26/07/2026
// DOMINGO 26 DE JULIO: TEXTO DEL MENSAJE RADIAL DE MONS. ARTURO GONZÁLEZ AMADOR //
🟢 XVII Domingo del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos y amigos,
Hoy continuaremos reflexionando sobre el hermoso capítulo 13 del Evangelio de san Mateo. Desde hace tres semanas, sus parábolas alimentan la reflexión, inspiran la oración y sostienen la esperanza de muchos cristianos.
Dispongámonos a comenzar este programa dominical haciendo oración con las palabras del salmista:
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ILUMINACIÓN BÍBLICA
Salmo Dominical: Salmo 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130
Antífona: Yo amo, Señor, tus mandamientos.
A mí, Señor, lo que me toca
es cumplir tus preceptos.
Para mí valen más tus enseñanzas
que miles de monedas de oro y plata.
Señor, que tu amor me consuele,
conforme a las promesas que me has hecho.
Muéstrame tu ternura y viviré,
porque en tu ley he puesto mi contento.
Amo, Señor, tus mandamientos
más que el oro purísimo;
por eso tus preceptos son mi guía
y odio toda mentira.
Tus preceptos, Señor, son admirables,
por eso yo los sigo.
La explicación de tu palabra
da luz y entendimiento a los sencillos.
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Recordemos que el capítulo trece del Evangelio de san Mateo comienza con la parábola del sembrador, todo un canto a la acción de gracias por el don de la fe y a la esperanza, por la bondad de Dios que no priva a nadie del don de la fe mientras siembra a manos abiertas la semilla de su Palabra en el corazón de todos.
El pasado domingo nos deteníamos en las parábolas del trigo y la cizaña, del pequeño grano de mostaza y de la levadura que, colocada en medio de la masa la hace fermentar. Recibíamos la invitación a descubrir la presencia paciente y a la vez salvadora de Dios en la vida de todos, presencia que actúa y cuya fuerza es irresistible y transformadora. Necesitamos fe y tiempo para descubrir la acción secreta de Dios en la vida personal, en la de los demás y en la historia de los pueblos.
Nos quedan otras tres parábolas para concluir este conjunto de enseñanzas de Jesús sobre el Reino de los cielos, son precisamente la del tesoro escondido en el campo, el comerciante en perlas finas y la red que los pescadores echan a la mar y recoge todo tipo de peces. Con la aclamación evangélica, dispongámonos a escuchar la Palabra de Jesucristo en esta mañana:
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ILUMINACIÓN BÍBLICA
Evangelio Dominical: Mt 13, 44-52
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?'' Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".
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Indiscutiblemente el modo de enseñar de Jesucristo es sencillo y a la vez profundo, con palabras asequibles a todos nos transmite verdades eternas y realidades que trascienden nuestra vida. En el fragmento evangélico que acabamos de escuchar descubrimos que las dos primeras parábolas o comparaciones que Jesús somete a nuestra consideración para explicarnos qué es el Reino de los cielos, la del tesoro escondido en el campo y la del comerciante en perlas finas, ponen el acento en la alegría de quien ha comprendido el valor del Reino de Dios.
El trabajo será arduo y paciente, necesitaremos del tiempo y de la acción de la gracia de Dios para comprender los misterios de la fe y el valor del Reino de los cielos; no puede faltarnos la disposición para una búsqueda incansable y la firme voluntad para renunciar a pequeñas cosas, caprichos y afectos tras el encuentro con el gran tesoro, con Jesús y su Reino.
El encuentro con Jesús y con su Palabra ya nos introduce en su Reino y nos hace ciudadanos del mismo; nos causa una alegría tan penetrante y profunda que nos lleva a vender y renunciar a cuanto tenemos, a todo aquello que ha sido hasta ahora nuestro pequeño tesoro, a lo que tenemos apegado nuestro afecto, con tal de adquirir y no perder el nuevo tesoro descubierto.
Para el discípulo de Cristo, para cualquier persona de buena voluntad que busque a Dios, acoger la Palabra de Jesús y acceder a su Reino es causa de grande alegría, a tal punto que no se escatiman esfuerzos, sacrificios y renuncias.
La alegría del encuentro con el Señor, queridos hermanos y amigos, saboreada en momentos precisos de nuestra vida, en momentos en los que hemos sido iluminados y confortados por la gracia de Dios como nunca antes había sucedido, son para nosotros recuerdos que no pueden ser olvidados, al contrario, que tenemos que actualizar y redescubrir constantemente.
El Evangelio del día también viene a advertirnos que frente a las dificultades de la vida, a tantos fracasos y situaciones de dolor, no podemos quedar aplastados. ¡Hacer memoria creyente de la vida, recordar esos momentos en que hemos percibido la presencia del Señor más clara y cercana, reanimará nuestro andar cansado y agobiado! Al Señor tendremos que acudir cada día con un eterno “Muéstrame tu ternura y viviré, porque en tus promesas he puesto mi esperanza y mi alegría”.
Finalmente en el Evangelio que escuchamos se nos muestra la parábola de la red que echada a la mar recoge peces de todo tipo, comestibles y no comestibles. Se trata de una referencia a la parábola del trigo y la cizaña. Lo descrito en la red del pescador sucede, mismo modo, entre los discípulos del Maestro porque hay quienes acogen y se esfuerzan por vivir la Palabra y las exigencias de Reino, más allá de sus fracasos, debilidades y caídas; pero también entre los discípulos del Maestro no faltan quienes se muestran indiferentes, superficiales y frívolos.
Si en verdad queremos ser los discípulos de Jesucristo, si en verdad creemos en el mensaje de su Palabra y queremos vivir consecuentemente, tenemos que abrir la mente y el corazón a sus enseñanzas. Sin un asentimiento personal, libre y responsable, a las enseñanzas de Jesús, sin vivirlas a través de la obediencia de la fe, nuestra vida creyente será un fracaso, una frustración, una desilusión y un escándalo para creyentes y no creyentes.
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ORACIÓN
Gracias, Dios mío, por el cuidado que tienes con cada persona,
a todos nos das el derecho a conocerte y amarte,
nos das oportunidades y medios,
nos ofreces constantemente el don de tu amor;
nos haces saborear la alegría de conocerte y amarte.
Dame, Señor, la sabiduría necesaria
para nunca quitarte el primer lugar en mi vida;
infúndeme las fuerzas necesarias para renunciar a todo por Ti
y la voluntad indispensable para no cansarme de buscarte.
Tú me has creado y me custodias en la vida,
una vida que siente hambre y sed de ti,
una vida que me dejas libre de orientar como quiero,
aun cuando te pueda dar las espaldas y traicionarte.
Sin embargo, Señor, tú sabes cuál es mi verdadero bien
y espías angustiado mis movimientos,
sufriendo cuando me cierro a tu amor.
Sé que al final de los tiempos miraras conmigo mi vida,
recorriendo sus momentos unos tras otros.
Entonces tendrá lugar el juicio.
Gracias, Señor, por hacerme comprender hoy
que con mi presente preparo mi futuro;
con mi presente vivido en fidelidad a Ti,
en docilidad a tus enseñanzas, a tu gracia, a tu Palabra.
Gracias, Señor, por tenerme en tus manos.
No dejes que me escape de la extensión de tus manos.
Amen.
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Y que les bendiga Dios todopoderoso
+ Padre + Hijo y + Espíritu Santo. Amén.
¡Santa Ana y san Joaquín, rueguen por nosotros!
Feliz domingo para todos.
Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara