31/05/2026
«Era [santa Mónica], además, sierva de tus siervos, y cualesquiera de ellos que la conocía Te alababa, honraba y amaba mucho en ella, porque advertía Tu Presencia en su corazón por los frutos de su santa conversación. Había sido mujer de un solo varón, había cumplido con sus padres, había gobernado su casa piadosamente y tenía el testimonio de las buenas obras, y había nutrido a sus hijos, pariéndoles tantas veces cuantas les veía apartarse de Ti» (San Agustín, Confesiones, IX, 22).
En la entrega constante de las madres se revela el verdadero misterio de la maternidad: su grandeza no radica en el dominio o la gloria humana, sino en la humilde sumisión a la Voluntad Divina. Al abrazar su vocación, las madres se convierten en un espejo limpio que trasparenta el Amor y los Designios de Dios en el silencio del hogar. Cada desvelo y cada palabra de aliento no son sino el eco de esa fidelidad sagrada que guía y sostiene el alma de los hijos (espirituales y de la carne) hacia la Eternidad.
Feliz día de las madres. Y hacemos una oración especial por las madres que ya no se encuentran con nosotros. Las amamos en el Señor.