12/11/2012
Señor, no sé si te habrás dado cuenta de mi existencia; estás tan ocupado con los hombres que creo que te olvidas de nosotros, los animales.
Soy un perro. Donde vivo tengo fama de ser uno de los guardianes más celosos de la casa;
la gente me teme. Verás, aunque yo sé que tú sabes mi historia mejor que yo:
Nací hombre, pero a medida que fui creciendo, perdí, poco a poco, los rasgos humanos. Primero me dejé arrastrar de los instintos que pujaban en mi interior: fueron días malos aquellos, todo me molestaba; de tanto enojarme me empezó a salir hocico; creí que todos murmuraban de mí y agudicé los oídos para escuchar a los otros, hasta el punto que las orejas se me alargaron. La inseguridad y duda de mí, que tenía, me forzaron a encorvarme, y acabé caminando como cuadrúpedo. Veía, Señor, el mundo al revés. Me sentía continuamente atacado y desarrollé garras y colmillos; y aprendí a ladrar; tenía que defenderme.
¡A cuantos habré herido desde que se operó en mí este cambio! Tú lo sabes, Señor. Y sin embargo, a pesar del odio y rencor que sentía hacia mí y hacia los demás, he encontrado hombres que me han querido de veras. Otros han querido ser mis amigos, pero a esos los he rechazado.
Ahora, una vez que he vislumbrado el paraíso del amor, busco amar y ser amado, pero no acierto, Señor, y fracaso continuamente. Por eso acudo a ti. Señor, ayúdame a amarme como soy, para así poder amar a los demás. El desprecio y el odio a mí mismo me transformó en perro; la auto aceptación me volverá hombre; dame fe en mí mismo; fe en la obra de ti en mí; hazme creer que puedo ser amado y amar; no quiero ya seguir siendo perro, quiero ser hombre, empezar a serlo, Señor.”
Pensar o actuar, pensemoslo................