12/08/2026
También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,
diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,
sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.
Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.
¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?
Luc.18:1-7.
Jesús nos recuerda que la oración perseverante sostiene el corazón cuando parece que nada cambia.
La viuda no tenía poder ni influencias, pero poseía algo extraordinario: no estaba dispuesta a rendirse.
Amigo, quizá llevas tiempo clamando por una respuesta, una puerta abierta, justicia o restauración.
No confundas el silencio de Dios con abandono; su obstinado amor sigue trabajando aun cuando no lo ves.
Si un juez injusto terminó respondiendo, cuánto más nuestro Padre bueno escuchará a quienes claman a Él.
Cristo te invita hoy a permanecer de rodillas, creyendo cuando las circunstancias quieran apagar tu esperanza.
La oración no solamente cambia situaciones; también santifica, fortalece y transforma nuestro corazón.
No desmayes: todavía Dios puede sorprenderte con aquello que parecía imposible.
Entrégale tu vida a Jesús, vuelve tu corazón a Él y permite que su gracia renueve tus fuerzas.
Hoy puedes levantarte con fe: tu clamor ha sido oído y tu historia todavía está en las manos de Dios.
Cuando mis fuerzas se acaben, Cristo seguirá siendo mi esperanza.
Oraré sin desmayar, porque mi Padre escucha mi clamor.
Con Jesús, todavía espero, todavía creo y todavía avanzo.
Past. José Miguel Valoy.