26/02/2026
𝗗𝗜𝗦𝗖𝗨𝗥𝗦𝗢 𝗜𝗡𝗔𝗨𝗚𝗨𝗥𝗔𝗟 𝗗𝗘𝗟 𝗘𝗡𝗘𝗖 𝗣𝗥𝗢𝗡𝗨𝗡𝗖𝗜𝗔𝗗𝗢 𝗣𝗢𝗥 𝗠𝗢𝗡𝗦. 𝗔𝗗𝗢𝗟𝗙𝗢 𝗥𝗢𝗗𝗥Í𝗚𝗨𝗘𝗭, 𝗣𝗥𝗘𝗦𝗜𝗗𝗘𝗡𝗧𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗖𝗢𝗡𝗙𝗘𝗥𝗘𝗡𝗖𝗜𝗔 𝗘𝗣𝗜𝗦𝗖𝗢𝗣𝗔𝗟 𝗗𝗘 𝗖𝗨𝗕𝗔 𝗘𝗡 𝗡𝗢𝗠𝗕𝗥𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗢𝗕𝗜𝗦𝗣𝗢𝗦 𝗖𝗨𝗕𝗔𝗡𝗢𝗦
📷 𝗖𝗼𝗿𝘁𝗲𝘀í𝗮 𝗱𝗲 𝗠𝗼𝗻𝘀. 𝗪𝗶𝗹𝗳𝗿𝗲𝗱𝗼 𝗣𝗶𝗻𝗼 𝗘𝘀𝘁𝗲́𝘃𝗲𝘇, 𝗼𝗯𝗶𝘀𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗔𝗿𝗾𝘂𝗶𝗱𝗶𝗼́𝗰𝗲𝘀𝗶𝘀 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝗺𝗮𝗴ü𝗲𝘆
(𝗙𝗿𝗮𝗴𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀: 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲)
𝗟𝗮𝘀 𝗰𝗹𝗮𝘃𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝗡𝗘𝗖
Una Iglesia que quiere ser misionera, porque si no lo fuera, sería como una secta que va derechamente al fariseísmo y dejaría de ser la Iglesia. Una Iglesia que quiere ser signo de comunión, porque si no lo fuera, sería como un Arca de Noé, con una parejita de cada especie, y dejaría de ser la Iglesia. Una Iglesia que quiere ser encarnada, porque si no lo fuera, entonces sí sería «opio del pueblo» y dejaría de ser la Iglesia…
𝗔𝗹𝗴𝘂𝗻𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗲𝘀𝘂𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀
Antes de empezar nuestra asamblea, los Obispos consideramos conveniente recordar o clarificar tres puntos, que no son propiamente nuestros, porque vienen del mismo sentir de las Asambleas Diocesanas:
1. El ENEC no va detrás de un Documento deslumbrante, aunque habrá un documento que pertenecerá al tesoro de la Iglesia cubana y en el que la Iglesia cubana quiere inscribir su acción pastoral. El ENEC tampoco va detrás de una fiesta, aunque es una celebración festiva de la Iglesia. El ENEC nació como un espíritu nuevo en nuestra Iglesia y este espíritu es más importante que los papeles y que la fiesta. El ENEC cumplirá realmente SU objetivo cuando este espíritu penetre en el corazón de la Iglesia, en su vida, instituciones y personas…
2. El ENEC significa solo una etapa intermedia, orientada hacia otras etapas intermedias también, hasta la meta que nos trasciende y que trasciende a la Iglesia misma. No es un final, sino un comienzo nuevo. Quiere ser profético, sugerente y programático: mirando a largo plazo. Por tanto, la intuición profunda del ENEC hay que realizarla en la paciencia de la Iglesia, que espera siempre, aun en la noche…
3. Si alguien tuviera aquí alguna preocupación por el clima que reinará en esta Asamblea, es porque ha olvidado muchas cosas. Ha olvidado el clima que reinó en las Asambleas parroquiales, vicariales, zonales y diocesanas durante cinco años. Ha olvidado que somos cubanos, hijos de este pueblo educado en tradiciones muy liberales y muy tolerantes, capaz siempre de ofrecer, capaz siempre de atender, capaz siempre de respetar…
Tenemos confianza en Dios, pero tenemos también confianza en ustedes. Durante estos 27 años la Iglesia cubana ha puesto en las manos de los laicos las cosas más queridas y más santas; las cosas a las que la Iglesia da la máxima importancia: les puso en las manos la Eucaristía para que la llevaran a los enfermos; les puso en las manos la Sagrada Escritura para que la leyeran en la Asamblea; les puso en las manos las celebraciones de la Palabra para que las presidieran; les puso en las manos la economía de las parroquias para que las administraran. Con la misma confianza, la Iglesia cubana les pone ahora en las manos su futuro, segura de la responsabilidad y seriedad, de la serenidad y coherencia, de la obediencia y objetividad de ustedes…
𝗟𝗮 𝗿𝗲𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇𝗼́𝗻
… No aspira nuestro ENEC a una reconquista de poderes, a un rescate de posiciones, favores o privilegios para la Iglesia. La Iglesia no quiere otra cosa que el espacio necesario para cumplir su misión; para dar también su juicio ético, moral, no político, aun sobre problemas no estrictamente religiosos, pero sí humanos, lo cual no constituye un privilegio sino un derecho y un servicio: el derecho que tiene el hombre a recibir la palabra de Dios y a iluminar toda su vida con la luz de esa Palabra. La Iglesia quiere anunciar, en franca amistad, su fe a todos los hombres, aun a aquellos que la consideren enemiga, porque ella no quiere sentirse enemiga de nadie. La Iglesia, en fin, espera que la fe deje de ser aquí un problema, una debilidad o un diversionismo ideológico; y que el futuro no se parezca al pasado. Y para llegar a esto, la Iglesia no tiene otro modo y otro lenguaje que el modo y el lenguaje del corazón...
𝗟𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗻𝘇𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗜𝗴𝗹𝗲𝘀𝗶𝗮
El Espíritu nos va a conducir por sus caminos, que no son nuestros caminos, a esa imitación cada vez más fiel de Jesucristo y a esa comunión cada vez más estrecha con nuestro pueblo cubano, con quien compartimos un mestizaje de fe, cultura y raza, y compartimos la dicha de haber nacido aquí…
Tenemos una esperanza y queremos dar palabras de esperanza a los que las pidan, a los que las necesiten, a las que han fijado sus miras solo en lo terreno como límite a sus aspiraciones humanas y sienten que les falta algo. No tenemos ni la primera ni la última palabra de todo, pero creemos que existe una primera y una última palabra de todo y esperamos en Aquel que la tiene, el Señor. En él miramos con serena confianza el futuro siempre incierto, porque sabemos que mañana, antes que salga el sol, habrá salido sobre Cuba y sobre el mundo entero la Providencia de Dios.