un día será lanzado al lago de fuego por la eternidad.

El azar no existe para Dios y se ríe de la suerte. ¿Quién puede contender con Jesucristo? ¿Hay alguien que pueda hacerlo desistir de su voluntad? ¿Podrán manipularlo para que cambie sus estándares? Él dirige la historia de la humanidad, pero también cada detalle de nuestra vida.

Jesucristo es “el que es y que era y que ha de venir”. Es el Hijo del Dios eterno y conoce todo lo que hay en cada corazón. Aun así nos ama y fue a la cruz por nosotros.

En el versículo mencionado, Jesús también se definió como el “Todopoderoso”, en griego pantokrátor que significa “Gobernante de todo, que sostiene todas las cosas, Aquel que tiene todo en su mano”. Esta palabra solo se aplica al Señor. ¡Aleluya! Él lo sustenta todo. ¿No crees que estamos en las manos de Aquel que tiene todo bajo su control? ¿Acaso podemos pensar que nuestra situación es demasiado “complicada” para el Señor?

“Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.” (Isaías 44:6). Pon tu confianza en tu Redentor y dale el control de toda tu vida. Él jamás te fallará.

29/02/2024

“Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas”. Salmo 147:3.

Más de una vez hemos usado la expresión “corazón roto” y “herida del alma” cuando queremos expresar nuestra desilusión, frustración, desánimo, soledad, dolor, angustia… Las causas de estas emociones pueden ser muy variadas: una traición, el rompimiento de una promesa, desengaño, una mentira expuesta, infidelidad, deslealtad, abandono. Estas y tantas otras situaciones pueden quebrantar el corazón y herir el alma al punto de provocar un pesar difícil de explicar.

La palabra hebrea para “quebrantar” es shabár que significa “dañar, derribar, deshacer, desmenuzar, destrozar, destruir, estropear, moler, partir, quebrar, romper”. Y la palabra usada en hebreo para “herida” es atstsébet que significa “dolor, tristeza”. El salmista tenía claro el mensaje que quería hacerles llegar a los que se sintieran así.

Hay Alguien que nos conoce perfectamente. Sabe lo que ha pasado cada uno de sus hijos, quién les quebró el corazón y cuánto duele, pero sobre todo, es quien tiene el remedio para curar la herida. Por supuesto, “la medicina” solo trabaja en los que quieren ser sanados. ¿Podría alguien no querer sanar? Sí, algunos prefieren “lamerse las heridas” que curarlas. Se sienten confortables con ellas, las muestran seguido para ser atendidos, queridos, recordados. No hay sanidad para el que quiere estar enfermo.

Sin embargo, el Señor es el Sanador de todo el que se acerca a Él con fe y decide tomar su “medicina”. Él quiere recordarnos que su plan no es que vivamos con heridas permanentes. Como ejemplo está Jesús, cuyas heridas fueron sanadas y hoy esas cicatrices nos hablan del poder de Dios.

El Señor quiere cuidar a sus hijos. Su deseo es llenar nuestro corazón de gozo, paz, y darnos todos los recursos espirituales que podamos necesitar para vivir sanos. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. (2 Cor. 5:17).

29/02/2024

“Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos. Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás”. Salmo 138:6-7ª.

David conocía a Dios porque tenía una relación personal y diaria con Él. Podía dar testimonio de su grandeza, pero también de sus intervenciones en los momentos difíciles de su vida. Dios sabe “atendernos” en medio de nuestras necesidades.

La palabra hebrea para “atender” es raá y significa “ver, considerar, levantar, proveer, visitar”. Nosotros usamos mucho esta palabra cuando necesitamos ayuda de un profesional médico o consejero. Decimos: “Hoy mi doctor me puede atender”, o por el contrario, “está ocupado, no me puede atender”. Por supuesto como humanos solo podemos estar en un lugar a la vez, sin embargo, Dios es omnipresente, está disponible para todos sus hijos al mismo tiempo.

El apóstol Pedro lo expresó de esta manera: “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones”. (1 Pedro 3:12a). Dios está atento a cada una de nuestras palabras y con toda seguridad atenderá a nuestras súplicas, pero debemos ir a Él con humildad.

Por el contrario, el altivo, el orgulloso, el que se eleva por encima de los demás y hasta de Dios mismo, no es atendido por Él. El Señor lo “mira de lejos”, simplemente observa lo que hace, lo deja a su libre albedrio, con la esperanza de que su corazón cambie y decida acercarse a Él.

Cuando atravesamos momentos de angustia podemos ir a Dios con humildad para que nos fortalezca y renueve. El Señor nos atenderá siempre, en toda circunstancia nos mostrará su fidelidad.

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