08/05/2026
// ### JORNADA NACIONAL DE LA FAMILIA //
Desde este domingo 10 de mayo (Día de las Madres) hasta el 29 de julio (Día de los hermanos), se estará celebrando la Jornada Nacional de la Familia, la cual reúne durante todo este tiempo varias celebraciones en torno a la institución familiar. Este año está cumpliendo 30 años.
A continuación les ofrecemos el mensaje de la Comisión Nacional de Familia, el póster y la oración que acompañan esta jornada.
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MENSAJE PARA LA ### JORNADA NACIONAL DE LA FAMILIA
"Jesús, luz y esperanza de la familia cubana"
Queridos todos:
Estamos ya a punto de comenzar una nueva Jornada de la Familia, que será la número 30. Llevamos, pues, treinta años, animándonos unos a otros por el bien de nuestras familias. Como sabemos, la Jornada empezará con la celebración del Día de las Madres, el próximo 10 de mayo, y terminará en la fiesta de los santos hermanos Marta, María y Lázaro, el 29 de julio, Y entre esas dos fechas, celebraremos el Día de los Padres, de los Niños y de los Abuelos. ¡Qué buenas ocasiones para unir más a nuestras familias!
Para esta ocasión, la Comisión Nacional para la Familia ha escogido el siguiente lema para trabajarlo: “Jesús, luz y esperanza de la familia cubana”. Corresponderá a cada una de nuestras Diócesis aprovechar las festividades mencionadas para trasmitir las enseñanzas de este mensaje.
A todos seguramente nos llama la atención cómo Dios ha querido ser también una familia, en la que está el Padre, el Hijo y un Espíritu de amor que los hace uno sólo... Y que, para hacer presente a Jesucristo en este mundo, el Padre Dios quisiera que naciera en medio de una familia, la de María y José.
Igualmente nosotros hemos nacido en una familia, de un hombre y una mujer, nuestros padres. Y todos somos personas distintas. Cada uno tiene su nombre, pero no son nuestros nombres los que propiamente nos identifican. Un hombre podría llamarse Carlos y una mujer llamarse Inés, pero resulta que hay otros muchos Carlos y hay otras muchas Inés. Lo que realmente nos identifica, nos particulariza, no es sólo nuestro ADN o nuestras huellas digitales, sino ¡nuestros apellidos! Las personas mayores recordarán que, años atrás, cuando queríamos saber quién era el joven o el niño que teníamos delante, la pregunta lógica que se le hacía era: ¿De qué familia tú eres? Y nos respondía dándonos ¡el apellido!: “Yo soy de los Agüero”. Todos, pues, hemos nacido dentro de una familia y pertenecemos a una familia.
Afortunadamente, vivimos, o mejor dicho, debiéramos vivir, en familia. Y la familia nos acompañará, o nos debería acompañar, “hasta que la muerte nos separe”. Sencillamente: Dios no nos quiere ni solos ni que nos aislemos. Dios nos quiere en comunidad, en familia.
Recemos hoy por nuestras familias, y por la propia institución familiar. No debemos olvidar nunca lo que nos pidió el Papa San Juan Pablo II en aquella misa por las familias que celebró en Santa Clara, cuando nos dijo: “Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón”.
Hoy día hay muchas familias cubanas que sufren. No olvidemos que Cuba fue el primer país de América Latina en aprobar la ley del divorcio, que entró en vigor en julio de 1918 (hace exactamente 108 años). El ab**to, por su parte, es legal en Cuba desde 1936, hace 90 años. También hoy día, en muchas partes del mundo, se cuestiona la familia tal como la conocíamos hasta ahora.
También es cierto que en Cuba se han aprobado leyes que protegen a la familia: ¡Qué bueno que en Cuba la mujer trabajadora goce de facilidades laborales en el tiempo de su maternidad! ¡Qué bueno todo el esfuerzo que se realiza para reducir al mínimo la mortalidad infantil! ¡Qué bueno que la ley establece la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer! ¡Qué bueno que nuestros niños tengan escuela y atención médica gratuitas! ¡Qué bueno que nuestros abuelos tengan sus Hogares de Ancianos, su Universidad del Adulto Mayor, sus Círculos de Abuelos, sus ejercicios físicos! ¡Qué bueno que muchas escuelas ya están en las ciudades donde los hijos podrán estar más cerca de la mirada de sus padres!
Pero también… ¡Qué bueno sería que los padres tuvieran opción a la hora de escoger el tipo de educación que quisieran para sus hijos! ¡Qué bueno sería que el exilio no siga dividiendo más a las familias cubanas! ¡Qué bueno sería que se borrara de la mente de muchos cubanos la mentalidad antinatalista que tienen y por la que llegan a llamar “loca” a la mujer embarazada! ¡Qué bueno sería que el salario alcanzara al trabajador para que la familia pueda vivir dignamente y sin tener que estar “inventando” o “resolviendo”! ¡Qué bueno sería que los divorcios y los ab**tos al menos disminuyeran, que los alimentos aumentaran y tuvieran al alcance económico de cualquier familia! ¡Qué bueno sería que a nuestros jóvenes no se les siga dando instrucción sexual, que eso es muy fácil, sino que se les eduque para el sano amor entre un hombre y una mujer! ¡Qué bueno sería que cada cubano, antes de tomar una opción que lo alejará de Cuba por dos años o más, se preguntara si eso podría hacerle daño a su familia, a su matrimonio, a sus hijos, etc.! ¡Qué bueno sería que los matrimonios jóvenes pudiesen tener su casita donde formar su propio hogar y no tener que vivir hacinados bajo un solo techo! ¡Qué bueno sería que disminuyera la población penal en Cuba para que se les aliviara el sufrimiento a tantas familias con familiares presos! Y no por mencionarlo en último lugar, es porque sea lo menos importante: ¡Qué bueno sería convencer a los jóvenes de nuestras familias de que el ron, la cerveza y el “químico”, destruyen familias y van idiotizando a las personas!
Cada uno de nosotros, miembros de una familia, debe escuchar, como dirigidos a él, los consejos del libro del Eclesiástico (3, 3-17) y de la Carta de San Pablo a los Colosenses (3, 12-21): “Sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva; aunque choché, ten indulgencia, no lo abochornes… Que el esposo ame a su esposa y no sea áspero con ella. Que el hijo obedezca a sus padres. Que los padres no exijan demasiado a sus hijos, para que no se desanimen…”.
Ojalá que nos propongamos dar testimonio de lo que es la verdadera familia, el verdadero matrimonio. Ojalá que tengamos un detalle de amor para con las familias en dificultad: Hay personas que viven solas (¿por qué no invitarlas a comer con nuestra familia uno de estos días?). Hay familias que están tratando de hacer una jabita para llevarle al familiar que está preso (¿por qué no ayudarlas con algo?). Hay matrimonios que están a punto de romperse (¿por qué no dedicarles un tiempo para escucharlos y así poder aconsejarlos y salvarlos?). Hay familias con dificultades económicas o incluso materiales (¿podríamos hacer algo por aliviarles esa angustia?). Seguramente que tenemos compañeros de trabajo o vecinos que sabemos no se llevan, no se hablan, no se tratan (¡qué bueno sería hacer algo para reconciliarlos!).
Ojalá que todos nos sintamos invitados en esta nueva Jornada a dar gracias a los que saben cuidar su familia:
Gracias a ustedes, las madres y las abuelas, por inventar un almuercito distinto el domingo y reunir a la familia alrededor de la misma mesa… Gracias a ustedes, los abuelos, por mediar en los conflictos naturales que surgen entre padres e hijos… Gracias a ustedes, nuestros mayores, por su defensa de la familia, por el ejemplo de haber tenido tantos hijos con muchos menos recursos de los que se tienen hoy día… Que todos los jóvenes defiendan el matrimonio inventado y querido por Dios. Que no se desanimen cuando todo a su alrededor, parece ir contra la institución familiar. Que no pierdan las fuerzas cuando haya que nadar contra corriente. Y que todos enseñemos a los matrimonios jóvenes a trabajar juntos y a cuidar su familia.
Fue un sacerdote irlandés, el Padre Patricio Peyton (que por cierto tuvo 8 hermanos) el que pronunció una famosa frase que le ha dado la vuelta al mundo. Frase que se enseña en muchísimos de los idiomas conocidos, y que contiene una gran verdad: “La familia que reza unida, permanece unida”.
Recemos, y recemos juntos, en familia, por el bien de las familias cubanas del presente y del futuro. Que, celebrando esta trigésima Jornada de la Familia, Jesús sea realmente la luz y la esperanza de cada familia cubana.
Comisión Nacional de Familia
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ORACIÓN POR LA JORNADA DE LA FAMILIA CUBANA
Señor Jesús, Luz del mundo
y Esperanza nuestra.
Hoy ponemos en tus manos
la familia cubana.
Tú que naciste, creciste
y viviste en una familia,
bendice cada hogar
de esta tierra.
Jesús, Luz: ilumina nuestras decisiones,
disipa las tinieblas del miedo,
del cansancio y de la división.
Que en cada familia cubana
brille tu Evangelio
como una llama que nunca se apaga.
Jesús, Esperanza: sostén a los padres
que trabajan en silencio,
a los hijos que sueñan,
a los abuelos que guardan memoria,
a los enfermos, a los separados,
a los que sufren en silencio.
No permitas que falte el pan,
la ternura ni el perdón.
Renueva nuestro compromiso
de amarnos como hermanos,
porque todos somos hijos
de un mismo Padre,
y Tú, Jesús, eres el mayor
de nuestros hermanos.
Que María, Madre de la Iglesia
y Madre de la familia cubana,
nos acompañe siempre.
Amén
Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara
✍️🏻📸 Información de la Comisión Nacional de Familia