12/07/2026
¡Sacúdete!
Hechos 28:1-6
Pablo no se quedó mirando la serpiente ni permitió que permaneciera en su mano; la sacudió y la echó al fuego. Sabía que mientras más tiempo permaneciera allí, mayor sería el peligro del veneno.
Así ocurre en la vida espiritual. La ofensa, el rechazo, el miedo, la culpa o la traición pueden tocar nuestra vida, pero no deben quedarse en nuestro corazón. El verdadero peligro no es el ataque, sino permitir que el veneno permanezca y afecte nuestra fe y nuestro propósito.
Lo que te mordió no tiene autoridad para definir tu destino. Dios no permitió que la serpiente detuviera a Pablo, y tampoco permitirá que el veneno de tus heridas detenga el propósito que ha puesto en ti.
Hoy Dios te dice:
¡Sacúdete!
Sacúdete de la culpa, del miedo, de la amargura, del rencor, del rechazo, del orgullo, de la soberbia, de la Rebeldia y de todo aquello que intenta paralizarte. No permitas que el veneno permanezca donde Dios quiere que fluya vida.
Lo que no sacudes, puede terminar envenenándote; pero lo que entregas a Dios pierde el poder de detener tu propósito.