03/05/2026
Un corazón dispuesto delante de Dios
La Santa Cena es un momento profundo de comunión con Dios. Al participar del pan y del vino, recordamos el sacrificio de Cristo, su amor inmenso y la gracia que nos fue dada sin merecerla. Es un llamado a examinarnos, a dejar a un lado todo aquello que nos aleja de Él, y a renovar nuestro pacto con un corazón sincero.
El ayuno, por su parte, no es simplemente dejar de comer, sino una entrega espiritual. Es un tiempo donde negamos lo natural para fortalecer lo espiritual, donde callamos el ruido del mundo para escuchar la voz de Dios. Ayunar es humillarnos delante del Señor, reconociendo que dependemos totalmente de Él.
Cuando unimos la Santa Cena con el ayuno, nuestro espíritu se alinea con el propósito de Dios. Nos limpiamos por dentro, renovamos nuestras fuerzas y recordamos que no vivimos solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Hoy es un buen momento para acercarnos más a Él, con un corazón dispuesto, humilde y agradecido
Isaías 58:6
“¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?”
1 Corintios 11:23-26
“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;
y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”