16/01/2022
Odio, veneno de la mente.
Después de décadas de detención, en una prisión comunista china, un monje tibetano es indultado debido a su avanzada edad. Una vez fuera de China, se dirigió a la India, a la ciudad de Darmasala, la ciudad donde reside del Dalai Lama. Este anciano monje quería encontrarlo al menos una vez en su vida. Al enterarse de que estaba en Austria, con la ayuda de otros monjes y maestros, logró encontrarse, en Linz, con el Dalai Lama. Después de intercambiar varias palabras, el Dalai Lama le preguntó: ¿si tuvo miedo de algo o de alguien, en todos estos duros años de detención, humillación y malos tratos? El anciano con lágrimas en los ojos, respondió al Dalai Lama, que tenía mucho miedo, vivió con miedo durante años. Entonces el Dalai Lama le preguntó: ¿por qué tenía tanto miedo?
"tenia miedo de no llegar a odiarlos", respondió el viejo monje tibetano.
El odio es nuestro mayor enemigo, no hay enemigo externo que pueda hacernos más daño que la hostilidad y el odio, el resentimiento, el deseo de venganza, todas estas emociones perturbadoras, son venenos, que envenenan nuestra mente e implícitamente nuestra vida. Un momento de hostilidad puede destruir las relaciones construidas durante años. Un momento de odio puede cambiar por completo nuestra vida, llevándonos del éxtasis a la agonía de la soledad.
Los que tienen este odio en el corazón no pueden dormir bien por la noche, no pueden alimentarse, no pueden disfrutar de un día soleado ni de ningún gesto, por el fuego que les quema la mente. Todo tipo de enfermedades ocurren debido a la tensión y el estrés causados por tales sentimientos de hostilidad.
“El odio no se puede vencer con el odio, generará aún más odio… sólo con amor se puede vencer el odio”. Buda.
Lamentablemente, leo tantos mensajes de odio, hostilidad, críticas extremas, fundadas o infundadas... Creo sinceramente que tal actitud no resolverá los problemas de la sociedad, generará aún más hostilidad y más ferocidad.
Si cada uno de nosotros se detuviera antes del torbellino devastador de los impulsos primitivos y tratara de ponerse en el lugar del que le insulta, para comprender un poco la situación al menos en un nivel contemplativo, creo que nuestra hostilidad se aliviaría, y nuestras vidas cambiarían, la esperanza reemplazaría a la frustración, las ideas constructivas se manifestarían en nuestra mente y las destructivas desaparecerían, dejando lugar a la empatía. Solo así algo puede cambiar, creando, a nuestro alrededor, armonía, empatía y comprensión, cada uno en el nivel que podamos. Kunga Tondrup.