27/02/2026
Carta a la Tristeza
(Para los días en que el alma habla bajito)
Tristeza…
Llegas sin anunciarte.
No tocas la puerta, te filtras por las rendijas del recuerdo,
te sientas en la mesa del pensamiento
y suspiras dentro del pecho.
Tienes olor a ausencia.
Sabor a lágrimas contenidas.
Peso de silencio largo.
A veces te confunden con debilidad,
pero yo sé que no siempre eres enemiga.
Eres señal de que algo fue amado,
de que algo fue esperado,
de que algo dolió porque fue importante.
Pero escucha bien…
No eres eterna.
La Palabra declara en Eclesiastés 3:1 que “todo tiene su tiempo”.
Y tú, tristeza,
también tienes fecha de caducidad.
Hay un momento para llorar,
sí…
pero también hay un momento para danzar.
La Escritura susurra en Salmos 34:18
que cercano está el Señor a los quebrantados de corazón.
Así que cuando tú apareces,
yo no estoy sola.
El cielo se inclina más cerca.
Tristeza…
no te temo.
No me defines.
No me gobiernas.
No me nombras.
Puedes atravesar mi valle,
pero no puedes robarme la promesa.
Porque aunque mis ojos se humedezcan,
mi espíritu permanece de pie.
Y si la noche se alarga,
recuerdo lo escrito en Lamentaciones 3:22-23:
“Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos…
nuevas son cada mañana”.
Yo soy mujer de mañanas nuevas.
Soy hija de misericordias renovadas.
Soy alma sostenida por la esperanza.
Así que pasa, tristeza…
cumple tu propósito de recordarme que soy humana.
Pero cuando el alba asome,
retírate en silencio.
Porque mi casa interior
le pertenece al gozo del Señor.
— MikisterioKairosde Dios! 👑💕