24/07/2023
SALEM
NUESTRA MADRE PATRIA
“Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros”
Gálatas 4:26
INTRODUCCION
El Nombre de Salem, aparece en el antiguo testamento y se menciona por primera vez en Génesis 14:18, allí se narra que Melquisedec rey de Salem, s**o Pan y Vino para ministrarle la bendición a Abraham cuando este regresaba de la matanza de los reyes. Tanto de Melquisedec, como de la ciudad de Salem, son aparentemente unas figuras muy difusas que se pierden en la bruma del tiempo y del misterio. Estos dos nombres son figuras rodeadas de especulación, preguntas enigmáticas. Todo lo que podamos decir de Melquisedec, y la ciudad de Salem, donde era rey y sacerdote viene solo por la revelación que el Espíritu Santo concede sobre la misma palabra; como por ejemplo la similitud entre Melquisedec y el Señor Jesucristo en la ministraccion del Pan y el Vino.
Es importante destacar que Melquisedec era rey y sacerdote del Dios Altísimo, y que el Señor Jesucristo también se refirió, a un reinado que el sustentaba, pero que no procedía de este mundo (Juan 18:36-37). No hay tampoco que olvidar que Jesucristo fue declarado sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 5:5-6). Y así de la misma manera vemos que Melquisedec y el Señor Jesucristo ministraron sin la opresión de la ley de Moisés. Ambos eran reyes y sacerdotes sin la objeción de la ley. Es por medio de la revelación de Dios que va apareciendo delante de nuestros propios ojos, como emergiendo de la espesa bruma de lo ignoto las figura de la antiquísima ciudad y su rey. Ambos salidos de los arcanos tiempos, para formar un común denominador que hay entre ambos sacerdotes del Dios Altísimo, y la ciudad que ellos representan.
SHALOM: LA CIUDAD DE PAZ
Mucho se especula acerca de lo que es Salem; la ciudad de la cual surge la figura de Melquisedec como rey y sacerdote. A este respecto hay muchas posturas imaginativas y conjetúrales, generadas por los comentarios especulativos de historiadores como Josefo, y algunos diccionarios bíblicos. Pero si observamos con objetividad cada una de las exposiciones que hacen los eruditos sobre la ciudad de Salem, veremos el grado de incertidumbre e inseguridad que plantean sus aseveraciones. Quienes suponen o hacen alusión a una ciudad llamada Salem, solo hacen una tímida y pálida suposición.
En realidad no existe una prueba contundente de que históricamente, haya existido una ciudad sobre la tierra llamada Salem, en la cual haya vivido un rey llamado Melquisedec. Son muchísimos los trabajos de investigación sobre este tema, pero todos ellos a falta de pruebas históricas irrefutables, a los eruditos no les han quedado más remedio que apoyarse en meras suposiciones. Con esta aseveración no estoy negando la existencia de Salem, sino que estoy tratando de decir que esa Salem de Génesis 14:18 no es una ciudad terrestre, y que la Jerusalém terrestre de Palestina, es solo “sombra” de la verdadera Jerusalem que es “Salem” ; la Jerusalem celestial. A la que el apóstol Pablo se refiere en Galatas 4:26 como la Jerusalem de arriba.
Salem no puede ser una ciudad terrestre; por que el libro de hebreos 7:3 dice que Melquisedec, el rey de Salem; es: “sin padre, sin madre, sin genealogía, no teniendo principio de días, ni fin de vida”. ¿Habrá alguna ciudad terrestre con personas que no tengan padre, ni madre, ni genealogía, ni principio días, ni fin de vida, y que sean hechos semejantes al hijo de Dios? ! Por supuesto que no ¡Por esta característica entendemos que, lo que esto quiere decir, es que Salem no es una vulgar ciudad terrestre. Podemos entender más sobre Salem, si contemplamos el mensaje contenido en la misma palabra “Melquisedec”.Segun el diccionario strong, la palabra Melquisedec es una palabra compuesta de dos raíces hebreas: 1) “Malkiy”. 2) “Tsedeq”.
La palabra Malkiy, es derivación de la palabra Melek # 4428 del diccionario strong, la cual significa: Rey.
La palabra “Tsedeq” es la palabra # 6664 del diccionario strong y significa: Justicia, derecho; como concepto legal, también significa equidad y prosperidad.
Es en el libro de hebreos donde encontramos una mayor aportación a este concepto. Recordemos Hebreos 7:1-2, hablando de Melquisedec dice” Por que este Melquisedec rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo…Cuyo nombre significa primeramente rey de justicia, y luego también rey de Salem, esto es rey de paz…” Al decir: primeramente rey de justicia, y luego también rey de Salem”, lo que esta es ayudándonos a interpretar el concepto “rey de Salem”.Con esto nos esta induciendo a entender que “rey de Salem”, no es solamente “rey de justicia”, sino que es un concepto muchísimo mas amplio, por eso empieza por confirmar lo básico al decir “Cuyo nombre significa primeramente rey de justicia (Tsedeq)”, forzándonos a mirar mas allá de lo que se ve a simple vista, cuando agrega: “y luego también rey de Salem, esto es rey de paz”, esto lo hace como diciendo que la comprensión de ese concepto no esta en la interpretación superficial de la palabra Tsedeq (Justicia), sino en mirar detenidamente lo que significa Salem, y para eso debemos evocar la narración bíblica de Génesis 14:18 donde dice: “Entonces Melquisedec, rey de Salem, s**o pan y vino…”
La palabra Salem, es la palabra # 8004 del diccionario strong: Shalem, la cual se deriva de la palabra # 7965 del mismo diccionario strong: Shalowm o Shalom, lo cual significa. Paz, bienestar, felicidad, prosperidad, descanso, seguridad, plenitud, contentamiento,, amistad llena de amor, la condición propia para que se desarrolle el amor verdadero. ! Todo esto significa Salem ¡Y ahí, en ese lugar que se tiene todas esas condiciones, esta el tabernáculo de Dios, por que el Salmo 76:2 dice: “En Salem esta su tabernáculo”.
Esa es la Salem de Melquisedec debido a que no solamente es rey, sino que Génesis 14:18 confirma que también es sacerdote del Dios Altísimo. La razón por la que Melquisedec es sacerdote en Salem, es por que ahí esta el tabernáculo del Dios Altísimo. Por esto Hebreos 7:1 define a Melquisedec como rey y sacerdote, por que en el, hay un concejo de paz entre los dos oficios (Zacarías 6:13); el oficio de rey y el oficio de sacerdote. Y eso es el Orden de Melquisedec, por que solo en esa Orden pueden estar juntos oficios en la misma persona como lo fue en Melquisedec, en el rey David, y en el Señor Jesucristo. Por todo esto Salem es la ciudad donde se desarrolla el amor verdadero, donde existe la justicia y la paz eterna. Allí en Salem esta toda la prosperidad, bienestar, descanso, felicidad, seguridad, bondad. Es por esta razón que el Señor Jesús nos manda “a amarnos los unos a otros” (Juan 15:12). Esa fue la ley suprema dejada por el Señor a sus discípulos; la ley del amor.
El amor es el mas grande distintivo, y la mas certera evidencia de aquel que es un verdadero discípulo del Señor (Juan 13:34-35).
El universo entero se sustenta en el amor del Padre al dar a su Hijo (Juan 3:16), de ese amor nació la justicia, la libertad, hermandad, tolerancia, buena voluntad. Solo en ese amor no se hace nada indebido, no se es egoísta, no se tiene envidia, nunca se irrita, ni se guarda rencor (1Corintios 13:1-8). Esta fue la base de las enseñanzas del Señor Jesús: “Habéis oído que se dijo: Amaras a tu prójimo, y odiaras a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen…” (Mateo 5.43-44) Y por eso mismo Juan declara: “Por que este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros…” (1 Juan 3:11)
El Señor Jesucristo vino a instaurar en la tierra el sacerdocio que opera en Salem; el sacerdocio de Sahalom; el Orden de Melquisedec. Un sacerdocio de Justicia, de paz, de bondad, de benignidad, de amor, de prosperidad, de realización, de plenitud y descanso, en fin de todo lo bueno. Esa fue la razón para que Dios constituyera en Jesucristo un reino de sacerdotes (1Predro 2:5,9; Apocalipsis 1:5-6). Por eso es que los sacerdotes según el Orden de Melquisedec, no pueden maldecír, por que la maldición es un fenómeno ajeno al concepto de Shalom. De ahí que fuese necesario terminar con la maldita maldición de viejo pacto, en el establecimiento del Pacto de la bendición: El Pacto del Pan y del Vino (Génesis 14:18-20; Lucas 22:19-20; 1Corintios 10:16).
Eso fue lo que el Señor Jesucristo le inculco a Jacobo y a Juan en el pasaje de Lucas 9:54-55, cuando ellos querían ejercer sacerdocio para que cayera fuego del cielo y así consumir a los habitantes de una aldea en samaria, y Él les dijo: “Vosotros no sabéis de que espíritu sois…”, esa exclamación del Señor se debe a que quien es embajador o ministro de Salem en la tierra no debe haber en el: venganza, represalia, odio, rencor, resentimiento por que eso es desconocido en Shalom. Cuando el apóstol Pablo habla en Galatas 5.22 y 23 sobre los frutos del Espíritu, y aclara que: “contra tales cosas no hay ley”, es por el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio son características propias del sacerdocio de esta ciudad celestial llamada Salem, la Jerusalén de arriba, la que Galatas 4:26 dice que es nuestra Madre Patria, que es libre, libre de la objeción de la ley.
Esa es la verdadera Salem, la ciudad que tiene por rey a un sacerdote: Melquisedec, el Melek de Shalom. Esta fue la Madre Patria ofrecida a Abraham en Génesis 12: 1, cuando le aseguro una tierra de porvenir eterno: “Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostrare.” En Hebreos 11:8 dice que por la fe Abraham “obedeció, saliendo para un lugar que había de recibir como herencia; y salio sin saber a donde iba.”, pues aclara en el verso 10, que el “esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” Y que aunque murió sin recibir la promesa confeso que solo eran un peregrino sobre la tierra (vs11). Dando a entender que el buscaba una “patria propia”…una patria mejor, es decir, una patria celestial. Y Dios no se avergonzó de ser llamado Dios de Abraham, pues le preparo una morada en Salem (Filipenses 3.20; Hebreos 11: 13-16).
Esa fue la promesa del Señor Jesucristo a su Iglesia; prepararle un lugar, una morada eterna, en la Santa Ciudad:” En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; por que voy a preparar un lugar para vosotros…Vendré otra vez y os tomare conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros” (Juan 14:2-3).
¿Esperas con fe esta promesa? ¿Anhelas el retorno del rey, para que te lleve a la Santa ciudad: Salem?
EL DIOS TUYO, TE HA PREPARADO UNA CIUDAD
¿Por que fue que Dios no se avergonzó ser llamado el Dios de Abraham? ¿Por qué Dios le preparo una ciudad cuyo arquitecto y constructor era Él? Por la obediencia a su Palabra, y por que no se apego a nada, ni a nadie, al creer en la promesa.
¿Por que crees que el Señor no se avergonzara de ser llamado tu Señor? ¿Por que ha de prepararte una morada con Él en Salem? De seguro que será por la misma respuesta anterior: Por tu esfuerzo a la obediencia de su voluntad, y de su palabra (Mateo 7:21; Lucas 13:24-30), y por que no te apegaras a nada, ni a nadie en este mundo por la fe en la promesa hecha por el Señor Jesús:
“En la casa de mi Padre hay muchas moradas…voy a preparar un lugar para vosotros…Vendré otra vez y os tomare conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros” (Juan 14:2-3).
Así que hermanos; Cristo nuestro sumo sacerdote nos ha preparado una ciudad, una Madre Patria en los cielos, donde esta un tabernáculo no de esta creación (Hebreos 9:11, 24).Y nos ha hecho un llamamiento celestial para que participemos de su sacerdocio eterno (Hebreos 3:1). Pero como este es un llamamiento celestial, igual al que recibió Abraham, nos exige obediencia a la voluntad de su Palabra, y salir del apego a todo lo terrenal, a todo lo emocional, a no depender de todo aquello que nos pueda impedir obtener la promesa.
Gran ejemplo nos dejo Nuestro Señor Jesucristo, quien demostró una total indiferencia por adquirir cualquier cosa de este mundo terrenal, el manifestó un total desprendimiento al mundo material y emocional, declarando: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36). El apóstol Santiago en el capitulo 4, verso 4 apegado a la doctrina del Señor dice: “¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia a Dios? Por tanto el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” Y es que solo a través de un compromiso desprendido de lo terrenal, podemos tener acceso a lo celestial. Cuando vivimos apegado a lo terrenal somos prisioneros del desamparo, la desesperanza, las necesidades mundanas y los intereses egoístas, características distintivas de un cristianismo mediocre.
No es que no podamos sentir emocionalmente un poco de placer o adquirir cualquier cosa en mundo material, pero debemos renunciar a nuestro apego a ello. Cuando vivimos emocionalmente apegados a cualquier cosa material, sea: familia, amigos, vehículos, casas, propiedades, cheques, ropa etc..., perseguimos solo símbolos, y estos símbolos así como llegan, también se van. Y perseguir símbolos es algo que solo produce afán y ansiedad, lo cual acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por dentro (Mateo 6: 19-34).
Un mínimo de comodidades materiales evidentemente es indispensable. Pero si queremos tomar posesión de la ciudad celestial y conservar la vida verdadera, no le podemos conceder tanta importancia a las comodidades, porque entonces la carne será quien te aceche, y ella se unirá a unas corrientes turbulentas, que te alejaran de tu gran objetivo: La ciudad del Gran Rey. Trata de librarte de todas las cargas embarazosas, de todas las preocupaciones por cosas emocionales y materiales que no son absolutamente necesarias, con el fin de ir cada vez más lejos, poner más la mirada en las cosas de arriba, donde esta la meta del cristianismo verdadero. Bien lo decía el apóstol Pablo: “busca la cosas de arriba, donde esta Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra…considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muerto” (Colosenses 3:1-2,5).
A la Iglesia de Cristo la han convertido en un termómetro de estatus social; una catedral de cristal, los diplomas teológicos, el hermoso y prospero ministerio, las cuentas bancaria, las propiedades, la casas, la esposa glamorosa, los vestidos, las joyas... Es en esto, en lo que los cristianos modernistas y tecnócratas se fijan primero para formar una opinión “espiritual” sobre los demás. Esta es una actitud tan terrenal, animal y diabólica, muy opuesta a lo que es el plano espiritual (Apocalipsis 3:17).
Cuando el mas más rico, el más hermoso, el más grande y más fuerte que los demás en el terreno de las virtudes, merece que el Señor le considere y se ocupe de él. Pero los cristianos han olvidado este concepto de nobleza y de riqueza espirituales; han conservado criterios exclusivamente materiales y emocionales, sin ver que estas formas del mundo de abajo reflejan las del mundo de arriba. Aferrándose exclusivamente en las emociones placenteras, y las apariencias físicas, han olvidado que la riqueza, la belleza, la grandeza y el poder materiales, son pálidos reflejos de un mundo infinitamente superior que deben esforzarse en alcanzar (Hebreos 11:3).
Una buena enseñanza espiritual hace necesariamente hincapié en una fe sostenida en lo invisible, esto es necesario, porque lo que más necesitan los cristianos, es salir del mundo visible que les rodea. Mientras las enseñanzas se dirijan solo a sastifacer lo material y emocional, el hombre seguirá esclavo del mundo terrenal. ¿Como se encaminara un creyente a la Madre Patria Celestial prometida, si es aferrado mas a este mundo terrenal? Por lo cual es bueno seguir a aquellas doctrinas cristianas que solo incitan a tomar una orientación en las cosas invisibles, les invita a dirigir su mirada hacia un mundo superior. Incluso aunque no puedan armonizar enseguida sus actos con la ley espiritual que se deriva de la fe en Dios, progresivamente adquieren la capacidad de impulsarse a hacer esfuerzos para elevarse hasta Él. Dios les tiende unos hilos invisibles, y la fe firme con la que se mantiene viendo al invisible, les permitirá atrapar esos hilos y hacer los esfuerzos necesarios para elevarnos, sin temor a que se rompan (Hebreos 11:27).
Ninguna practica espiritual es superior a la costumbre de concentrase en los lugares celestiales, por que es en esas regiones, donde se halla la fuente de todos nuestros bienes. Así lo afirmo el apóstol Pablo en Efesios 1:3 al decir: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” Por lo tanto concentrémonos en el punto más elevado donde esta nuestro gran sumo sacerdote Jesucristo, así nos veremos siempre obligados a proyectarnos hacia arriba. En la medida que mantenemos la mirada en las cosas de arriba, se abrirá un camino ante nosotros, restableciendo un puente con la ciudad celestial. Solo en el momento que nos conéctenos con nuestra Madre Patria, la bendición se hace efectiva, y podremos decir con firmeza: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
Pero cuando no hay una buena enseñanza espiritual; el dinero, la comodidad, el confort, los bienes, la casa, el carro, protección, casarse con alguien rico etc.… esto es lo que la mayoría de los creyentes piden en sus oraciones. Pero la función de la oración no consiste en obtener ventajas materiales o emocionales: sus beneficios son de otra naturaleza. Cuando a través de la oración, el Espíritu de Dios, se amalgama con nuestro espíritu, y este influye en nuestro corazón y nuestros pensamientos, se requieren regalos de naturaleza divina: revelación, sabiduría de Dios, poder, gracia, luz, inspiración etc…Estas dadivas y dones perfectos son parte de la voluntad divina que desea que actúen en las personas que entran en contacto por medio de la oración. Esas dadivas espirituales permitirán a quienes están cerca de ti, que se sientan vivificadas, reconfortadas, consoladas, otorgando su confianza, su amistad; y puede ser que un día esta amistad adopte la forma de una ayuda material. La oración debe ser mas de beneficios espirituales (Lucas 12:15,30-34; 1 Juan 5:14-15).
No quiero decir con esto que estoy en contra de la satisfacción emocional, del progreso material que hace la vida más fácil, más confortable y placentera; pero tal como lo vive la mayoría de la gente, el confort y el placer son peligrosos porque activa la carne y esta se opone a la actividad del espíritu. Cualquier actividad emocional o física se relaciona con el espíritu, y por lo tanto vivir de las satisfacciones emocionales, y poner la mirada las comodidades materiales, son un obstáculo para las facultades del espíritu, vida esencial para logros celestiales. Desgraciadamente, la satisfacción emocional, el confort y la abundancia material son, a menudo trampas de Satanás, que se hacen incompatibles con la verdadera vida espiritual. Tales gratificaciones solo generaran el conflicto entre el espíritu y la carne (Romanos 8:5-17; Galatas 5:16-17).
Cuando tenemos todo lo necesario, y hasta lo superfluo, no hacemos ningún esfuerzo, nos dejamos llevar, y sin saberlo, paralizamos dentro de nosotros la vida intensa del espíritu. Por eso, si Dios nos envía, a veces, ciertas privaciones, no es por crueldad, sino para empujarnos a desarrollar la paciencia, la fuerza de carácter, la necesidad de superarnos. Si estamos tranquilos, si nunca encontramos ni dificultades, ni enemigos, somos felices, claro, pero los resultados espirituales son muy malos: se produce una acumulación de sensaciones que se apegan a la materia, estas aunque son inútiles y se pudren, ninguna fuerza puede ya eliminarlas, porque ya no hay esta vida intensa mantenida por la actividad del espíritu. Así que, no debemos revelarnos contra ciertas privaciones que el destino pueda enviarnos, si no que, al contrario, debemos acogerlas con gratitud porque ellas nos permitirán alimentar en nosotros la vida intensa del espíritu. Quien vive en la fuerza de su espíritu desarrolla en su interior, el poder de una vida indestructible.
Este fue el gran éxito de Abraham: “esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” Nunca quito la mirada de los lugares celestiales, su fe, fue el instrumento de su victoria, nunca puso la mirada en las cosas terrenales, ni siquiera lo amarraban los lazos afectivos de su familia. El obedeció al llamamiento celestial que el Señor le hizo: “Entonces Abram se fue como el Señor le había dicho” (Génesis 12:4). El nunca se desanimo, y aunque su cuerpo se deterioro por los años esperando la promesa, no perdió su fe de vivir en tan anhela Madre Patria celestial. Siempre vivió como un peregrino sobre la tierra. Esa era la misma visión del apóstol Pablo, su vida estaba sustentada en lo eterno, y no el lo temporal. El vivía en un absoluto desprendimiento, en el desapego a todo cuanto significara lo terrenal, diciendo: ” Porque no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve, ya que las cosas que se ven son pasajeras, pero las que no se ven son eternas.”(2 Corintios 4:18).
Hoy vemos como los cristianos buscan constantemente seguridad en el apego al dinero y los lazos familiares. Cuando escuchamos frases como: “Me sentiré bendecido cuando tenga X cantidad de dinero por que entonces tendré independencia económica y podré jubilarme”, esto significa que la persona es insegura, y cree que el dinero puede suplirle la seguridad deseada. Otra gran cantidad de ellos se apegan a sentimientos y lazos afectivos para encontrar en ellos una respuesta de amor y no sentir el frió de la soledad. Pero muchos lazos afectivos y amorosos les han calcinado por completo el alma, para luego acusar al amor de ser la causa de todas sus desgracias. Esa es la idea que los cristianos de hoy tienen de la “espiritualidad” está siempre, más o menos, unida a las posesiones: de dinero, una casa, un coche, un oficio,... amigos, una mujer, hijos. En la medida en que no pueden obtenerlos, son desgraciados, y si los pierden, es para ellos una catástrofe. Pero el que llega a descubrir un día lo que es la verdadera felicidad, comprende que en realidad no depende de ningún objeto, de ninguna posesión, de ningún ser, porque viene de arriba, y se alegra sin saber ni siquiera porqué.
Esta felicidad es un estado de gozo que no le abandona. Ni siquiera las dificultades y las pruebas de la vida consiguen turbarle, porque precisamente no depende de ninguna condición exterior, material. Ante esto el apóstol Pablo decía cosas como estas: “Nada me causa molestia… de ninguna cosa hago caso… todo lo tengo por basura…se vivir en la escasez y en la abundancia” Esta dicha inefable sólo la pueden obtener, quienes se sumergen en la vida del espíritu, en el océano de la armonía del espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicense 5:23). Solo el que tiene de esa gracia inagotable, puede actuar como el fenómeno natural de la respiración: Inspirar, expirar... inspirar, expirar... Esa si es la respiración del alma, que puede disfrutar de la felicidad verdadera.
CONCLUSIÓN
Esperamos que esta enseñanza espiritual te acerque a la dimensión celestial, esa es la intención de estos tratados y también nuestra oración. Que puedas poner más la mirada en las cosas de arriba, que logres comprender el valor, la grandeza y la belleza de una enseñanza espiritual y decides seguirla... Si la sigues, entonces nunca retrocedas con el pretexto de que tal o cual aspecto te parece demasiado difícil de aplicar. Desde el momento en que acepte que esta enseñanza te dará los métodos para perfeccionarte, desarrollarte y vivir una nueva vida, no la abandones bajo ningún pretexto. Evidentemente, puedes tener otras ambiciones, otros fines. Existen otros caminos, y hay cientos de ellos, pero conducen a otra parte, aportan otras cosas y cada uno puede elegir. Pero si en verdad solo deseas entrar por las puertas de la Gran Ciudad; Salem, debes hacer todo lo posible para converger hacia este objetivo que es la esperanza del creyente que a puesto sus ojos en Cristo Jesús.
Aquel que sueña llegar a Shalom, se llena del más grande atributo de Dios, Su amor. Y quien aprende a buscar de Él, a alimentarse de su amor, no sólo será rico, sino que se volverás generoso. Tal riqueza genera el deseo de dar, se abre y siente amor hacia los demás. Es la pobreza de amor, la que mas engendra odio. Cuando veas a alguien que no manifiesta ni amor, ni nobleza, ni generosidad, significa que interiormente es pobre y miserable. Quienes sufren el virus del mal de amor, tal privación que experimentan les vuelven celosos, malvados, rencorosos. Los verdaderos ricos no sienten molestias y hostilidad hacia nadie. Los verdaderos ricos son aquellos que viven provistos del sobrenatural amor de Dios, y viven en tal abundancia que necesitan dar. Aunque se hallen en la miseria externa, viven interiormente en tal plenitud que jamás podrán mostrarse envidiosos ni rencorosos. Todo por que la dadiva de Shalom, la Ciudad de la Luces ha descendido a su corazón (Santiago 1:17).
Para recibir del Padre su luz como riqueza espiritual, debemos formular una súplica al Señor: “Dios mío hasta hoy he querido orar por satisfacciones emocionales y materiales, pero me he dado cuenta que eso solo me ha servido para volverme carnal, apagado, débil y pobre. A partir de hoy, ya no quiero orar de esa manera: envíame la luz del Espíritu de Verdad para que me guié a y me enseñe a distinguir la verdad de lo falso y evitar los peligros. Inscribe mi nombre en tu gran Libro, por que quiero convertirme en tu servidor”.De seguro que el Padre de las luces, no solo te bendecirá con una sola luz, sino que te aportara las siete luces o siete espíritus que se alzan ante el trono de Dios. La luz de la vida, la luz de la santidad, la luz de la sabiduría, la luz de la eternidad, la luz de la verdad, la luz de la fuerza, la luz del amor divino y sacrificio. Estas son las siete luces o espíritus de virtudes que emanan de Dios. El mundo fue creado por medio de la luz primordial Cristo, y si el hombre aprende a trabajar con su luz también puede llegar a ser creador de luz (Apocalipsis 1:4; 4:5; 5:6) ( Colosenses 1:13-20).
Hermanos no olvidemos que el Señor Cristo Jesús dijo: “Estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. Esto significa por tanto que no ha abandonado la tierra. Cristo, como principio universal encarnado en Jesús, no ha abandonado la tierra, está ahí, trabajando. Ha abandonado la tierra física, pero permanece para siempre en la tierra espiritual, “la tierra de los vivos” mencionada en los Salmos, y desde ahí protege, ilumina y guía a todos aquellos que desean caminar en su luz. Está escrito que después de su muerte Jesús ascendió a la Salem de arriba; y es cierto, se halla en su Gran Ciudad, todo su ser está allí en ese tabernáculo, pero trabaja en la tierra. Es necesario que comprendamos bien esto. Nosotros estamos en la tierra y nuestras antenas están en la Jerusalén celestial. Mientras que nuestro Señor Jesucristo, todo su ser se halla en el Lugar Santísimo, pero su actividad, su “cuartel general”, su real sacerdocio si se le puede llamar de este modo, se halla en la tierra. Es ahí dónde ha instalado el Orden de Melquisedec, con todos sus sacerdotes a su alrededor, y es ahí en el Sacerdocio de Jesucristo donde debemos de participar en su trabajo.
Se que ahora os habéis acercado mas “a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalém celestial, y a miríadas (cantidad indefinida) de ángeles” (Hebreos 12:22). Muy pronto se abrirán las puertas de la Gran Ciudad dorada; Salem, que brilla entre sus hermosas piedras preciosas, y sus calles de oro. En su hasta esta ondeando la bandera del amor, paz, y la Justicia eterna. Allí El Rey de Salem; Melquisedec, Él enigmático sacerdote que siendo hecho semejante al Hijo de Dios, y ostentando un sacerdocio eterno, nos espera para conformar un reino de sacerdotes para Dios, su Padre (Hebreos 7:1-3). Por lo tanto no quites la mirada de Salem nuestra Madre Patria, y obedece a la Palabra de Dios. Únete a quienes abrazan tan noble ideal. Aunque son poco numerosos los que tiene esta esperanza, existen en la tierra unos seres que han comprendido la importancia de vivir como peregrinos en la tierra ¿Por que no te dedicas a participar de su trabajo? ¿Por que no te unes a esas organizaciones espirituales que esta en la tierra? Aquel que busca la vida verdadera, Dios le indica donde se encuentran los seres que le han hallado, con el fin de que puedan ayudarle y llevarte con ellos, y que jamás te sientas aislado.
Si logras mantenerte fiel y salir vencedor, el Señor cumplirá su promesa: Una morada en el Templo de Dios: “Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca mas saldrás de allí; escribiré sobre el él nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén” (Apocalipsis 3:12).
conoscamos nuestros verdaderos origenes y a donde debemos regresar bendiciones amados hermanos.
Si deseas más tratados que te ayuden a alimentar tu Sueño en Salem, estamos dispuestos a servirte. Aquellos que andan buscando la verdad, estas enseñanzas le permitirán recuperar la senda perdida, senda que ya no hay quien recuerde.