01/06/2026
CAMINANDO EN EL FUEGO CON MIS AMIGOS
Hay amistades que nacen en la comodidad, pero hay otras que son forjadas en el fuego. En el Libro de Daniel capítulo 3, Sadrac, Mesac y Abed-nego no caminaron solos hacia el horno ardiente; caminaron juntos, abrazados por una misma fe, una misma convicción y una misma fidelidad al Dios eterno. Mientras el imperio levantaba una estatua para exigir adoración, aquellos jóvenes levantaron su testimonio para proclamar que hay un Dios que merece obediencia por encima de cualquier amenaza humana. El fuego fue preparado para destruirlos, pero terminó convirtiéndose en el escenario donde la gloria de Dios se manifestó con mayor intensidad. Y es que cuando los hijos de Dios deciden permanecer unidos en medio de la prueba, el horno deja de ser un lugar de derrota y se transforma en un altar de revelación divina.
Hoy, muchos creyentes en Cuba sienten el calor de otro tipo de horno: la escasez, las limitaciones, la incertidumbre, el cansancio, las presiones sociales y las luchas que intentan apagar la fe de la iglesia. Sin embargo, como aquellos jóvenes hebreos, seguimos caminando juntos en medio del fuego. Hay congregaciones que adoran aun sin recursos, familias que oran aun en medio de apagones y necesidades, pastores que predican aun bajo presión, y creyentes que continúan proclamando a Cristo aunque el entorno quiera imponer temor y silencio. Cuba atraviesa días difíciles, pero la iglesia cubana no ha dejado de levantar sus manos al cielo, porque sabe que el mismo Dios que estuvo en Babilonia sigue estando presente en medio de nuestra nación. El horno puede calentarse siete veces más, pero jamás podrá consumir a un pueblo que ha decidido permanecer fiel.
Lo más glorioso del relato bíblico no fue solamente que los jóvenes sobrevivieran, sino que apareció un cuarto hombre caminando con ellos en el fuego. Allí, donde el enemigo esperaba cenizas, Dios hizo visible Su presencia. Y hoy también, en medio del dolor de nuestra tierra, Cristo sigue caminando con Su iglesia. Él está en cada culto sencillo, en cada lágrima derramada, en cada hogar que se convierte en altar, en cada creyente que resiste sin negar su fe. Caminando en el fuego con mis amigos aprendemos que la unidad fortalece, que la fe sostiene y que ninguna llama puede destruir a quienes han decidido confiar en el Señor. Porque después del fuego viene el testimonio, después de la prueba viene la victoria, y después de la noche Dios hará resplandecer Su gloria sobre Cuba.