27/10/2025
MENSAJE RADIAL DE MONSEÑOR W***Y, ARZOBISPO DE CAMAGÜEY, EL DOMINGO 26 DE OCTUBRE DE 2025, DOMINGO ### DEL TIEMPO ORDINARIO
¡Muy buenos días a todos y feliz domingo! Comencemos nuestro encuentro dominical haciendo juntos sobre nuestros cuerpos la señal de los cristianos, la señal de la cruz, y mencionando el nombre santo de Dios.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN. Que la gracia, la misericordia y la paz de Dios estén hoy y siempre con todos ustedes. Y CON TU ESPÍRITU.
Canto: Juntos como hermanos
Queridos hijos e hijas: Hoy me acompaña en los micrófonos el Padre Héctor Horruitiner, sacerdote que trabaja en la zona pastoral de Esmeralda y Sierra de Cubitas. Además de darle la bienvenida, lo invito a que nos lea la lectura que se escucha en las misas de hoy.
LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS, capítulo 18, versículos del 9 al 14:“En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:
‘Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, un publicano recaudador de impuestos. El fariseo, de pie, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros, tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’.
El recaudador de impuestos para Roma, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho diciendo: ‘Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador’.
Pues bien, yo les seguro que éste bajo a su casa reconciliado con Dios, y el otro no. Porque todo el que se engrandece a sí mismo será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS
Amables oyentes: Creo conveniente explicar algunos detalles que nos servirán para entender mejor la lectura escuchada.
En primer lugar, no olvidar que Jesús les está hablando a personas “que se tenían por justos y despreciaban a los demás”. O lo que es lo mismo: personas que se creían buenas y pensaban que los demás eran malos. Que Dios estaba contento con ellos por lo que hacían en su vida. Jesús los va a enfrentar a una realidad que él mismo resume en la frase “todo el que se engrandece a sí mismo será humillado”.
En segundo lugar, Jesús dirá una parábola. No olvidemos que toda parábola es una narración inventada o tomada de algo sucedido. Era una técnica usada por los maestros de entonces para ayudar, con la memoria, a aprender valores y virtudes.
En tercer lugar, Jesús menciona a dos personas que pertenecen a dos grupos religiosos distintos: fariseos y publicanos. Expliquemos ambos: Los fariseos eran una secta religiosa muy rígida en el cumplimiento de sus enseñanzas. Los historiadores señalan que probablemente esta secta surgió a principios del siglo II antes de Cristo. Eran, por lo general, judíos corrientes, no sacerdotes, que se atenían estrictamente a la ley judía. Exigían tanto el cumplimiento de la ley que ésta se hizo difícil de cumplir. La prohibición de trabajar en día sábado es un ejemplo típico. Los fariseos consideraban “trabajo” caminar más de un kilómetro, cargar cualquier clase de peso, y hasta encender la cocina en el hogar. La gente llegaba a perder el espíritu que animaban las leyes religiosas. Pero el motivo era bueno, porque los fariseos creían que, observando sus reglas, había menos peligros de desobedecer a la verdadera ley de Dios. Muchos fariseos eran personas excelentes. Sin embargo, tendían a despreciar a los que no observaban sus leyes. Y se referían a ellos como “pecadores”. Jesús atacó frecuentemente a los fariseos. Condenó su vanagloria y legalismo. No olvidemos que Nicodemo, que era seguidor secreto de Jesús, era fariseo. Y también lo era Pablo.
Hablemos ahora de los publicanos. La palabra publicano significa "recaudador de impuestos". Un publicano tenía el trabajo de cobrar impuestos. En la Biblia, los publicanos eran judíos que trabajaban para el odiado gobierno romano cobrando impuestos a los ciudadanos judíos.
Los publicanos eran despreciados por la gente. Un gobierno invasor empleaba a los ciudadanos de la nación conquistada para hacer su trabajo sucio. Para convencer a los hombres a traicionar a sus compatriotas, los funcionarios prometían bonificaciones generosas a los publicanos y les permitían extorsionar tanto dinero del ciudadano como pudieran obtener. Debido a la corrupción inherente en el sistema y la colaboración con el enemigo, es fácil entender por qué los publicanos eran despreciados como traidores a su propia nación. Solo podían encontrar compañía entre otros publicanos o dentro del elemento criminal, por lo que la asociación con un publicano generaba automáticamente sospechas sobre la reputación de una persona.
El contacto de Jesús con los publicanos es una de las razones por las que los judíos encontraban a Jesús tan escandaloso. Uno de los primeros hombres a los que llamó como discípulo fue un hombre llamado Mateo, que era un publicano. Mientras Jesús viajaba por Jericó, causó otro revuelo al buscar a un publicano llamado Zaqueo. De nuevo, la gente murmuraba que Jesús estaba rompiendo el protocolo al entrar en la casa de un publicano.
El llamado de Jesús a Mateo (quien más tarde escribió el evangelio con su nombre) y la invitación que se hizo a visitar el hogar de Zaqueo, demuestra que el Hijo de Dios había venido para todos los pecadores. Nadie estaba tan perdido que la gracia de Dios no pudiera alcanzarlo. Se suponía que los recaudadores de impuestos estaban más allá de toda esperanza y, por lo tanto, no eran dignos de perdón. Pero Jesús pasó tres años desbaratando esas rígidas opiniones religiosas.
Y ahora, conociendo los detalles que caracterizan a publicanos y fariseos comentemos la lectura escuchada para lo que nos ayudará lo escrito por el Padre José Antonio Pagola.
“La parábola de Jesús es conocida. Un fariseo y un recaudador de impuestos suben al templo a orar. Los dos comienzan su oración con la misma invocación: Oh Dios. Sin embargo, el contenido de su oración y, sobre todo, su manera de vivir ante ese Dios es muy diferente.
Desde el comienzo, Lucas nos ofrece su clave de lectura. Según él, Jesús pronunció esta parábola pensando en esas personas que, convencidas de ser justas, dan por descontado que su vida agrada a Dios y se pasan los días condenando a los demás.
El fariseo ora «de pie». Se siente seguro ante Dios. Cumple todo lo que pide la ley de Moisés y más. Todo lo hace bien. Le habla a Dios de sus «ayunos» y del pago de los «diezmos», pero no le dice nada de sus obras de caridad y de su compasión hacia los últimos. Le basta su vida religiosa.
Este hombre vive envuelto en la «ilusión de inocencia total»: yo no soy como los demás. Desde su vida «santa» no puede evitar sentirse superior a quienes no pueden presentarse ante Dios con los mismos méritos.
El publicano, por su parte, entra en el templo, pero se queda atrás. No merece estar en aquel lugar sagrado entre personas tan religiosas. No se atreve a levantar los ojos al cielo hacia ese Dios grande e insondable. Se golpea el pecho, pues siente de verdad su pecado y mediocridad.
Examina su vida y no encuentra nada grato que ofrecer a Dios. Tampoco se atreve a prometerle nada para el futuro. Sabe que su vida no cambiará mucho. A lo único que se puede agarrar es a la misericordia de Dios repitiendo varias veces: Oh Dios, ten compasión de este pecador.
La conclusión de Jesús es novedosa. El publicano no ha podido presentar a Dios ningún mérito, pero ha hecho lo más importante: acogerse a su misericordia. Vuelve a casa trasformado, bendecido, «justificado» por Dios. El fariseo, por el contrario, ha decepcionado a Dios. Sale del templo como entró: sin conocer la mirada compasiva de Dios.
A veces, los cristianos pensamos que «no somos como los demás». La Iglesia es santa y el mundo vive en pecado. ¿Seguiremos alimentando nuestra ilusión de inocencia y la condena a los demás, olvidando la compasión de Dios hacia todos sus hijos e hijas?”
UNA ENSEÑANZA PARA SU VIDA
Amables oyentes: El 10 de octubre pasado se cumplieron 160 años del nacimiento de Rafael Merry del Val, diplomático, arzobispo y cardenal español. Fue secretario de Estado del Papa San Pío Décimo. Escribió hermosas oraciones. La siguiente, conocida como las Letanías de la Humildad, la rezaba a diario, al terminar la Misa. Ahora el Padre Héctor y un servidor la rezamos y luego será el propio Papa León quien nos comentará partes de esa oración.
OH, JESÚS, MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN, ¡ÓYEME!
Del deseo de ser estimado… ¡líbrame, Jesús! Del deseo de ser amado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser elogiado… ¡líbrame, Jesús! Del deseo de ser honrado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser ensalzado… ¡líbrame, Jesús! Del deseo de ser preferido… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser consultado… ¡líbrame, Jesús! Del deseo de ser aprobado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser humillado… ¡líbrame, Jesús! Del temor de ser despreciado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser rechazado… ¡líbrame, Jesús! Del temor de ser calumniado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser olvidado… ¡líbrame, Jesús! Del temor de ser ridiculizado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser injuriado… ¡líbrame, Jesús! Del temor de ser sospechoso… ¡líbrame, Jesús!
Que otros sean más estimados que yo… Que otros sean más amados que yo… Que otros crezcan en la opinión del mundo, y que yo disminuya… Que otros sean empleados en cargos, y se prescinda de mí… Que otros sean ensalzados, y yo no… Que otros sean preferidos a mí en todo… Que otros sean más santos que yo, con tal que yo lo sea en cuanto puedo…
¡JESÚS, CONCÉDEME LA GRACIA DE DESEARLO!
Comenta el Papa León: El nombre del Cardenal Merry del Val ha quedado asociado a esa oración que muchos conocemos, las Letanías de la Humildad. Allí se transparenta el espíritu con que realizó su servicio. Permítanme detenerme en algunas de ellas, porque en ellas se dibuja un modelo válido para todos los que ejercen responsabilidades en la Iglesia y en el mundo, y de modo especial para los diplomáticos de la Santa Sede.
• «Del deseo de ser alabado… ¡líbrame, Jesús!»: El deseo de reconocimiento es una tentación constante para quien ocupa responsabilidades. El cardenal Merry del Val lo conoció de cerca, pues sus nombramientos lo colocaron en el centro de la atención mundial. Y, sin embargo, en lo profundo de su oración pedía ser liberado del aplauso. Sabía que el único triunfo verdadero es poder decir cada día: “Señor, estoy donde Tú quieres, haciendo lo que Tú me confías, hoy”. Esa fidelidad silenciosa, invisible a los ojos del mundo, es la que permanece y da fruto.
• «Del deseo de ser consultado… ¡líbrame, Jesús!»: Fue cercano a los Papas Benedicto XV y León XIII, así como colaborador directo de san Pío Décimo. Pudo creerse indispensable, pero nos indicó cuál es el lugar del diplomático, buscar que la voluntad de Dios se cumpla a través del ministerio de Pedro, más allá de intereses personales. Quien sirve en la Iglesia no busca que su voz prevalezca, sino que la verdad de Cristo sea la que hable. Y en esa renuncia descubrió la libertad del auténtico servidor.
• «Del temor a ser humillado… ¡líbrame, Jesús!»: Tras la muerte de san Pío Décimo recibió otros encargos, pero se esforzó por continuar sirviendo con la misma fidelidad, con la serenidad de quien sabe que todo servicio en la Iglesia es valioso cuando se vive por Cristo. De este modo mostró que su tarea no era un pedestal, sino un camino de entrega. La verdadera autoridad no se apoya en cargos ni en títulos, sino en la libertad de servir incluso lejos de los reflectores. Y quien no teme perder visibilidad, gana disponibilidad para Dios.
LA PREGUNTA DEL DÍA
Son muchas las dificultades por las que estoy pasando. Surge un problema tras otro y me siento muy desanimado. ¿Es que Dios se ha olvidado de mí? ¿Es justo que yo sufra tantos males?
Amable oyente: Como en una ocasión anterior, contestará su pregunta la amiga Zeny Leyva, casada y con dos hijos. La respuesta de ella nos ayudará a todos. Vamos a escucharla:
“La vida nos presenta constantemente pruebas de fuego, pruebas que nos hacen sentir débiles, derrotados. Incluso nos hacen pensar que no somos merecedores de las bendiciones que tenemos. O, por el contrario, sentimos que la vida no nos trata como mereceríamos, y entonces nos convertimos en víctimas.
Pero con el tiempo yo he aprendido a manejar los recursos que tengo a disposición para hacer una constante y sincera autoevaluación. Estos recursos, para mí, son: la Palabra de Dios, donde he encontrado constantemente muchas respuestas; la psicología o el estudio del comportamiento humano, que me ayuda a entender, empatizar y conectar también con mis propias emociones; y la naturaleza misma, que a través de sus ciclos me permite observar cómo, después de una gran sequía, un árbol puede paciente, pero firmemente— volver a su esplendoroso verdor.
Toda la creación nos habla, pero a veces somos tan sordos y tan ciegos, que nos sumergimos en opiniones vagas y sin sentido. Durante muchos años, las situaciones difíciles me llevaban a ser la víctima, entendiendo que la vida no estaba siendo justa conmigo. Y, en otras ocasiones, era todo lo contrario: me sentía culpable y poco merecedora de la felicidad que asomaba a mi puerta, lo cual me volvía a colocar en la posición de víctima. Y no escuchaba, y no veía, que las respuestas estaban ahí, esperando que yo prestara atención.
Nosotros no somos víctimas: somos seres activos, con la capacidad de evolucionar ante las diferentes situaciones que nos presenta la vida. Pero si nos dejamos inundar de opiniones, de tendencias, de creencias insustanciales, de la constante búsqueda de la aprobación del otro, y nos olvidamos del valor que cada uno de nosotros tiene, del poder de servicio que tenemos, de lo importante que somos ante los ojos del mismísimo Creador, entonces somos víctimas. Y en esa posición no vamos a ninguna parte.
Con el tiempo aprendí a ver y a escuchar. Y hay muchas veces que no lo hago bien. Por eso, cada día existe —y debe haber— una autoevaluación y un momento de confrontación con nosotros mismos. Cada día Jesucristo nos muestra el camino. Él es el Camino. Y es hermoso.
Queridos todos: Los invito a que recemos ahora el Padrenuestro mientras escuchamos esta canción:
Canto: Padre nuestro tú que estás.
Y también le pedimos a la Virgen que nos acompañe por el camino de la vida. Que sintamos en todo momento, especialmente los difíciles, su manto maternal sobre nosotros. Rezamos: DIOS TE SALVE, MARÍA…
Concluyo dándoles la bendición de Dios, deseando que vaya especialmente a todos los que, como el publicano del evangelio de hoy, nos consideramos pecadores y necesitados de la misericordia de Dios. Inclinen, por favor, sus cabezas y recen cada vez con la palabra AMÉN.
Jesucristo, el Señor, esté siempre a su lado para defenderlos. AMÉN. Que él vaya delante de ustedes para guiarlos, y detrás de ustedes para protegerlos. AMÉN. Que él vele por ustedes y los sostenga. AMÉN. Y que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos ustedes y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.
Les recuerdo que, con el favor de Dios, nos encontraremos nuevamente el próximo domingo, a las 9 de la mañana y por esta Emisora Provincial.
¡QUE TENGAN UNA BUENA SEMANA!
Canto: Dichosos