28/08/2026
Celebración de Santa Eucaristía en nuestra iglesia La Resurrección.
En su sermón la Reverenda Marianela nos llamó a reflexionar en qué,
cuando éramos niños, tal vez un poco más mayorcitos aprendimos en la catequesis cosas acerca de Jesús. Como nuestro amigo, Salvador, Hijo de Dios.
El pasaje del evangelio de San Mateo 16:13-20 nos pone ante las preguntas que hace Jesús a sus discípulos: Quién dice la gente que es el Hijo de Dios?, Y ustedes quién dicen que soy? Si la primera pregunta es respondida desde la apreciación humana sobre este personaje histórico, la segunda va más allá. La segunda pregunta es desde el punto de vista de Dios, el de la revelación.
Jesús no está tan interesado en conocer lo que oyen los discípulos hablar sobre él. Lo que sí quiere saber es lo que los discípulos, que han caminado con él y han compartido su vida de cerca, piensan de él. Pedro responde: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo"
La reverenda nos interpela preguntando, si nosotros hoy tuviéramos que responder a esa pregunta de quién es Jesús, tendríamos que pensar en la diferencia entre "conocer cosas sobre Jesús" y "conocerlo de verdad", esto nos ayudará en la respuesta.
En tiempos de Jesús, había personas con muchas opiniones sobre él. Hoy también las podemos encontrar, muchos hablan sobre Jesús como un maestro, como un líder espiritual, etc.
Necesitamos que la pregunta de Jesús nos encuentre, que podamos meditar en ella. No responder desde lo aprendido acerca de Jesús, sino desde aquello que el Espíritu Santo le ha revelado a ustedes en su caminar con Cristo.
Hay muchos discursos sobre Jesús en las redes, pero también gente desconectada de lo que está pasando alrededor. Dios no quiere que hablemos de El, quiere que recordemos que El es amor, y amor se conjuga como verbo, es acción.
Que Dios nos acompañe en este caminar difícil, que podamos encontrar en Jesús, Hijo del Dios viviente el sustento de nuestra fe, que como pueblo cubano y podamos decir como el salmista: "Aunque camine entre peligros, tú me guardas seguro, contra la ira de mis enemigos extiendes tu mano, y tu diestra me salvará. El Señor cumplirá en mí su propósito, tu misericordia, oh Señor, es para siempre; no desampares la obra de tus manos " (Sl.138:7,8).