19/05/2026
𝐌𝐀𝐑𝐓𝐈: 𝐋𝐚 𝐏𝐚𝐭𝐫𝐢𝐚 𝐞𝐬 𝐚𝐫𝐚 𝐲 𝐧𝐨 𝐩𝐞𝐝𝐞𝐬𝐭𝐚𝐥
Un combate mal preparado, a juicio de Máximo Gómez, le costó la vida en Dos Ríos, Oriente, el 19 de mayo de 1895. De José Martí podría trazarse una lista casi interminable de calificativos: el cubano más universal, el Héroe Nacional de Cuba, el Apóstol de nuestra libertad, poeta, ensayista, diplomático, periodista... un hombre con una visión profundamente ética al abordar cualquier dimensión del ser humano.
De su ideario, tantas veces citado a conveniencia, proviene una de las definiciones más hondas y exactas de Patria. La entendía como “dicha de todos y dolor de todos y cielo para todos y no feudo ni capellanía de nadie”. Para Martí, la Patria era la palabra más bella, y describía el desarraigo de ella como una forma de morir, incluso en vida: “arbusto solitario es el alma del hijo enamorado de la Patria, que lejos de su amada sufre sin consuelo; manera de morirse es esta de vivir alejado de la Patria”.
La Patria, en su pensamiento, es “de todos, respeto de todas las opiniones, consuelo del triste... ara y no pedestal”. El ara, en la tradición cristiana, es el lugar del sacrificio, de la entrega, del ofrecimiento humilde. El pedestal, en cambio, el sitio donde se coloca aquel que busca honra o vanagloria. Martí, que lo entendió bien desde su adolescencia, contrapone así dos modos de relacionarse con la Patria: uno que se ofrece y otro que se sirve de ella. Esta distinción ilumina también el sentido espiritual del altar cristiano, donde el ara ocupa un lugar central como signo de entrega y no de dominio.
En la liturgia católica, el ara ocupa la parte superior del altar, la superficie donde se celebra el sacrificio eucarístico. No es un simple objeto, sino el lugar supremo del encuentro entre Dios y su pueblo, el espacio donde se actualiza sacramentalmente la entrega de Cristo en la cruz. Tradicionalmente, el ara contiene reliquias de santos, significando que la Iglesia se edifica sobre el testimonio de quienes dieron la vida en fidelidad a su fe. Así, el ara es memoria del servicio y el sacrificio, nunca del privilegio o la exaltación personal.
El ara, además, es tratada con una reverencia especial al simbolizar a Cristo mismo, piedra angular de la Iglesia. Por eso, al inicio de la Misa, el sacerdote y el diácono besan el altar. En ese gesto confluyen el respeto y el reconocimiento del ministro ordenado hacia el lugar sagrado donde se hará presente Cristo Eucaristía en el pan y el vino consagrados, un acto de humildad ante la grandeza del sacrificio ofrecido en nombre de toda la Iglesia.
Si Martí veía en el ara el símbolo de la entrega a la Patria, digna del sublime gesto de un beso, la liturgia cristiana ve el símbolo de la culminación de la increíble obra de amor de Dios para con los hombres.
Con la misma belleza, el padre Jorge Catasús incluyó en la última estrofa del conocido canto “Mensajero de paz”, compuesto para la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba en 1998, un verso que sintetiza al Apóstol: “la Patria es tierra amada y nunca pedestal, es ara en que se inmola la generosidad”.
Quien lo entiende, comprende como Martí ese cúmulo de verdades esenciales que, aunque pequeñas como el ala de un colibrí, son la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria.
✍🏻 Aniel Santiesteban García
🖼️ Kamyl Bullaudy
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