14/06/2024
El unico “superungido” se llama Yeshua.
Existe un marcado contraste entre la visión de liderazgo de nuestro amado Yeshua y la forma en que muchos ministros se perciben a sí mismos. El Mesías ayudaba a los pobres, levantaba al caído, juzgaba con justicia y perdonaba incluso a los fariseos que mentían sobre Él. Amaba con intensidad, abrazaba a la viuda y nunca utilizó su posición para sacar ventaja. Nunca escuchamos a Jesús decir: “Dios les va a enviar juicio a los fariseos por tocar mi manto”, porque su misión era la restauración.
Lamentablemente, la iglesia ya no es el cuerpo de Cristo y Jesús ya no es la cabeza, porque muchos líderes han asumido roles nefastos, usurpando la verdadera autoridad de Dios. Apóstol, profeta, la iglesia no le pertenece; usted no es el segundo al mando dentro de las cortes celestiales. Su llamado forma parte de una gran familia ministerial donde cada uno es igual de importante.
Los profetas deben respetar a las autoridades pastorales de la misma manera que respetan y honran cualquier otro ministerio. Ningún llamado ministerial otorga un acceso especial delante de Dios ni ventajas sobre otros llamados. El profeta no tiene una visión mayor que la del pastor, ni el apóstol posee una autoridad superior a la del profeta.
Los ministerios en el cuerpo de Cristo son complementarios, como los engranajes de una máquina. Un Ferrari puede ser muy rápido, pero sin ruedas no iría a ninguna parte. De igual manera, los ministerios necesitan complementarse entre sí para funcionar eficazmente.
No existe un "superungido" en el cuerpo de Cristo, ya que Dios nos ha enseñado a trabajar como un gran equipo y, sobre todo, como una gran familia. No hay superministerios en el cuerpo del Mesías; en cambio, hay diferentes funciones para diversas situaciones, todas necesarias y valiosas en el plan de Dios.