18/05/2026
Hace 151 años, el 18 de mayo de 1875 a las 11:15 de la mañana, el nororiente colombiano y el occidente venezolano fueron sacudidos por uno de los terremotos más devastadores en la historia de ambos países: el gran terremoto de Cúcuta o “Terremoto de los Andes”. El movimiento telúrico, cuya magnitud ha sido estimada entre 6.8 y 7.5 Mw, tuvo su epicentro en la región de Cúcuta y causó la destrucción casi total de numerosas poblaciones fronterizas.
Las primeras señales del desastre comenzaron días antes. El domingo 16 de mayo se sintieron fuertes temblores que agrietaron viviendas, y el lunes 17 ocurrieron nuevas sacudidas acompañadas de ruidos subterráneos y un ambiente de tensión entre los habitantes. Sin embargo, pocos imaginaron que aquello sería el preludio de una catástrofe sin precedentes.
El terremoto destruyó completamente a San José de Cúcuta y afectó gravemente a poblaciones como Villa del Rosario, San Luis, Arboledas, Salazar de las Palmas, Gramalote, Bochalema y San Faustino, mientras que en Venezuela los daños alcanzaron a San Antonio del Táchira, Capacho, San Cristóbal, Rubio, Michelena, La Grita y Colón. Incluso el sismo fue sentido en ciudades lejanas como Bogotá y Caracas.
Villa del Rosario fue una de las poblaciones más golpeadas. La histórica villa, reconocida por haber sido sede del Congreso de 1821 donde nació la Gran Colombia, quedó prácticamente reducida a escombros. El antiguo Templo Histórico colapsó durante el terremoto y sus ruinas permanecen hasta hoy como símbolo de la tragedia. Las casas coloniales construidas en tapia, bahareque y tejas de barro cedieron ante la violencia del movimiento sísmico, transformando para siempre la arquitectura y la vida de la región.
Los efectos naturales también fueron impresionantes. Testigos de la época reportaron grietas profundas en la tierra, emanaciones de aguas negras y olores sulfurosos en zonas cercanas a los ríos Pamplonita y Táchira. Además, aparecieron nuevas fuentes termales en sectores de Cúcuta y Villa del Rosario, fenómeno que fue interpretado por muchos habitantes como señales sobrenaturales.
Entre las historias transmitidas por tradición oral sobresale la de las Abuelitas Conde, sobrevivientes del terremoto en Villa del Rosario. Según el relato popular, ellas se encontraban hilando algodón en su casa de bahareque —ubicada en lo que hoy corresponde al sector de Villa Antigua— cuando comenzaron a percibir un fuerte olor a azufre y observaron que los pájaros de sus jaulas morían repentinamente. Instantes después aseguraron ver a la Virgen del Rosario desplazándose en andas por el aire. Atemorizadas, se arrodillaron exclamando: “¡Virgen Santísima del Rosario! ¿Qué va a suceder?”. Segundos después ocurrió el devastador remezón que destruyó gran parte de la región. De manera considerada milagrosa por la comunidad, su vivienda fue una de las pocas que permaneció en pie y ellas sobrevivieron sin sufrir daño alguno.