21/05/2026
MENSAJE RADIAL DE MONSEÑOR W***Y, ARZOBISPO DE CAMAGÜEY, EL DOMINGO 17 DE MAYO DE 2026: ASCENCIÓN DEL SEÑOR
ARZOBISPO: (Breve toque de campanas) ¡Muy buenos días para todos y feliz domingo! Comenzamos nuestro encuentro dominical haciendo juntos la señal de los cristianos, la señal de la cruz. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN. Que la alegría y la paz de Cristo resucitado estén hoy y siempre con todos ustedes. Y CON TU ESPÍRITU.
¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡VERDADERAMENTE HA RESUCITADO!
Y a continuación, con el siguiente canto, alabamos a Jesucristo Resucitado.
Canto: Alabaré a mi Señor
Queridos hijos e hijas: Hoy la Iglesia celebra la fiesta de la Ascensión del Señor. Jesús resucitado regresa a la gloria de su Padre. Ahora sí que podemos decir que el cielo ha sido conquistado por el hombre. Lo que no pudieron conseguir nuestros antepasados construyendo una torre para “llegar al cielo”, ahora lo consigue limpiamente Jesucristo que cumplió lo que su Padre le encargó y ahora regresa a Él. Parece una separación, pero no lo es, porque permanece con nosotros para siempre, en una forma nueva. Con su ascensión, el Señor resucitado atrae la mirada de los Apóstoles, y también nuestra mirada, a las alturas del Cielo para mostrarnos que el objetivo de nuestro viaje en este mundo es llegar al Padre. Tenemos que tener la mirada bien puesta en el Cielo y, a la vez, los pies bien puestos en la tierra. Escuchemos la narración que nos hace San Lucas de este encuentro del Resucitado con sus discípulos. Hoy tengo el gusto de tener nuevamente a mi lado al Padre José Gabriel Bastián, sacerdote de la parroquia de Santa Ana y de la comunidad del Reparto La Mascota. A él le pido hacer la lectura mencionada.
LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS, capítulo 24, versículos del 46 al 53: “En aquel tiempo, Jesús se apareció a sus discípulos y les dijo: “Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los mu***os al tercer día. Y que, en su nombre, se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Ahora yo voy a enviar sobre ustedes lo que mi Padre prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad hasta que reciban la fuerza de lo alto”.
Después salió con ellos fuera de la ciudad, hacia un lugar cercano a Betania; levantando las manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo. Ellos, después de adorarlo, regresaron a Jerusalén, llenos de alegría, y permanecían constantemente en el templo, alabando a Dios”. PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS.
Queridos todos: San Lucas narra también el hecho de la Ascensión al comienzo de los Hechos de los Apóstoles. Aquí, él menciona la nube que saca a Jesús de la vista de los discípulos, los cuales permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía hacia Dios. Entonces aparecieron dos hombres vestidos de blanco, instándoles a no quedarse inmóviles, diciéndoles: “Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir”. Le pido nuevamente al Padre Bastián que nos lea este otro relato de la Biblia.
LECTURA DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES, capítulo 1, versículos del 8 al 11: “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre cada uno, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.
Y después de decir esto, mientras ellos lo observaban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos. Estaban mirando atentamente al cielo mientras él se iba, cuando se presentaron ante ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron: Hombres de Galilea, ¿qué hacen mirando al cielo? Este mismo Jesús, que delante de ustedes ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera a como le han visto marcharse”. PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS, SEÑOR.
Amables oyentes: comparto con ustedes esta reflexión del fallecido Papa Francisco: Al final de su Evangelio, San Lucas narra el acontecimiento de la Ascensión de una manera muy sintética. Jesús llevó a los discípulos “hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían arrodillado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios “(24,50-53). Me gustaría destacar dos elementos de la narración. En primer lugar, durante la Ascensión Jesús cumple el gesto sacerdotal de la bendición y los discípulos seguramente expresan su fe con la postración, se arrodillan inclinando la cabeza. Este es un primer punto importante: Jesús es el único y eterno Sacerdote, que con su pasión atravesó la muerte y el sepulcro y resucitó y ascendió a los cielos; está con Dios Padre, donde intercede por siempre en nuestro favor (Cf. Heb 9:24). Como afirma San Juan en su primera carta Jesucristo es nuestro abogado.
¡Qué lindo escuchar esto! Cuando uno ha sido citado a un juicio, lo primero que hace es buscar a un abogado para que lo defienda. Nosotros tenemos uno que nos defiende siempre, nos defiende de las asechanzas del diablo, nos defiende de nosotros mismos, de nuestros pecados. Nosotros tenemos a este abogado, no tengamos miedo de acudir a él para pedir perdón, pedir la bendición, pedir misericordia. Él nos perdona siempre, nos defiende siempre ¡No olviden esto! (cf. 2:1-2). La Ascensión de Jesús al Cielo nos da a conocer esta realidad tan reconfortante para nuestro camino: en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestra humanidad ha sido llevada a Dios; Él nos ha abierto el paso; es como un guía en la escalada a una montaña que, llegado a la cima, nos hala a nosotros y nos lleva a Dios. Si confiamos a Él nuestra vida, si nos dejamos guiar por Él, estamos seguros de estar en buenas manos, en las manos de nuestro Salvador, de nuestro abogado.
Un segundo elemento: San Lucas menciona que los Apóstoles, después de ver a Jesús ascender al cielo, regresaron a Jerusalén “con gran alegría.” Esto parece un poco extraño. Normalmente cuando nos separamos de nuestros familiares, de nuestros amigos, de una manera definitiva, principalmente debido a la muerte, hay en nosotros una tristeza natural, porque no vamos a ver nunca más su rostro, no vamos escuchar su voz, no podremos disfrutar más de su cariño, de su presencia. En cambio, el evangelista pone de relieve la profunda alegría de los Apóstoles. ¿Por qué? Porque, con la mirada de la fe, entienden que, aunque no está ante sus ojos, Jesús permanece con ellos para siempre, no los abandona y, en la gloria del Padre, los sostiene, los guía e intercede por ellos.
La Ascensión no indica la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él está vivo entre nosotros de una manera nueva; ya no está en un preciso lugar del mundo tal como era antes de la Ascensión; ahora está en el señorío de Dios, presente en todo espacio y tiempo, junto a cada uno de nosotros. En nuestra vida nunca estamos solos: tenemos este abogado que nos espera, que nos defiende. El Señor crucificado y resucitado nos guía; con nosotros hay muchos hermanos y hermanas que, en el silencio y la oscuridad, en la vida familiar y laboral, en sus problemas y dificultades, en sus alegrías y esperanzas, viven cotidianamente la fe y llevan al mundo, junto con nosotros, el señorío del amor de Dios, en Cristo Jesús resucitado, ascendido al Cielo, nuestro abogado.
Canto: Te alabaré, te glorificaré
UNA ENSEÑANZA PARA SU VIDA
Queridos todos: Como sabemos, Jesús, siendo Dios, se rebajó haciéndose hombre hasta padecer, incluso, la muerte. Y claro que se rebajó: Dejó el trono divino para nacer en una cuna miserable; se olvidó de su gloria para ocultarse en un pueblo insignificante; el tres veces Santo ahora se pone un vestido de pecador; el todopoderoso ahora se arrodilla a los pies de sus discípulos para lavarles los pies; y luego, a pesar de su fuerza y su realeza, se dejó crucificar entre burlas
Todo en él había sido “prestado”: un b***o para entrar en Jerusalén, un lugar donde celebrar la cena con sus discípulos, una barca desde donde hablar al pueblo, cinco panes y dos peces para hacer un milagro…
Lo único suyo propio fue la cruz. Su trono es una cruz; su cetro, una caña con la que le golpean la cabeza; su corona, una corona de espinas. Su reino es para los pobres y humildes de corazón, para los mansos, los pacíficos y los misericordiosos; para los perseguidos por la verdad y la justicia. Su programa de vida se resume en el Sermón de la montaña, en las bienaventuranzas y el mandamiento de la caridad. Sus súbditos y sus amigos predilectos son los pobres y pecadores; sus compañeros de destino, los malhechores, como el llamado “buen ladrón”
Renunciando a su vida, probó la muerte. Ciertamente, Jesús se había despojado de su divinidad. Y hoy regresa a la gloria de su Padre. Jesús sube a los cielos y en nosotros brotan dos grandes esperanzas: el poder ir nosotros con él. Y el que Cristo venga a nosotros. Jesús había dicho: “Me voy a prepararles un lugar... para que donde yo esté, estén también ustedes”. Y estar con Cristo significa estar con el Padre, en el Espíritu; estar con María, y estar con todos los que hemos querido y conocido. La otra esperanza la pedimos cada vez que rezamos el Padre Nuestro cuando rezamos que “venga a nosotros tu Reino”. Pedimos la vuelta del Señor que Él nos prometió: “Volveré a ustedes”, dijo a sus discípulos. Y por eso la Iglesia no se cansa de pedir: ¡Ven, Señor Jesús!
Es verdad que hoy Jesucristo se va al cielo. Pero también es verdad que se ha quedado entre nosotros. Éstas son palabras suyas: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos”. Entonces no se trata propiamente de pedir que vuelva, sino de saber descubrir su nuevo modo de estar presente. Nos suele pasar como a los discípulos que no sabían que tenían a Jesucristo a su lado y lo confundieron con un caminante, un trabajador del cementerio o un vendedor de pescado.
La fiesta de la Ascensión, que hoy celebramos, significa que nuestro final está en Dios. Significa que nuestro horizonte es Dios. Es pues, una fiesta de esperanza: el futuro del ser humano y el futuro del mundo está en Dios. Podrán ir mal las cosas, la economía, las situaciones personales… pero la Vida que es Jesucristo será siempre más fuerte que todo lo que amenaza y dificulta nuestra vida. Estamos, por tanto, invitados a terminar nuestra vida en Dios. Por eso podemos afrontar el futuro con esperanza, porque el hombre es un ser para la vida.
No olvidemos que nosotros hemos sido ungidos para salvar, curar, dar esperanza a nuestros hermanos. “Vayan por todo el mundo”, dijo Jesús. Ésa es la misión que tenemos que continuar siendo sus testigos, no sólo de palabra, sino con nuestra vida. Que podamos decir que Dios es amor, amando; que podamos decir que Dios es misericordia, compadeciendo y perdonando; que podamos decir que Dios es gozo, viviendo en la alegría y en la esperanza; que digamos que Dios es comunión compartiendo nuestra vida con los demás.
LA PREGUNTA DEL DÍA
Quisiera saber cuándo y cómo se declaró Patrona de Cuba a la Virgen de la Caridad. Gracias por su respuesta.
Amable oyente: El 10 de mayo de 1916 quedó grabado para siempre en la historia religiosa y nacional de Cuba. Ese día, el papa Benedicto XV declaró oficialmente a la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba, acogiendo la petición realizada por los veteranos de las guerras de independencia cubanas.
Los invito a escuchar la carta que le enviaron los mambises al Papa pidiéndole que nombrara a la Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba y que leeré junto con el Padre Bastián.
A Su Santidad Benedicto XV.
SANTÍSIMO PADRE:
Los que suscriben, hijos de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, a Su Santidad humildemente exponen: Que son miembros unos y simpatizadores otros del Ejército Libertador Cubano, título que constituye el timbre de nuestra mayor gloria, por sintetizarse en él el supremo bien de la Libertad e Independencia de nuestra Patria; que junto a ese título ostentamos otro, que es el de pertenecer a la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, en cuyo seno nacimos, al amparo de sus preceptos vivimos y de acuerdo con ellos queremos dejar de existir, y esos dos títulos hacen que hoy, reunidos en la Villa del Cobre, en donde se encuentra el Santuario de la SANTÍSIMA VIRGEN de la CARIDAD, y postrados reverentemente ante su altar, acordemos acudir a Su Santidad para que realice la más hermosa de nuestras esperanzas y la más justa de las aspiraciones del alma cubana, declarando Patrona de nuestra joven República a la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre, y de precepto para Cuba, el día que lleva su Santísimo nombre, ocho de Septiembre.
No pudieron ni los azares de la guerra, ni los trabajos para librar nuestra subsistencia, apagar la fe y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa Virgen veneranda; y antes al contrario, en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro o como rocío consolador para nuestras almas la visión de esa Virgen cubana por excelencia, cubana por el origen de su secular devoción, y cubana porque así la amaron nuestras madres inolvidables, así la bendicen nuestras amantes esposas, y así la han proclamado nuestros soldados, orando todos ante ella para la consecución de la victoria y para la paz de nuestros mu***os inolvidados; y acusaría una vergonzosa ingratitud por nuestra parte el que a los beneficios que esa Virgen excelsa nos prodiga permaneciéramos inactivos o mudos y no levantáramos nuestra voz ante el sucesor de San Pedro para que haciéndose intérprete de los sentimientos del pueblo católico de Cuba y de los de su Ejército Libertador que profesan la religión de nuestros antepasados, y usando de las facultades de que se encuentra investido, declare, previos los trámites correspondientes, como Patrona de la República de Cuba a la Virgen de la Caridad del Cobre, y de fiesta eclesiástica en ella el día que lleva su Santo Nombre. Por tanto, a Su Santidad suplicamos humildemente, se sirva acceder benigno a nuestra solicitud. Villa del Cobre, a veinticuatro de Septiembre de mil novecientos quince.
Hasta aquí la mencionada carta. Ahora, a 110 años de aquel acontecimiento histórico, la Virgen de la Caridad sigue siendo símbolo de unidad, fe y esperanza para los cubanos dentro y fuera de la isla. Su Santuario en El Cobre continúa siendo lugar de peregrinación, oración y encuentro para miles de fieles que acuden a confiarle sus alegrías, dolores y sueños.
Queridos oyentes: Los invito ahora a rezar juntos la oración que el propio Jesucristo nos enseñó: el Padrenuestro. PADRE NUESTRO… Y, de la misma manera, rezamos a nuestra Madre del cielo, con la oración del Avemaría: DIOS TE SALVE, MARÍA…
Nos despedimos recibiendo la Bendición de Dios. Rezo para que esa bendición llegue, de manera especial, a los matrimonios en dificultad, a tantas personas que pasan solas su enfermedad, a los niños que tienen la suerte de estar viviendo con sus padres, y a todos aquellos que nos piden a los sacerdotes y a las monjas que recemos por ellos. No quisiera olvidar tampoco en esta bendición a los que están presos, a los que se sienten abandonados por sus familiares que decidieron emigrar, y a los que están pasando muchas dificultades económicas. Inclinen, por favor, sus cabezas. Los invito a que, a cada invocación, ustedes respondan AMÉN.
Jesucristo, el Señor Resucitado, esté siempre a su lado para defenderlos. AMÉN. Que Él vaya delante de ustedes para guiarlos y detrás de ustedes para protegerlos. AMÉN. Que él vele por ustedes y los sostenga. AMÉN. Y que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre cada uno de ustedes y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.
Espero, con el favor de Dios, que nos podamos encontrar nuevamente el próximo domingo, a las 9 de la mañana y por esta Emisora Provincial.
¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡VERDADERAMENTE HA RESUCITADO!
¡QUE TENGAN UNA BUENA SEMANA!
Canto: Jesús está entre nosotros