11/12/2025
🔥LA NOCHE EN QUE GEORGE WHITEFIELD PREDICÓ SIN FUERZAS… Y SUBIÓ AL CIELO MINUTOS DESPUÉS🔥
(Registrada en diarios, cartas y testigos presenciales: The Works of George Whitefield, Memoirs of Whitefield, y los diarios de Cornelius Winter)
George Whitefield fue uno de los predicadores más poderosos de la historia.
Ingleses, escoceses, irlandeses y americanos lloraban bajo su voz.
Miles se convertían.
El Gran Avivamiento explotó porque Dios usó a este hombre.
Pero pocos conocen la historia más sublime y sobrecogedora de su vida.
Su última noche.
La noche en que predicó sin voz, sin fuerzas, sin pulmones… y aun así el cielo bajó.
Era 1770.
Tenía 55 años, pero parecía un anciano de 80.
Su asma era brutal.
Cada predicación le partía el pecho.
Había noches en que no podía respirar ni para dormir.
Los médicos le suplicaban que dejara de predicar.
Él respondía:
“Prefiero morir predicando Cristo.”
Y Dios tomó su palabra… literalmente.
Whitefield llegó a Newburyport, en Massachusetts.
Exhausto.
Le dolían los pulmones.
Caminaba apenas.
Pero la gente se enteró de que estaba allí…
Y comenzaron a reunirse.
Los vecinos, emocionados, le rogaron:
“¡Predique, por favor! ¡Una palabra más!”
Whitefield subió lentamente las escaleras de la casa donde se hospedaba.
En la escalera había una vela encendida.
Y decenas de personas apiñadas abajo mirándolo con lágrimas.
Whitefield levantó la mano para indicar que no podía.
No tenía voz.
No tenía aire.
Pero en ese momento, el Espíritu Santo lo tomó.
Los testigos registraron:
“Predicó hasta que se apagó la vela.”
Literal.
La vela ardía mientras él hablaba.
Cuando la flama bajaba, él bajaba la voz.
Cuando la flama subía, él cobraba fuerza.
Predicó sobre el cielo. Sobre ver a Cristo. Sobre la eternidad. Sobre el descanso de los santos.
Y dijo con voz temblorosa:
“¡Señor, estoy cansado!
¡Déjame subir a casa!”
La vela tembló… y se apagó.
Whitefield se detuvo.
Miró a la multitud… y dijo:
“Buenas noches.”
Subió a su habitaci