Virgen de la Caridad del Cobre - Jubileo 2012

"Tu nombre y tu imagen están esculpidos en la mente y el corazón de todos los cubanos, dentro y fuera de la Patria, como signo de esperanza y centro de comunión fraterna"

27/10/2025

MENSAJE RADIAL DE MONSEÑOR W***Y, ARZOBISPO DE CAMAGÜEY, EL DOMINGO 26 DE OCTUBRE DE 2025, DOMINGO ### DEL TIEMPO ORDINARIO

¡Muy buenos días a todos y feliz domingo! Comencemos nuestro encuentro dominical haciendo juntos sobre nuestros cuerpos la señal de los cristianos, la señal de la cruz, y mencionando el nombre santo de Dios.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN. Que la gracia, la misericordia y la paz de Dios estén hoy y siempre con todos ustedes. Y CON TU ESPÍRITU.

Canto: Juntos como hermanos

Queridos hijos e hijas: Hoy me acompaña en los micrófonos el Padre Héctor Horruitiner, sacerdote que trabaja en la zona pastoral de Esmeralda y Sierra de Cubitas. Además de darle la bienvenida, lo invito a que nos lea la lectura que se escucha en las misas de hoy.

LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS, capítulo 18, versículos del 9 al 14:“En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:
‘Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, un publicano recaudador de impuestos. El fariseo, de pie, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros, tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’.
El recaudador de impuestos para Roma, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho diciendo: ‘Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador’.
Pues bien, yo les seguro que éste bajo a su casa reconciliado con Dios, y el otro no. Porque todo el que se engrandece a sí mismo será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS

Amables oyentes: Creo conveniente explicar algunos detalles que nos servirán para entender mejor la lectura escuchada.
En primer lugar, no olvidar que Jesús les está hablando a personas “que se tenían por justos y despreciaban a los demás”. O lo que es lo mismo: personas que se creían buenas y pensaban que los demás eran malos. Que Dios estaba contento con ellos por lo que hacían en su vida. Jesús los va a enfrentar a una realidad que él mismo resume en la frase “todo el que se engrandece a sí mismo será humillado”.

En segundo lugar, Jesús dirá una parábola. No olvidemos que toda parábola es una narración inventada o tomada de algo sucedido. Era una técnica usada por los maestros de entonces para ayudar, con la memoria, a aprender valores y virtudes.

En tercer lugar, Jesús menciona a dos personas que pertenecen a dos grupos religiosos distintos: fariseos y publicanos. Expliquemos ambos: Los fariseos eran una secta religiosa muy rígida en el cumplimiento de sus enseñanzas. Los historiadores señalan que probablemente esta secta surgió a principios del siglo II antes de Cristo. Eran, por lo general, judíos corrientes, no sacerdotes, que se atenían estrictamente a la ley judía. Exigían tanto el cumplimiento de la ley que ésta se hizo difícil de cumplir. La prohibición de trabajar en día sábado es un ejemplo típico. Los fariseos consideraban “trabajo” caminar más de un kilómetro, cargar cualquier clase de peso, y hasta encender la cocina en el hogar. La gente llegaba a perder el espíritu que animaban las leyes religiosas. Pero el motivo era bueno, porque los fariseos creían que, observando sus reglas, había menos peligros de desobedecer a la verdadera ley de Dios. Muchos fariseos eran personas excelentes. Sin embargo, tendían a despreciar a los que no observaban sus leyes. Y se referían a ellos como “pecadores”. Jesús atacó frecuentemente a los fariseos. Condenó su vanagloria y legalismo. No olvidemos que Nicodemo, que era seguidor secreto de Jesús, era fariseo. Y también lo era Pablo.

Hablemos ahora de los publicanos. La palabra publicano significa "recaudador de impuestos". Un publicano tenía el trabajo de cobrar impuestos. En la Biblia, los publicanos eran judíos que trabajaban para el odiado gobierno romano cobrando impuestos a los ciudadanos judíos.

Los publicanos eran despreciados por la gente. Un gobierno invasor empleaba a los ciudadanos de la nación conquistada para hacer su trabajo sucio. Para convencer a los hombres a traicionar a sus compatriotas, los funcionarios prometían bonificaciones generosas a los publicanos y les permitían extorsionar tanto dinero del ciudadano como pudieran obtener. Debido a la corrupción inherente en el sistema y la colaboración con el enemigo, es fácil entender por qué los publicanos eran despreciados como traidores a su propia nación. Solo podían encontrar compañía entre otros publicanos o dentro del elemento criminal, por lo que la asociación con un publicano generaba automáticamente sospechas sobre la reputación de una persona.

El contacto de Jesús con los publicanos es una de las razones por las que los judíos encontraban a Jesús tan escandaloso. Uno de los primeros hombres a los que llamó como discípulo fue un hombre llamado Mateo, que era un publicano. Mientras Jesús viajaba por Jericó, causó otro revuelo al buscar a un publicano llamado Zaqueo. De nuevo, la gente murmuraba que Jesús estaba rompiendo el protocolo al entrar en la casa de un publicano.

El llamado de Jesús a Mateo (quien más tarde escribió el evangelio con su nombre) y la invitación que se hizo a visitar el hogar de Zaqueo, demuestra que el Hijo de Dios había venido para todos los pecadores. Nadie estaba tan perdido que la gracia de Dios no pudiera alcanzarlo. Se suponía que los recaudadores de impuestos estaban más allá de toda esperanza y, por lo tanto, no eran dignos de perdón. Pero Jesús pasó tres años desbaratando esas rígidas opiniones religiosas.

Y ahora, conociendo los detalles que caracterizan a publicanos y fariseos comentemos la lectura escuchada para lo que nos ayudará lo escrito por el Padre José Antonio Pagola.

“La parábola de Jesús es conocida. Un fariseo y un recaudador de impuestos suben al templo a orar. Los dos comienzan su oración con la misma invocación: Oh Dios. Sin embargo, el contenido de su oración y, sobre todo, su manera de vivir ante ese Dios es muy diferente.
Desde el comienzo, Lucas nos ofrece su clave de lectura. Según él, Jesús pronunció esta parábola pensando en esas personas que, convencidas de ser justas, dan por descontado que su vida agrada a Dios y se pasan los días condenando a los demás.

El fariseo ora «de pie». Se siente seguro ante Dios. Cumple todo lo que pide la ley de Moisés y más. Todo lo hace bien. Le habla a Dios de sus «ayunos» y del pago de los «diezmos», pero no le dice nada de sus obras de caridad y de su compasión hacia los últimos. Le basta su vida religiosa.
Este hombre vive envuelto en la «ilusión de inocencia total»: yo no soy como los demás. Desde su vida «santa» no puede evitar sentirse superior a quienes no pueden presentarse ante Dios con los mismos méritos.

El publicano, por su parte, entra en el templo, pero se queda atrás. No merece estar en aquel lugar sagrado entre personas tan religiosas. No se atreve a levantar los ojos al cielo hacia ese Dios grande e insondable. Se golpea el pecho, pues siente de verdad su pecado y mediocridad.
Examina su vida y no encuentra nada grato que ofrecer a Dios. Tampoco se atreve a prometerle nada para el futuro. Sabe que su vida no cambiará mucho. A lo único que se puede agarrar es a la misericordia de Dios repitiendo varias veces: Oh Dios, ten compasión de este pecador.

La conclusión de Jesús es novedosa. El publicano no ha podido presentar a Dios ningún mérito, pero ha hecho lo más importante: acogerse a su misericordia. Vuelve a casa trasformado, bendecido, «justificado» por Dios. El fariseo, por el contrario, ha decepcionado a Dios. Sale del templo como entró: sin conocer la mirada compasiva de Dios.
A veces, los cristianos pensamos que «no somos como los demás». La Iglesia es santa y el mundo vive en pecado. ¿Seguiremos alimentando nuestra ilusión de inocencia y la condena a los demás, olvidando la compasión de Dios hacia todos sus hijos e hijas?”

UNA ENSEÑANZA PARA SU VIDA

Amables oyentes: El 10 de octubre pasado se cumplieron 160 años del nacimiento de Rafael Merry del Val, diplomático, arzobispo y cardenal español. Fue secretario de Estado del Papa San Pío Décimo. Escribió hermosas oraciones. La siguiente, conocida como las Letanías de la Humildad, la rezaba a diario, al terminar la Misa. Ahora el Padre Héctor y un servidor la rezamos y luego será el propio Papa León quien nos comentará partes de esa oración.

OH, JESÚS, MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN, ¡ÓYEME!
Del deseo de ser estimado… ¡líbrame, Jesús! Del deseo de ser amado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser elogiado… ¡líbrame, Jesús! Del deseo de ser honrado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser ensalzado… ¡líbrame, Jesús! Del deseo de ser preferido… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser consultado… ¡líbrame, Jesús! Del deseo de ser aprobado… ¡líbrame, Jesús!

Del temor de ser humillado… ¡líbrame, Jesús! Del temor de ser despreciado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser rechazado… ¡líbrame, Jesús! Del temor de ser calumniado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser olvidado… ¡líbrame, Jesús! Del temor de ser ridiculizado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser injuriado… ¡líbrame, Jesús! Del temor de ser sospechoso… ¡líbrame, Jesús!

Que otros sean más estimados que yo… Que otros sean más amados que yo… Que otros crezcan en la opinión del mundo, y que yo disminuya… Que otros sean empleados en cargos, y se prescinda de mí… Que otros sean ensalzados, y yo no… Que otros sean preferidos a mí en todo… Que otros sean más santos que yo, con tal que yo lo sea en cuanto puedo…
¡JESÚS, CONCÉDEME LA GRACIA DE DESEARLO!

Comenta el Papa León: El nombre del Cardenal Merry del Val ha quedado asociado a esa oración que muchos conocemos, las Letanías de la Humildad. Allí se transparenta el espíritu con que realizó su servicio. Permítanme detenerme en algunas de ellas, porque en ellas se dibuja un modelo válido para todos los que ejercen responsabilidades en la Iglesia y en el mundo, y de modo especial para los diplomáticos de la Santa Sede.
• «Del deseo de ser alabado… ¡líbrame, Jesús!»: El deseo de reconocimiento es una tentación constante para quien ocupa responsabilidades. El cardenal Merry del Val lo conoció de cerca, pues sus nombramientos lo colocaron en el centro de la atención mundial. Y, sin embargo, en lo profundo de su oración pedía ser liberado del aplauso. Sabía que el único triunfo verdadero es poder decir cada día: “Señor, estoy donde Tú quieres, haciendo lo que Tú me confías, hoy”. Esa fidelidad silenciosa, invisible a los ojos del mundo, es la que permanece y da fruto.

• «Del deseo de ser consultado… ¡líbrame, Jesús!»: Fue cercano a los Papas Benedicto XV y León XIII, así como colaborador directo de san Pío Décimo. Pudo creerse indispensable, pero nos indicó cuál es el lugar del diplomático, buscar que la voluntad de Dios se cumpla a través del ministerio de Pedro, más allá de intereses personales. Quien sirve en la Iglesia no busca que su voz prevalezca, sino que la verdad de Cristo sea la que hable. Y en esa renuncia descubrió la libertad del auténtico servidor.

• «Del temor a ser humillado… ¡líbrame, Jesús!»: Tras la muerte de san Pío Décimo recibió otros encargos, pero se esforzó por continuar sirviendo con la misma fidelidad, con la serenidad de quien sabe que todo servicio en la Iglesia es valioso cuando se vive por Cristo. De este modo mostró que su tarea no era un pedestal, sino un camino de entrega. La verdadera autoridad no se apoya en cargos ni en títulos, sino en la libertad de servir incluso lejos de los reflectores. Y quien no teme perder visibilidad, gana disponibilidad para Dios.

LA PREGUNTA DEL DÍA

Son muchas las dificultades por las que estoy pasando. Surge un problema tras otro y me siento muy desanimado. ¿Es que Dios se ha olvidado de mí? ¿Es justo que yo sufra tantos males?

Amable oyente: Como en una ocasión anterior, contestará su pregunta la amiga Zeny Leyva, casada y con dos hijos. La respuesta de ella nos ayudará a todos. Vamos a escucharla:

“La vida nos presenta constantemente pruebas de fuego, pruebas que nos hacen sentir débiles, derrotados. Incluso nos hacen pensar que no somos merecedores de las bendiciones que tenemos. O, por el contrario, sentimos que la vida no nos trata como mereceríamos, y entonces nos convertimos en víctimas.
Pero con el tiempo yo he aprendido a manejar los recursos que tengo a disposición para hacer una constante y sincera autoevaluación. Estos recursos, para mí, son: la Palabra de Dios, donde he encontrado constantemente muchas respuestas; la psicología o el estudio del comportamiento humano, que me ayuda a entender, empatizar y conectar también con mis propias emociones; y la naturaleza misma, que a través de sus ciclos me permite observar cómo, después de una gran sequía, un árbol puede paciente, pero firmemente— volver a su esplendoroso verdor.

Toda la creación nos habla, pero a veces somos tan sordos y tan ciegos, que nos sumergimos en opiniones vagas y sin sentido. Durante muchos años, las situaciones difíciles me llevaban a ser la víctima, entendiendo que la vida no estaba siendo justa conmigo. Y, en otras ocasiones, era todo lo contrario: me sentía culpable y poco merecedora de la felicidad que asomaba a mi puerta, lo cual me volvía a colocar en la posición de víctima. Y no escuchaba, y no veía, que las respuestas estaban ahí, esperando que yo prestara atención.
Nosotros no somos víctimas: somos seres activos, con la capacidad de evolucionar ante las diferentes situaciones que nos presenta la vida. Pero si nos dejamos inundar de opiniones, de tendencias, de creencias insustanciales, de la constante búsqueda de la aprobación del otro, y nos olvidamos del valor que cada uno de nosotros tiene, del poder de servicio que tenemos, de lo importante que somos ante los ojos del mismísimo Creador, entonces somos víctimas. Y en esa posición no vamos a ninguna parte.

Con el tiempo aprendí a ver y a escuchar. Y hay muchas veces que no lo hago bien. Por eso, cada día existe —y debe haber— una autoevaluación y un momento de confrontación con nosotros mismos. Cada día Jesucristo nos muestra el camino. Él es el Camino. Y es hermoso.

Queridos todos: Los invito a que recemos ahora el Padrenuestro mientras escuchamos esta canción:

Canto: Padre nuestro tú que estás.

Y también le pedimos a la Virgen que nos acompañe por el camino de la vida. Que sintamos en todo momento, especialmente los difíciles, su manto maternal sobre nosotros. Rezamos: DIOS TE SALVE, MARÍA…

Concluyo dándoles la bendición de Dios, deseando que vaya especialmente a todos los que, como el publicano del evangelio de hoy, nos consideramos pecadores y necesitados de la misericordia de Dios. Inclinen, por favor, sus cabezas y recen cada vez con la palabra AMÉN.

Jesucristo, el Señor, esté siempre a su lado para defenderlos. AMÉN. Que él vaya delante de ustedes para guiarlos, y detrás de ustedes para protegerlos. AMÉN. Que él vele por ustedes y los sostenga. AMÉN. Y que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos ustedes y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.

Les recuerdo que, con el favor de Dios, nos encontraremos nuevamente el próximo domingo, a las 9 de la mañana y por esta Emisora Provincial.

¡QUE TENGAN UNA BUENA SEMANA!

Canto: Dichosos

27/10/2025
27/10/2025
27/10/2025
27/10/2025
27/10/2025

// DOMINGO 26 DE OCTUBRE DE 2025: TEXTO DEL MENSAJE RADIAL DE MONS. ARTURO GONZÁLEZ AMADOR //

🙏 Domingo ### del Tiempo Ordinario

Queridos hermanos y amigos, la paz del Señor esté con todos ustedes.

Octubre, mes del rosario. El rosario nos ayuda a repasar y contemplar todos los misterios de la vida de Jesucristo, de la mano de su Madre y primera discípula, María de Nazaret.

Octubre, mes de las misiones, cuya celebración central fue el pasado domingo. Nos ayuda a tomar conciencia de nuestra obligación de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra, también nos recuerda nuestro deber de orar por los misioneros y por las personas que no conocen las verdades de la fe, y además, nuestra obligación de colaborar materialmente con la obra misionera de la Iglesia.

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SALMO DOMINICAL
Salmo 33, 2-3. 17-18. 19 y 23

Antífona: El Señor no está lejos de sus fieles

Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo.

En contra del malvado está el Señor,
para borrar de la tierra su recuerdo.
Escucha, en cambio, al hombre justo
y lo libra de todas sus congojas.

El Señor no está lejos de sus fieles.
Y levanta a las almas abatidas.
Salve el Señor la vida de sus siervos.
No morirán quienes en él esperan.
El Señor no está lejos de sus fieles.

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Hoy, llegamos al último domingo del mes de octubre y como en los domingos anteriores, seguimos reflexionando sobre el tema de la oración. La escena evangélica que escucharemos a continuación está tomada del relato según san Lucas, en el en capítulo dieciocho, los versículos del nueve al catorce. La tensión se centrará en dos personajes que se acercan al templo a orar, un fariseo arrogante y un publicano que se humilla delante de Dios.

Jesús nos enseña que Dios escucha a los que claman con fe, porque Dios no es indiferente a sus hijos, a todos escucha y conforta a los de corazón sincero. Así como la viuda del pasado domingo obtuvo justicia por su insistencia; el publicano de hoy es justificado por su sinceridad y arrepentimiento. Escuchemos atentamente.

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ILUMINACIÓN BÍBLICA
Evangelio Dominical: Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:

“Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’

El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador.

Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

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El Evangelio escuchado nos presenta una parábola que, aunque breve, tiene una profundidad espiritual inmensa. Jesús nos habla de dos hombres que suben al templo a orar: uno era fariseo, el otro publicano. Ambos buscan a Dios, pero sólo uno regresa a su casa justificado. ¿Qué diferencia a estos dos hombres? No es su religión, ni su conocimiento, ni sus obras. Es la actitud de su corazón.

Esta parábola nos invita en primer lugar a mirar dentro de nosotros mismos y a examinarnos en la forma de relacionarnos con Dios y con los demás y en la calidad de estas relacione”. La oración es una manera muy particular de relacionarnos, de comunicarnos, con Dios. ¡Qué bien si nuestra oración es constante y cálida, confiada e íntima, de hijo a Padre!

Jesús hoy nos enseña que la verdadera oración no nace del orgullo, sino de la humildad. Que Dios no escucha al que se cree justo, sino al que se reconoce pecador porque el camino hacia Dios no es la autosuficiencia, sino la apertura sincera del corazón delante de Él.

El fariseo representa a alguien que cumple con la ley, que practica su religión con rigor, que ayuna, que da limosna, que se considera moralmente superior. Su oración comienza con una aparente acción de gracias: “Te doy gracias, Señor…” pero pronto descubrimos la falsedad de esa gratitud. Su oración se convierte en una lista de méritos: “No soy como los demás… ayuno dos veces por semana… doy el diezmo…”. ¡Qué pena! Dios nos conoce, por dentro y por fuera, a Él no lo podemos engañar. Dios no se deja impresionar por las apariencias, Él mira el corazón.

Este fariseo no se dirige a Dios para abrirle el alma, sino para exhibir sus logros. No busca la gracia, sino el reconocimiento y la justificación. Su oración brota de una religiosidad falsa; no es un diálogo sincero sino un monólogo. No hay súplica, no hay arrepentimiento, no hay diálogo, no hay amor. ¡Sólo hay orgullo y vanidad! Jesús termina afirmando que este hombre no fue justificado.

El otro hombre, el publicano, se quedó al fondo del templo. No se atrevía a levantar los ojos al cielo. Se golpea el pecho diciendo "¡Oh Dios, ten compasión de este pecador!" No presume nada. No se compara con nadie. No se justifica. Simplemente se presentó ante Dios con su miseria, con su verdad, con su corazón desnudo.

Y Jesús nos dice que este hombre volvió a su casa justificado. ¿Por qué? Porque su oración fue auténtica. Porque reconoció su pecado. Porque se abrió a la misericordia de Dios. Porque no se apoyó en sus méritos, sino en la bondad de Dios.

La humildad del publicano no es humillación. Es la verdad y la verdad hace libre al hombre. Y así como la fe y la oración van de la mano, también la verdad y la humildad andan del mismo modo. Santa Teresa de Jesús nos recuerda que “La humildad es andar en verdad” y Jesús nos enseña que “el Señor derriba del trono a los soberbios y enaltece a los humildes”. No dudemos en presentarnos delante de Dios tal cual somos, con virtudes que algunas tenemos y con todos nuestros defectos; no nos justifiquemos, dejemos que Dios con su luz nos alcance e ilumine y, con su gracias nos sane y reconcilie.

La oración del publicano es breve, pero poderosa: “¡Oh Dios, ten compasión de este pecador!” Es una oración que nace del corazón. No necesita muchas palabras para expresar lo que vive. No necesita fórmulas. Es fruto de una verdad reconocida. Es la oración del que se sabe amado, incluso en su miseria. Es la oración del que confía en la misericordia de Dios más que en sus propios méritos.

Queridos hermanos y amigos, la oración del publicano puede convertirse en nuestra oración. Cada día podemos repetirla. Cada vez que nos sentimos lejos de Dios, cada vez que caemos en pecado, cada vez que nos invade la soberbia, cada vez que nos sentimos desanimados y aplastados por la vida, cada vez que la esperanza pierde su intensidad en nuestra pobre vida… podemos volver a esta súplica para decir con confiada fe: “¡Oh Dios, ten compasión de este pecador!”

Finalmente, una última consideración a la luz de la parábola que hemos escuchado. Encontramos en ella una invitación a revisar cómo juzgamos a los demás. El fariseo desprecia al publicano, lo juzga con dureza y en el fondo no lo conoce verdaderamente, sin embargo, es el publicano quien agrada a Dios. ¿Cuántas veces hemos despreciado a alguien por su historia, por sus errores, por su apariencia? ¿Cuántas veces hemos creído que somos “mejores” que otros? La mirada de Dios es distinta. Él ve el corazón. Él ve la sinceridad. Él ve nuestro deseo de bien y verdad. El conoce nuestras entrañas y su mirar es desde la verdad y la ternura, desde el amor y la compasión.

Comenzaremos el próximo fin de semana el mes de noviembre, con dos celebraciones importantes: la de Todos los Santos y la de Todos los fieles difuntos. Gratitud a los que nos han precedido en el camino al cielo; oración confiada por nuestros difuntos.

Que los bendiga Dios todopoderoso
+ Padre + Hijo y + Espíritu Santo. Amén.

¡Nuestra Señora del Rosario, vela por nuestras familias!

Feliz domingo

Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara



27/10/2025
27/10/2025

¡ATENCIÓN! 🚨🇨🇺

Frente a los peligros que acechan a Cuba por la cercanía del huracán Melissa, cuyos pronósticos son preocupantes, resulta importante que aseguremos nuestras vidas, no nos expongamos a riesgos donde hay mayores vulnerabilidades y nos mantengamos informados sobre el curso de este evento meteorológico.

El Programa de Gestión del Riesgo y Desastres, de Cáritas Cuba, mantiene en su canal actualizadas las informaciones asociadas al poderoso evento y en las parroquias, los equipos de trabajo y voluntariado actúan de forma preventiva, de acuerdo al protocolo institucional ante siniestros.

En su grupo de WhatsApp socializan las plataformas digitales que permiten acceder a medios gubernamentales y especializados en torno al huracán.

Estas vías oficiales son gratuitas👇

📞 POR TELÉFONO:

⏩7 866 60 60: Para escuchar la información más reciente del Instituto de Meteorología.
⏩ 800 73 565: Para sintonizar Radio Reloj. Es de libre costo y no consume minutos de tu plan.

🌐 POR INTERNET:

www.insmet.cu: Sitio web oficial del Instituto de Meteorología Cuba. Se puede consultar de forma GRATUITA, incluso sin tener un plan de datos activo.

📱 *POR MENSAJE DE TEXTO:*

*Envía un SMS al 2266* con la palabra *HURACAN* Recibirás al instante la ubicación actual del ciclón. ¡Es un servicio libre de costo!

En el canal del Programa de Cáritas se recuerda la relevancia del flujo de información constante y claro "dirigido específicamente a nuestros párrocos y voluntarios pues ellos, por su labor y presencia continua, son el enlace más directo y confiable con las comunidades, constituyendo la primera línea de respuesta y contención." - expresa Reynier Hondares García, coordinador nacional del Programa Gestión del Riesgo y Desastres, de Cáritas Cuba, quien agrega:

"Esta comunicación es aún más crítica en las comunidades más aisladas, donde la información formal a menudo tarda más en llegar o puede ser limitada. La lección que nos dejó el paso del huracán Oscar fue contundente: son precisamente estas redes comunitarias, activadas a tiempo, las que marcan la diferencia entre la vulnerabilidad y la resiliencia. Fortalecerlas no es solo una estrategia, es una obligación que surge de la experiencia."

Ante la realidad amenazante, compartimos una oración que nos una como comunidad eclesial para rogar a nuestro Padre por su mediación y salvación.

🙏
Dios Creador:
Señor de todo este mundo transitorio, escucha las voces de tus hijos e hijas, que humildemente claman.
El mar de Galilea obedeció tu mandato y las aguas quedaron tranquilas. Tú eres el Señor de mar y tierra, te pedimos que calmes el viento y las olas del huracán que se aproxima, y que protejas de todo daño a los que se encuentran en su paso. Ayuda a los que están en su trayectoria para alcanzar la seguridad.
Por Jesucristo, nuestro Señor
Amén 🙌

27/10/2025

🕊️ Oración por Santiago de Cuba ante el paso del Huracán Melissa

Oh Dios todopoderoso y eterno,
que gobiernas con sabiduría los cielos y la tierra,
mira con bondad a tus hijos que habitan esta ciudad de Santiago de Cuba,
amenazada por la fuerza del huracán Melissa.

Extiende tu mano poderosa y detén la furia de los vientos;
protege nuestras casas, nuestros templos y a todos los que más sufren.
Concede serenidad a nuestros corazones,
prudencia a quienes deben tomar decisiones,
y fortaleza a los que sirven y socorren a los demás.

Haz que esta prueba nos una como hermanos,
y que, al pasar la tormenta, sepamos reconocer
que tu misericordia es más grande que cualquier tempestad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

09/09/2025

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El Cobre

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