Diócesis Ciego de Ávila

Diócesis Ciego de Ávila Página Oficial en Facebook de la Diócesis de Ciego de Ávila.

26/02/2026

𝗗𝗜𝗦𝗖𝗨𝗥𝗦𝗢 𝗜𝗡𝗔𝗨𝗚𝗨𝗥𝗔𝗟 𝗗𝗘𝗟 𝗘𝗡𝗘𝗖 𝗣𝗥𝗢𝗡𝗨𝗡𝗖𝗜𝗔𝗗𝗢 𝗣𝗢𝗥 𝗠𝗢𝗡𝗦. 𝗔𝗗𝗢𝗟𝗙𝗢 𝗥𝗢𝗗𝗥Í𝗚𝗨𝗘𝗭, 𝗣𝗥𝗘𝗦𝗜𝗗𝗘𝗡𝗧𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗖𝗢𝗡𝗙𝗘𝗥𝗘𝗡𝗖𝗜𝗔 𝗘𝗣𝗜𝗦𝗖𝗢𝗣𝗔𝗟 𝗗𝗘 𝗖𝗨𝗕𝗔 𝗘𝗡 𝗡𝗢𝗠𝗕𝗥𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗢𝗕𝗜𝗦𝗣𝗢𝗦 𝗖𝗨𝗕𝗔𝗡𝗢𝗦

📷 𝗖𝗼𝗿𝘁𝗲𝘀í𝗮 𝗱𝗲 𝗠𝗼𝗻𝘀. 𝗪𝗶𝗹𝗳𝗿𝗲𝗱𝗼 𝗣𝗶𝗻𝗼 𝗘𝘀𝘁𝗲́𝘃𝗲𝘇, 𝗼𝗯𝗶𝘀𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗔𝗿𝗾𝘂𝗶𝗱𝗶𝗼́𝗰𝗲𝘀𝗶𝘀 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝗺𝗮𝗴ü𝗲𝘆

(𝗙𝗿𝗮𝗴𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀: 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲)

𝗟𝗮𝘀 𝗰𝗹𝗮𝘃𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝗡𝗘𝗖

Una Iglesia que quiere ser misionera, porque si no lo fuera, sería como una secta que va derechamente al fariseísmo y dejaría de ser la Iglesia. Una Iglesia que quiere ser signo de comunión, porque si no lo fuera, sería como un Arca de Noé, con una parejita de cada especie, y dejaría de ser la Iglesia. Una Iglesia que quiere ser encarnada, porque si no lo fuera, entonces sí sería «opio del pueblo» y dejaría de ser la Iglesia…

𝗔𝗹𝗴𝘂𝗻𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗲𝘀𝘂𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀

Antes de empezar nuestra asamblea, los Obispos consideramos conveniente recordar o clarificar tres puntos, que no son propiamente nuestros, porque vienen del mismo sentir de las Asambleas Diocesanas:

1. El ENEC no va detrás de un Documento deslumbrante, aunque habrá un documento que pertenecerá al tesoro de la Iglesia cubana y en el que la Iglesia cubana quiere inscribir su acción pastoral. El ENEC tampoco va detrás de una fiesta, aunque es una celebración festiva de la Iglesia. El ENEC nació como un espíritu nuevo en nuestra Iglesia y este espíritu es más importante que los papeles y que la fiesta. El ENEC cumplirá realmente SU objetivo cuando este espíritu penetre en el corazón de la Iglesia, en su vida, instituciones y personas…

2. El ENEC significa solo una etapa intermedia, orientada hacia otras etapas intermedias también, hasta la meta que nos trasciende y que trasciende a la Iglesia misma. No es un final, sino un comienzo nuevo. Quiere ser profético, sugerente y programático: mirando a largo plazo. Por tanto, la intuición profunda del ENEC hay que realizarla en la paciencia de la Iglesia, que espera siempre, aun en la noche…

3. Si alguien tuviera aquí alguna preocupación por el clima que reinará en esta Asamblea, es porque ha olvidado muchas cosas. Ha olvidado el clima que reinó en las Asambleas parroquiales, vicariales, zonales y diocesanas durante cinco años. Ha olvidado que somos cubanos, hijos de este pueblo educado en tradiciones muy liberales y muy tolerantes, capaz siempre de ofrecer, capaz siempre de atender, capaz siempre de respetar…

Tenemos confianza en Dios, pero tenemos también confianza en ustedes. Durante estos 27 años la Iglesia cubana ha puesto en las manos de los laicos las cosas más queridas y más santas; las cosas a las que la Iglesia da la máxima importancia: les puso en las manos la Eucaristía para que la llevaran a los enfermos; les puso en las manos la Sagrada Escritura para que la leyeran en la Asamblea; les puso en las manos las celebraciones de la Palabra para que las presidieran; les puso en las manos la economía de las parroquias para que las administraran. Con la misma confianza, la Iglesia cubana les pone ahora en las manos su futuro, segura de la responsabilidad y seriedad, de la serenidad y coherencia, de la obediencia y objetividad de ustedes…

𝗟𝗮 𝗿𝗲𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇𝗼́𝗻

… No aspira nuestro ENEC a una reconquista de poderes, a un rescate de posiciones, favores o privilegios para la Iglesia. La Iglesia no quiere otra cosa que el espacio necesario para cumplir su misión; para dar también su juicio ético, moral, no político, aun sobre problemas no estrictamente religiosos, pero sí humanos, lo cual no constituye un privilegio sino un derecho y un servicio: el derecho que tiene el hombre a recibir la palabra de Dios y a iluminar toda su vida con la luz de esa Palabra. La Iglesia quiere anunciar, en franca amistad, su fe a todos los hombres, aun a aquellos que la consideren enemiga, porque ella no quiere sentirse enemiga de nadie. La Iglesia, en fin, espera que la fe deje de ser aquí un problema, una debilidad o un diversionismo ideológico; y que el futuro no se parezca al pasado. Y para llegar a esto, la Iglesia no tiene otro modo y otro lenguaje que el modo y el lenguaje del corazón...

𝗟𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗻𝘇𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗜𝗴𝗹𝗲𝘀𝗶𝗮

El Espíritu nos va a conducir por sus caminos, que no son nuestros caminos, a esa imitación cada vez más fiel de Jesucristo y a esa comunión cada vez más estrecha con nuestro pueblo cubano, con quien compartimos un mestizaje de fe, cultura y raza, y compartimos la dicha de haber nacido aquí…

Tenemos una esperanza y queremos dar palabras de esperanza a los que las pidan, a los que las necesiten, a las que han fijado sus miras solo en lo terreno como límite a sus aspiraciones humanas y sienten que les falta algo. No tenemos ni la primera ni la última palabra de todo, pero creemos que existe una primera y una última palabra de todo y esperamos en Aquel que la tiene, el Señor. En él miramos con serena confianza el futuro siempre incierto, porque sabemos que mañana, antes que salga el sol, habrá salido sobre Cuba y sobre el mundo entero la Providencia de Dios.

26/02/2026

𝗘𝗟 𝗥𝗘𝗚𝗔𝗟𝗢 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗥𝗘𝗖 𝗬 𝗘𝗟 𝗘𝗡𝗘𝗖

✍️ 𝗥𝗮𝘂́𝗹 𝗔𝗿𝗱𝗲𝗿í, 𝗦.𝗝.

Si tuviera que resumir en una sola frase qué es lo mejor del proceso de la REC y el ENEC —y al mismo tiempo cuál es el gran desafío que ese camino nos plantea hoy, en este momento tan difícil de nuestra historia— diría algo muy sencillo: lo más valioso fue el estilo de este proceso. Más allá de lo que se decidió, lo verdaderamente importante fue cómo se hizo.

La REC y el ENEC son hijas directas del Concilio y del camino que recorrió la Iglesia latinoamericana después de él. En aquel tiempo, la Iglesia cubana atravesaba una etapa especialmente dura: la salida o expulsión de muchos agentes de pastoral, la migración masiva de laicos tras la Revolución, comunidades debilitadas… En medio de esa situación, el Concilio nos ayudó a descubrir una nueva manera de comprendernos.

El Vaticano II quiso renovar la Iglesia volviendo a lo esencial, a sus tradiciones más profundas. Y en ese proceso recuperó algo fundamental que durante mucho tiempo había quedado en segundo plano: la importancia del bautismo. Durante siglos, la Iglesia se había identificado casi exclusivamente con la jerarquía, mientras que los laicos eran vistos más bien como espectadores silenciosos y pasivos o, en el mejor de los casos, el brazo ejecutor de sus decisiones. Había una división muy marcada: arriba quienes enseñaban, santificaban y gobernaban; abajo quienes aprendían, recibían y obedecían. La historia, sin embargo, nunca encajó del todo en ese esquema. Basta pensar en figuras decisivas para la renovación de la Iglesia que no pertenecían a la jerarquía: Francisco de Asís, Catalina de Siena, Teresa de Jesús, etc. Aun así, durante mucho tiempo se intentó que la realidad se ajustara a ese modelo.

El Concilio quiso superar claramente esa visión. Desde su primer documento puso en el centro la participación activa, consciente y fructífera de todos los fieles, una idea que iba mucho más allá de los cambios litúrgicos. No por casualidad, el documento sobre la Iglesia dedicó todo un capítulo al Pueblo de Dios y solo después a la jerarquía. Ese orden ayudó a subrayar algo esencial: lo que une a todos los bautizados es más profundo que las diferencias de ministerios o carismas que se dan en su interior. Toda la Iglesia —pastores y fieles— participa del mismo Espíritu que les permite adentrarse sin error en los contenidos de la fe y la reúne como un pueblo sacerdotal que celebra el misterio pascual, ofrece el pan y el vino y es digno de servirlo en su presencia (Plegaria Eucarística II).

La Iglesia cubana, y con ella la REC y el ENEC, asumieron esa nueva y antigua forma de entender la Iglesia. Tal vez al inicio por necesidad, pero luego se comprendió que también era la mejor manera de ser signo creíble de comunión en medio del pueblo. Muchos recuerdan aquellos años con frases muy sencillas: «nos conocíamos y nos queríamos, éramos una sola familia», que revelan un profundo contenido teológico. Habla de un espíritu que superaba rangos, títulos y dignidades para unir a todos como miembros de un único pueblo.

Gracias a ese espíritu fue posible un amplio proceso de oración, reflexión y consulta que implicó a la mayoría de las comunidades de la isla. Por eso no sorprende que en la presidencia del ENEC estuvieran sentados juntos un obispo, un laico, un sacerdote y una religiosa, con total naturalidad, sin tensiones de poder ni protagonismos.

No se trataba de adoptar un modelo democrático en su sentido político —porque los contenidos de fe no se deciden por mayoría de votos—, sino de comprender que la verdadera comunión significa participar todos de un mismo Espíritu. Una comunión que no aplasta la diversidad, ni funciona desde el verticalismo rígido de estructuras autoritarias. Ese espíritu de comunión y participación fue, sin duda, la gran perla de la REC y el ENEC. Los obispos sentían la necesidad de escuchar al pueblo; los fieles se reconocían en la voz de sus pastores; las congregaciones religiosas trabajaban unidas al clero diocesano; y todos valoraban la riqueza de cada carisma.

Si somos sinceros, tenemos que reconocer que hemos perdido mucho de ese modo. Poco a poco, formas más verticales y menos inclusivas se han ido colando en los distintos espacios de la Iglesia cubana. Pero esto no debería desanimarnos. Puede ser, más bien, una oportunidad de conversión y de esperanza. Porque Dios siempre precede y sostiene todo esfuerzo por acercarnos más a Él. Tal vez hoy, más que nunca, volver al espíritu de la REC y el ENEC podría ser el mejor bálsamo que la Iglesia cubana ofrezca a un pueblo herido, cansado, marcado por décadas de autoritarismo y uniformidad impuesta. Dios nunca abandona a su gente. Y esa certeza es la que nos mantiene —obstinadamente— esperanzados.

25/02/2026

𝗗𝗜𝗦𝗖𝗨𝗥𝗦𝗢 𝗜𝗡𝗔𝗨𝗚𝗨𝗥𝗔𝗟 𝗗𝗘𝗟 𝗘𝗡𝗘𝗖 𝗣𝗥𝗢𝗡𝗨𝗡𝗖𝗜𝗔𝗗𝗢 𝗣𝗢𝗥 𝗠𝗢𝗡𝗦. 𝗔𝗗𝗢𝗟𝗙𝗢 𝗥𝗢𝗗𝗥Í𝗚𝗨𝗘𝗭, 𝗣𝗥𝗘𝗦𝗜𝗗𝗘𝗡𝗧𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗖𝗢𝗡𝗙𝗘𝗥𝗘𝗡𝗖𝗜𝗔 𝗘𝗣𝗜𝗦𝗖𝗢𝗣𝗔𝗟 𝗗𝗘 𝗖𝗨𝗕𝗔 𝗘𝗡 𝗡𝗢𝗠𝗕𝗥𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗢𝗕𝗜𝗦𝗣𝗢𝗦 𝗖𝗨𝗕𝗔𝗡𝗢𝗦

(Fragmentos: primera parte)

𝗜𝗻𝘁𝗿𝗼𝗱𝘂𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻

Cuando en 1979 Mons. Azcárate, con ocasión de unas convivencias sacerdotales en El Cobre, que trataron precisamente el tema de la Esperanza, propuso el proyecto de una reflexión nacional, que el mismo calificó entonces «de quijotada», nadie pudo imaginarse en aquel momento que aquella «quijotada» iba a convertirse un día en realidad; y que aquella titubeante idea iba a ser la chispa primera de una gran hoguera espiritual que envolvería a toda nuestra Iglesia cubana, y de la que hoy, nosotros, aquí reunidos, somos como una prueba…

Detrás de cada sacerdote presente están todos los sacerdotes de Cuba ausentes; detrás de cada religiosa presente, están todas las religiosas de Cuba ausentes; detrás de cada laico, hombre o mujer, joven, adulto, obrero, campesino, profesional, estudiante… están todos los laicos cubanos católicos. A ellos los representamos; a ellos nos debemos; sin ellos nuestra presencia aquí no tiene sentido. Menos aún lo tendría al margen de ellos o contra ellos: contra sus anhelos, sus expectativas, sus opiniones y sus esperanzas, que no podemos defraudar.

𝗟𝗼𝘀 𝗱𝗼𝘀 𝗲𝗷𝗲𝘀 𝗼𝗿𝗴𝗮́𝗻𝗶𝗰𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝗡𝗘𝗖

El ENEC nació con dos ilusiones fundamentales en su corazón: la ilusión de ser imagen fiel de nuestro Maestro, Jesucristo, de quien la Iglesia es inseparable porque de Él, recibe su esencia y su existencia, y con ellas, su misión; de quien es sacramento universal de salvación, porque ella ocupa el lugar de Él sin desplazarlo.

Y nace también con la ilusión de servir mejor a nuestro pueblo cubano: a su felicidad, a su unidad nacional, a su progreso, a su salud espiritual. Este pueblo con quien compartimos su carácter y su historia, sus sacrificios y esperanzas; sus peligros y problemas. Este pueblo a quien, como cristianos, tenemos algo que aportar, que entronca con las raíces mismas de nuestra nacionalidad cristiana, mestiza, isleña y cubana…

𝗘𝗹 𝗘𝗡𝗘𝗖 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗰𝗲𝗹𝗲𝗯𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻

Durante estos cinco años hemos oído repetir a sacerdotes, religiosas y laicos, con mucha insistencia, que el ENEC no debe ser una reunión más, sino una celebración de la Iglesia cubana…

Una celebración que proclama su fe en Cristo, en quien creemos más que en todo; incluso más que en este mismo ENEC. En Él, en sus palabras y hechos, queremos buscar juntos nuestras actitudes de Iglesia para hoy y para aquí…

Una celebración que proclama nuestra fe en el Evangelio como la gran noticia para cualquier hombre por muy vulnerable que sea, porque este Evangelio nos da la prueba del amor del Padre, tal como lo describe la parábola del Padre misericordioso…

Una celebración, en fin, que proclama nuestra fe en la Iglesia, pero no en la Iglesia abstracta, teórica, ideal, planetaria, de meras palabras teológicas; sino en la Iglesia concreta, practica, real, que se llama la Iglesia de Dios en Cuba, hermosa o arrugada, contenta o apenada; santa y a la vez pecadora; perfecta y a la vez perfectible; por tanto, una Iglesia juzgada continuamente por el Evangelio y Llamada continuamente a la conversión y a la santidad de vida, a cuyos méritos nosotros apelamos todos los días cuando le decimos al Señor: «Señor, no mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia».

25/02/2026

𝗨𝗡 𝗧𝗘𝗦𝗧𝗜𝗠𝗢𝗡𝗜𝗢 𝗜𝗡É𝗗𝗜𝗧𝗢 𝗔 40 𝗔Ñ𝗢𝗦 𝗗𝗘𝗟 𝗘𝗡𝗘𝗖

📌 Nota introductoria del P. Hanoi Ferrer: «A propósito de lo que Vida Cristiana está publicando con motivo de los 40 años de la celebración del ENEC, comparto este escrito que Mons. Manuel H. de Céspedes me confió para un trabajo que yo estaba realizando en el Seminario en el año 2020.

Lo tituló «El ENEC... testimonio de un participante en el último tren», porque, según hablamos la noche que me lo entregó, él había regresado a Cuba en septiembre de 1984 y, por tanto, no participó de la Reflexión Eclesial Cubana desde sus orígenes.

Estoy seguro de que para este sacerdote, que regresaba a Cuba después de años intentándolo, el ENEC habrá aportado una profunda visión de la Iglesia a la que serviría con todas sus fuerzas hasta el final de su vida».

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📖 «𝗘𝗹 𝗘𝗡𝗘𝗖… 𝘁𝗲𝘀𝘁𝗶𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘂́𝗹𝘁𝗶𝗺𝗼 𝘁𝗿𝗲𝗻»

✍️ 𝗠𝗼𝗻𝘀. 𝗠𝗮𝗻𝘂𝗲𝗹 𝗛𝗶𝗹𝗮𝗿𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗖𝗲́𝘀𝗽𝗲𝗱𝗲𝘀 (+)
📸 𝗣. 𝗛𝗮𝗻𝗼𝗶 𝗙𝗲𝗿𝗿𝗲𝗿

Haber participado en el ENEC lo considero una gracia que Dios me regaló. Me atrevo a afirmar que ese acontecimiento eclesial es también una gracia que Dios le concedió a la Iglesia de Cuba.

El ENEC me permitió realizar una mirada sobre la Iglesia, mirada sobre su presente y su historia, y mirada realista y esperanzada sobre su futuro. En el ENEC se vivió y se propuso un estilo renovado de Iglesia. Allí se planteó con insistencia que la Iglesia debe tener sus puertas abiertas para acoger a los que a ella se acerquen y para servir al pueblo, siendo la evangelización el preciado servicio que debe realizar.

Es muy valioso y sorprendente que en Cuba, en el año 1986, el ENEC se expresara claramente y con entusiasmo acerca de la relación entre la fe y la sociedad y la fe y la cultura. A partir del ENEC la Iglesia fue, así, consciente de que debe ser una Iglesia en salida, aunque evidentemente no lo formuló como hoy lo hace el papa Francisco.

En el ENEC todos los participantes se escucharon atentamente y con humildad los unos a los otros, conscientes de que todos somos importantes y tenemos una palabra que decir sobre el estilo y el quehacer de la Iglesia y sobre la nación de la que formamos parte.

Pienso que, con mucho, esto se logró porque el ENEC tuvo un antecedente en la REC (Reflexión Eclesial Cubana). Durante esta, todos los católicos cubanos tuvimos la oportunidad de decir nuestra palabra sobre la Iglesia y sobre Cuba.

24/02/2026

𝗘𝗟 𝗘𝗡𝗘𝗖: «𝗨𝗡 𝗡𝗨𝗘𝗩𝗢 𝗣𝗘𝗡𝗧𝗘𝗖𝗢𝗦𝗧É𝗦 𝗣𝗔𝗥𝗔 𝗖𝗨𝗕𝗔»

✍️ 𝗗𝗮𝗴𝗼𝗯𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗩𝗮𝗹𝗱𝗲́𝘀 𝗛𝗲𝗿𝗻𝗮́𝗻𝗱𝗲𝘇

El Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) celebrado del 17 al 23 de febrero de 1986 en la Casa Sacerdotal de La Habana fue, según palabras del cardenal Eduardo Pironio, «un nuevo Pentecostés para Cuba». A 40 años de su realización, fui un testigo muy comprometido, tanto en su preparación con la Reflexión Eclesial Cubana (REC) durante varios años, como durante la celebración del encuentro.

Fue un momento trascendental en mi juventud. Tenía 31 años, sin mérito propio, pero con mucho empeño: participé en la Comisión de Historia; fui el miembro laico de la presidencia colegiada del ENEC cuando no se hablaba de sinodalidad. Me encargaron la redacción del borrador del capítulo «Fe y Cultura», aprobado casi sin modificaciones. Fui elegido para decir las palabras de homenaje al padre Félix Varela en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, primer acto público de la Iglesia desde 1959. Digo con el salmista: «¡Cómo agradecer al Señor todo el bien que me ha hecho...!».

Desde mi experiencia puedo decir que el ENEC marcó la vida y la historia de la Iglesia en Cuba por las siguientes razones:

• Fue un proceso, no un evento aislado. Se preparó con el estudio, las encuestas, la investigación y la oración desde las comunidades más pequeñas.

• Fue un proceso de libertad y corresponsabilidad, participativo y dialogante. Adelanto efectivo de lo que hoy se llama sinodalidad. Tuvo una enorme participación laical.

• Hubo correspondencia entre los contenidos profundos, el ambiente de fraternidad y la celebración comunitaria.

• Fue un proceso profético, audaz y comprometido con el momento histórico, sin miedo y con mucho discernimiento. Se puede decir que hubo una mística de la REC y el ENEC.

• Sus prioridades diseñaron la «salida de las catacumbas», como se dijo, de la Iglesia en Cuba: queremos ser una Iglesia evangelizadora, encarnada y orante.

• Su documento final mantiene una renovada vigencia aunque, en otro sentido, debería ser actualizado por haber cambiado las circunstancias. Sus capítulos («Historia y sus lecciones»; «Fundamentos bíblico-teológicos y magisteriales»; «Fe y Cultura»; «Fe y Sociedad»; y «Pastoral de conjunto: ministros ordenados, vida consagrada y laicado y comunidades eclesiales») son un programa de vida para la Iglesia, cambiando lo que haya que cambiar.

• Las ocho líneas de acción conservan hoy toda su vigencia: renovar la mentalidad; fomentar una espiritualidad de encarnación; integrar las diferencias de la acción evangelizadora; renovar las estructuras para una pastoral de conjunto; aumentar el diálogo en la misión; incrementar la conciencia misionera; impulsar la evangelización de la cultura; y edificar la civilización del amor.

Qué bueno sería hacer una relectura actualizada de los documentos del ENEC. Renovar la Iglesia en Cuba, vivir más comprometidamente la encarnación, el profetismo y profundizar en la evangelización de la cultura, siguen siendo enormes desafíos para nuestra Iglesia.

24/02/2026
23/02/2026

𝗘𝗟 𝗘𝗡𝗘𝗖 𝗔 𝗟𝗔 𝗟𝗨𝗭 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗦𝗜𝗡𝗢𝗗𝗔𝗟𝗜𝗗𝗔𝗗 (4/5)

✍️ 𝗦𝗼𝗿 𝗔𝗶𝗱𝗮 𝗥𝗮𝗺í𝗿𝗲𝘇, 𝗛𝗖
📷 𝗖𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗖𝗢𝗖𝗖 (https://iglesiacubana.org/)

𝘌𝘭 𝘦𝘴𝘤𝘦𝘯𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘱𝘰𝘴𝘵-𝘌𝘕𝘌𝘊. 𝘊𝘳𝘪𝘴𝘪𝘴 𝘺 𝘥𝘦𝘴𝘢𝘧í𝘰𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘥é𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘦 1990

Tras la celebración del ENEC, el contexto cubano dio un giro sorpresivo a partir de 1990 con la caída de los gobiernos marxistas en Europa del Este. La supresión del apoyo económico de Rusia sumergió a la isla en una grave crisis conocida como el «período especial», caracterizada por la desnutrición, una neuropatía generalizada y un clima de anomia social y crisis de valores.

En 1991, bajo la convocatoria de Mons. Jaime Ortega en La Habana, antiguos delegados de la Comisión Central se reunieron para evaluar el camino elegido en el ENEC. El diagnóstico pastoral reveló que, si bien las opciones de ser una Iglesia orante y misionera habían sido bien acogidas, existían serias dificultades para encarnarse plenamente en una realidad marcada por la fragilidad, el desaliento y el desarraigo.

𝘙𝘦𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘪𝘵𝘶𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭 𝘺 𝘦𝘭 𝘳𝘦𝘵𝘰𝘳𝘯𝘰 𝘢 𝘭𝘢 𝘧𝘦

El año 1992 trajo consigo una reforma constitucional. Aunque se esperaban cambios políticos y económicos más profundos, las modificaciones se limitaron a suprimir la confesionalidad atea del Estado y reconocer formalmente la libertad religiosa. Para el pueblo, esta transformación se simplificó en una frase reveladora: «antes no se podía y ahora sí».

Este cambio provocó un auténtico desbordamiento pastoral: católicos que habían ocultado o negado su fe por años comenzaron a retornar, mientras nuevos creyentes se incorporaban pidiendo el bautismo para sí mismos y para sus hijos. Las comunidades vivieron una actualización constante de la parábola del hijo pródigo, aprendiendo a acoger tanto al que regresaba como al hermano que se había mantenido fiel y se indisponía por el retorno del “pródigo”. Asimismo, la entrada de religiosas y sacerdotes misioneros, aunque con permisos temporales condicionados, permitió apoyar generosamente este creciente trabajo.

«𝘌𝘭 𝘢𝘮𝘰𝘳 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘭𝘰 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢» 𝘺 𝘭𝘢 𝘦𝘹𝘱𝘢𝘯𝘴𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘪𝘴𝘪ó𝘯

En 1993, la Conferencia de Obispos Cubanos publicó la carta pastoral «El amor todo lo espera», un documento que despertó una adhesión vibrante en el pueblo, pero que también provocó una reacción violenta por parte del Gobierno. En esta década la Iglesia, poco a poco, pudo establecer los servicios de Cáritas en todas las diócesis y se abrieron cientos de «casas de misión» en barrios donde no existían templos físicos.

La labor eclesial se diversificó mediante la organización de espacios de educación complementaria, semanas de estudio sobre la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), publicaciones de revistas —como Iglesia en Marcha (Santiago de Cuba, 1990), Vivarium (La Habana, 1990), Palabra Nueva (La Habana, 1992), Vitral (Pinar del Río, 1994), Amanecer (Santa Clara, 1994), Imago (Ciego de Ávila, 1996) y Cocuyo (Holguín, 1996)—, simposios de investigación teológica y la creación de centros de formación religiosa y humanística. La semilla del Concilio Vaticano II demostraba haber caído en tierra buena, produciendo frutos tangibles como la creación de tres nuevas diócesis: Santa Clara, Ciego de Ávila y Bayamo-Manzanillo.

𝘏𝘢𝘤𝘪𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘴𝘵𝘰𝘳𝘢𝘭 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘪𝘤𝘪𝘱𝘢𝘵𝘪𝘷𝘢 𝘺 𝘱𝘭𝘢𝘯𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘥𝘢

Este crecimiento institucional se vio respaldado por el desarrollo de comisiones nacionales de Pastoral Social, abarcando áreas como Cultura, Pastoral Penitenciaria, Justicia y Paz, y la atención a los cubanos en el exterior. También florecieron movimientos laicales como el MTC, MFC, MMC y MECU.

En 1995, se celebró el primer Taller de Planeación Pastoral Participativa, reconociendo que el estilo de vida pastoral necesitaba métodos y herramientas para pensar las acciones juntos y revisarlas a la luz del Plan de Dios. Era la consolidación de un método que permitía a la Iglesia en Cuba no solo reaccionar a la crisis, sino proyectar su misión con entrenamiento y discernimiento comunitario.

Continuará…

23/02/2026

Cerramos hoy esta serie de testimonios a 40 años del ENEC. Precisamente 23 de febrero coincidiendo con la fecha de cierra de aquella cita. El testimonio de hoy nos deja descubrir la riqueza de lo que allí se vivió: un camino de escucha, diálogo y participación que abrió nuevas puertas para la misión evangelizadora.

En esta entrevista, Monseñor Emilio Aranguren comparte su experiencia personal y pastoral durante el ENEC. Y comenta como se llegó al documento final.

https://youtu.be/KOejv_w2Q4Q

23/02/2026

Con espíritu de fe y profunda comunión, nuestra Diócesis celebró la Jornada Mundial del Enfermo, un espacio de oración, cercanía y esperanza junto a quienes viven la experiencia de la enfermedad y el sufrimiento. A ejemplo del Buen Samaritano, estamos llamados a detenernos, escuchar y acompañar.
Compartimos este video como testimonio de lo vivido: gestos sencillos, miradas llenas de esperanza y la certeza de que Cristo sigue pasando y sanando a través del amor concreto de su Iglesia.

Oficina de Comunicaciones de la Diócesis de Ciego de Ávila.

Durante la celebración de este primer domingo de Cuaresma, a los catecúmenos de las parroquias : Jatibonico, Majagua, la...
23/02/2026

Durante la celebración de este primer domingo de Cuaresma, a los catecúmenos de las parroquias : Jatibonico, Majagua, la comunidad Nuestra Señora de Fátima en la Catedral, Violeta y Pina se les realizó el Rito de elección, mediante el cual la Iglesia los admite, reconociendolos dignos de recibir los sacramentos de la Iniciación Cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía).
Con este Rito, los catecumenos son preparados de modo más intenso para recibir estos sacramentos en la vigilia Pascual.

Oficina de Comunicaciones de la Diócesis de Ciego de Ávila.

23/02/2026

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