23/12/2025
CUANDO VES LA EUCARISTÍA ES A JESÚS A QUIEN MIRAS
Ante el Santísimo no estamos frente a un símbolo vacío, sino ante una Presencia viva y real, ante una Persona Divina. Allí late el Corazón que se entregó por amor, que perdona, sostiene y espera. La fe católica nos enseña a reconocerlo con reverencia, silencio y adoración.
Arrodillarse es confesar con el cuerpo lo que el alma cree. En cada hostia consagrada se ofrece el mismo Señor que caminó por Galilea y dio Su vida en la cruz. Quien se acerca con humildad jamás se va igual. La adoración transforma, ordena el interior y fortalece la esperanza. Permanecer unos minutos ante el Sagrario es dejarse mirar, sanar y amar. De allí brota la fuerza para vivir, servir y perseverar fielmente en la fe diaria.