23/08/2026
// DOMINGO 23 DE AGOSTO 2026: TEXTO DEL MENSAJE RADIAL DE MONS. ARTURO GONZÁLEZ AMADOR //
🟢 XXI domingo del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos y amigos, “donde están dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos” afirmó el Señor Jesús. Este espacio radial de cada domingo nos une en la fe, abramos la mente y dejemos que el corazón le hable a Dios:
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ORACIÓN
Dios de nuestros padres, creador del cielo y de la tierra, que has sembrado la inquietud de la fe en nuestros corazones y has permitido que eche raíces en nuestra vida, hoy venimos a ti, en el comienzo de este domingo, venimos con el cansancio de toda una semana de trabajo, donde no han faltado los momentos buenos pero donde han sobreabundado las preocupaciones y las dificultades…
A Ti llegamos así, cansados pero con el deseo se ser renovados porque sabemos que Tú tienes Palabras de vida eterna; porque necesitamos de tu consuelo, ese que surge en el alma cuando hacemos memoria de tu Hijo Jesucristo, mu**to y resucitado.
Señor, hoy necesitamos y queremos hacer silencio en nuestro interior para escuchar tu Palabra, para renovarnos en tu amor, para disponernos a regresar a la vida de cada día con nuevas y mejores motivaciones. Escúchanos y renuévanos Señor, porque tú eres el Dios vivo.
Necesitamos oírte, necesitamos escucharte; estamos cansados de tantas palabras falsas, de tantas palabras excesivamente humanas. Hemos dado fe a tantas palabras que han terminado por dejar frío y vacío nuestro corazón. Señor, todos juntos, en familia, padres e hijos, abuelos y nietos, queremos escuchar tu palabra y orar con ella.
Nos hace mucho bien, Señor, recordar la historia de la salvación, recordar y agradecer todos tus gestos en favor de la humanidad; recordar y agradecer para poder darnos cuenta que Tú siempre estas junto al hombre y la mujer que trabaja y se esfuerza, del que sufre y padece. Necesitamos, Señor, escuchar la buena noticia de tu Reino que Jesucristo nos predicó y nos enseñó, hoy necesitamos aprender a decir con Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Amén.
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Hoy, el Señor nos tiene preparada una hermosa sorpresa. Se trata nada más y nada menos que de una confesión de fe. Sí, de una confesión de fe de esas que salen de lo más profundo del corazón del hombre, que brota libre y espontánea, fuerte y vivaz, de esas confesiones de fe que el hombre no puede guardar en su interior. Escuchemos:
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ILUMINACIÓN BÍBLICA
Evangelio Dominical: Mt 16, 13-20
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan, el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".
Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del in****no no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
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El texto que acabamos de escuchar está tomado del Evangelio de san Mateo en el capítulo dieciséis. Nos encontramos ante una escena del Evangelio que nos coloca frente a Cristo, el hijo de Dios vivo.
Tenemos dos posibilidades de conocer a Cristo; una nos dejará a un nivel muy superficial y externo, terreno, a un nivel muy humano e histórico y que precisamente fue el de muchos contemporáneos de Jesús. Ellos no vieron en Jesús más que a otro profeta, de ahí la afirmación de los apóstoles: “Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”, es decir, consideraban a Cristo como uno más, como un personaje histórico y religioso.
La otra forma de conocer a Jesús es la que brota de la fe. La fe va más allá de un conjunto de conocimientos, históricos y religiosos. La fe brota de una relación personal con Dios que es capaz de llevarnos a descubrir su misterio y a profundizar en su amor. Es verdad que la fe necesita del conocimiento pero es mucho más, la fe es un regalo, un don de Dios. Esta es la razón por la que Jesús le dirá a Pedro: “Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás porque eso no te lo ha dado a conocer ni la carne ni la sangre sino mi padre que está en los cielos”.
Queridos hermanos y amigos, en el camino de la fe la iniciativa es de Dios que nos invita a participar de su misma vida divina pero la respuesta tiene que ser nuestra. La fe nos da un poco de información sobre la persona de Jesús y su mensaje pero nos exige una respuesta personal, una respuesta que terminará en una ferviente confesión de fe, semejante a la de Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Hoy, el Señor Jesús también nos dice: “Y ustedes quien dicen que soy yo?”. El espera nuestra respuesta, una respuesta personal, una respuesta con generosidad y valentía:
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ORACIÓN
Jesús, yo sé que tú eres el hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero amarte y seguirte con fidelidad, quiero dejarme guiar por tu Palabra. Muchas veces soy débil y pecador, muchas veces soy inconstante en el camino de la fe; muchas veces me asaltan las dudas y vacilo, muchas veces siento miedo y me dejo arrastrar por el qué dirán…
Tú, Señor Jesús, me conoces y me amas, yo quiero fiarme de ti y pongo mi vida entre tus manos, yo creo pero te pido que aumentes mi fe; yo quiero que seas la fuerza que me sostenga, yo quiero sentirte cerca de mí en todos los momentos, yo quiero que seas la alegría que nunca me abandone y la razón que siempre me motive a buscar la verdad y a hacer el bien; yo, Señor Jesús, quiero decirte con el apóstol Pedro “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Amén.
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El próximo día 30, comienza la novena preparatoria a la fiesta en honor de la Madre del Hijo de Dios, de Nuestra Señora de la Caridad, Madre y Patrona del pueblo cubano. Es ocasión para preparar un pequeño y sencillo altar en nuestras casas, el Altar de la familia. Allí colocaremos una imagen o una estampa de la Virgen de la Caridad, allí dejaremos las flores y la vela encendida como signo de nuestro amor y veneración, allí estará el lugar donde la familia se reunirá cada noche para elevar una plegaria al Hijo de Dios por medio de la Virgen Madre. ¡Anímate y prepara el Altar de tu familia! ¡Anímate y cada noche has una oración con tu familia, por todos los tuyos y por Cuba nuestra Patria querida!
Que los bendiga Dios todopoderoso
+ Padre + Hijo y + Espíritu Santo. Amén.
Señor Jesús, “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
A Jesús por María, la Caridad nos une.
María, reina de las familias, ruega por todos.
Feliz domingo.
Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara