03/06/2026
¡Todos los santos y santas de Dios, rueguen por nosotros! Santoral de hoy:
San Carlos Luanga y compañeros mártires.
La historia remite a 22 mártires de Uganda (África), el 3 de junio del año 1886. Por disposición del rey Mwanga, que veía en los católicos una amenaza para su reino, ordenó perseguirlos a muerte; también había presencia de anglicanos. Para aumentar su sufrimiento, fueron sometidos a un trayecto de 8 días, en tortura, para terminar en la hoguera, quemados. Algunos no resistieron el camino; otros fueron clavados en los árboles. La mayoría de estos mártires tenía entre 16 y 24 años.
Carlos, previamente, había bautizado a los que no tenían el sacramento, para que perseveraran en la fe, entre tantas torturas. Le dijo a un jovencito de 14 años, llamado Kizito: “Te tomaré de la mano. Si debemos morir por Jesús, moriremos juntos, tomados de la mano”. Cuando llegaron al lugar, todos rezaban, sin quejarse ni desanimarse. Uno de ellos, llamado Bruno, expresó: “Un manantial que tiene muchas fuentes nunca se secará. Cuando nos hayamos ido, otros vendrán en nuestro lugar”. Todo el grupo fue canonizado por Pablo VI en el año 1964.
Son oportunas las palabras del responsorio en el Oficio de Lectura del día cuando dicen: “Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran, mientras luchamos por la fe. Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo”.
El don de fortaleza es el que asiste a los mártires, y a todos aquellos que entregan cotidianamente la vida por Jesús. Esta fuerza vital es la que Pablo desea que sea reavivada por el joven Timoteo cuando le exhorta: “reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos”.
En ocasiones, nos puede perseguir la tentación como a Timoteo. Dios nos da su gracia, pero el cansancio, la rutina, el miedo, van apagando el don. Reavivar es invertir en su mantenimiento, encender la fe, alimentarlo, ejercitarlo, hacerlo crecer en la vida cotidiana mediante el servicio alegre y generoso. Afirma el apóstol que no nos ha sido dado un espíritu cobarde, sino de fortaleza, amor y buen juicio. Este potencial divino, a nosotros confiados, ha de servirnos para tomar parte de los duros trabajos del Evangelio. Es iluminadora y alentadora la expresión paulina al afirmar: “sé de quién me he fiado”.
Tanto la referencia a los mártires, como el testimonio de Pablo, nos animan a reavivar el don.
¡San Carlos y mártires rueguen por nosotros!
¡Santos Ángeles Custodios, rueguen por nosotros!
En nuestra página https://parroquiaangelescustodios.org/ están otras informaciones de interés y la meditación completa.
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