23/11/2016
La vida de un cristiano es una vida de decisiones y responsabilidad sobre las consecuencias de esas decisiones.
Las decisiones que tomamos fortalecen o debilitan nuestro vínculo con Dios, es un compromiso que asumimos voluntariamente, pero qué entendemos con esto?
Un compromiso es una serie de obligaciones que una persona asume de forma libre y sin influencias de terceros, en pleno uso de las facultades mentales. El compromiso con Dios es un vínculo bilateral que se encuentra circunscrito a la moral social, al deber humanitario y al respeto y obediencia a la autoridad de Dios.
Es un lazo invisible que se vuelve visible por medio de nuestro testimonio de vida. Lo que sentimos y sabemos en nuestro interior o exteriorizamos en nuestras acciones.
Es una obligación con Dios, con nosotros y con nuestro prójimo de vivir en rectitud y cosechar juntos los frutos de esa obediencia.
Es un compromiso con la vida, de de buscar un pleno desarrollo en el cual la meta es alcanzar la la vida eterna que se nos ha prometido por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Habrá pruebas, obstáculos y vicisitudes que pondrán a temblar nuestra fe, habrá tropiezos que nos llenarán de culpa y arrepentimiento, pero así también habrá un Dios de perdón y de amor dándonos fuerzas para levantarnos y seguir, renovando día tras días ese fuego en nuestros corazones.
No es sólo cumplir el compromiso cuando estamos en frente de quienes pueden vernos, cumplir con el compromiso es respetarlo cuando aún cuando nadie nos ve.
Es un árbol, que se siembra y se cuida todos los días, porque tenemos las esperanza que algún día podremos disfrutar de sus frutos.