18/10/2025
El perverso y la mujer de fe.
Cuentan que en un pequeño pueblo vivía un hombre conocido por su maldad. Engañaba, robaba y se burlaba de quienes creían en Dios. Una mañana, al pasar frente a la casa de una mujer viuda que siempre oraba, escuchó que ella pedía:
—Señor, hoy no tengo pan, pero confío en que Tú proveerás.
El hombre, riendo con malicia, fue al mercado, compró una bolsa de pan y la dejó en la puerta. Golpeó y se escondió para ver su reacción.
La mujer abrió, vio el pan y levantó las manos al cielo diciendo:
—¡Gracias, Señor, sabía que no me dejarías sin alimento!
El hombre salió de su escondite y gritó:
—¡Tonta! ¡No fue tu Dios! ¡Fui yo quien trajo el pan!
Ella sonrió y respondió con calma:
—Tal vez, pero fue Dios quien te usó, aunque sea solo por un momento, para cumplir Su promesa.
Desde aquel día, el hombre ya no pudo dormir igual. Algo en su interior comenzó a cambiar, porque descubrió que ni su perversidad podía escapar del plan de Dios. y la mujer de fe.
Cuentan que en un pequeño pueblo vivía un hombre conocido por su maldad. Engañaba, robaba y se burlaba de quienes creían en Dios. Una mañana, al pasar frente a la casa de una mujer viuda que siempre oraba, escuchó que ella pedía:
—Señor, hoy no tengo pan, pero confío en que Tú proveerás.
El hombre, riendo con malicia, fue al mercado, compró una bolsa de pan y la dejó en la puerta. Golpeó y se escondió para ver su reacción.
La mujer abrió, vio el pan y levantó las manos al cielo diciendo:
—¡Gracias, Señor, sabía que no me dejarías sin alimento!
El hombre salió de su escondite y gritó:
—¡Tonta! ¡No fue tu Dios! ¡Fui yo quien trajo el pan!
Ella sonrió y respondió con calma:
—Tal vez, pero fue Dios quien te usó, aunque sea solo por un momento, para cumplir Su promesa.
Desde aquel día, el hombre ya no pudo dormir igual. Algo en su interior comenzó a cambiar, porque descubrió que ni su perversidad podía escapar del plan de Dios.