23/02/2026
🌿 – “El único bueno es Dios”
📖 Lucas 18:19 – “Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno: Dios.”
Hay un pasaje en la Biblia que siempre me toca el corazón. Es cuando un joven rico se acerca a Jesús y le dice: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Y Jesús le responde: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno: Dios.”
Cada vez que leo esas palabras, pienso en lo claro que Cristo fue al enseñarnos que la verdadera bondad solo viene de Dios. A veces la gente piensa que los cristianos somos perfectos, que no fallamos, que no pecamos, pero la Palabra dice lo contrario. En Romanos 3:23 nos recuerda: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.” Todos somos imperfectos, todos luchamos cada día contra algo.
Ser cristiano no significa no fallar; significa levantarse cuando uno cae. Significa reconocer que uno necesita de Dios todos los días. En 1 Juan 1:8 dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” Esa es la realidad. Todos tenemos una batalla interna, y muchas veces la pelea más dura no es contra el enemigo, sino contra nuestra propia carne.
El apóstol Pablo lo dijo con mucha sinceridad en Romanos 7:19: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” Qué cierto eso es. Todos, en algún momento, hemos querido hacer lo correcto, pero caemos por debilidad. Y aun así, Dios nos extiende su misericordia.
Yo mismo he tenido momentos en los que he fallado, en los que he sentido tristeza, coraje o confusión. Pero también he sentido la voz de Cristo diciéndome: “Ven a mí, porque mi misericordia es nueva cada mañana.” Y ahí entiendo que no es la perfección lo que define a un cristiano, sino la perseverancia, el deseo sincero de seguir buscando de Dios.
El cristiano cae, pero se levanta. Porque sabe que el amor de Cristo es más grande que cualquier tropiezo. Proverbios 24:16 dice: “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse.” Eso es lo que nos mantiene firmes. No somos perfectos, pero caminamos hacia la perfección que un día alcanzaremos cuando estemos vestidos de blanco delante del Señor.
Ahora bien, muchas veces el mundo no entiende eso. A veces el que está afuera trata de humillar al cristiano, de hacerlo chocar con ideas que confunden, exigiéndonos perfección, burlándose de nuestras caídas, diciendo que debemos quedarnos callados o que debemos poner siempre la otra mejilla. Pero no siempre es así. Hay momentos en los que, aunque haya ofensa, Dios nos llama a defendernos, a pararnos firmes en la fe.
Dios no nos hizo cobardes. La Biblia dice en 2 Timoteo 1:7: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” El cristiano fue llenado de amor, poder y dominio propio. No para andar humillado, sino para vivir con dignidad como hijo de Rey.
Mire el ejemplo de David. Cuando Dios lo mandó a enfrentarse a Goliat, no le dijo que lo abrazara ni que se escondiera. Le dio una piedra y le dio la victoria. En muchas ocasiones, el cristiano tiene que levantarse con valentía para defender su fe y sus acciones. No con odio, ni con violencia, sino con la firmeza del Espíritu y con el corazón guiado por Dios. Porque defender la verdad no te quita lo cristiano; al contrario, te reafirma como hijo del Altísimo.
Nuestra lucha diaria no siempre es contra lo externo; muchas veces es interna. Luchamos contra el orgullo, la rabia, los deseos, las tristezas y los miedos. Pero cuando buscamos de Cristo, Él nos da la paz que el mundo no puede dar. Jesús dijo en Juan 14:27: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.”
Y esa es la verdad. Si en este momento sientes que tu vida está en tormenta, si tu hogar está herido, si el trabajo te pesa o si sientes que has perdido la calma, busca de Cristo. Él es quien sana, quien restaura, quien transforma. Él no te rechaza, no te señala. Te recibe con los brazos abiertos.
Yo sé lo que es sentir debilidad, pero también sé lo que es sentir la misericordia de Dios. Y esa misericordia es la que me levanta todos los días para seguir luchando, para seguir creyendo, para seguir caminando.
Así que sí, los cristianos fallamos, nos equivocamos, a veces perdemos el control, pero tenemos a Cristo, el consumador de la fe, que nos perdona y nos enseña a ser mejores cada día. Si hoy sientes que necesitas paz, búscala en Él. Solo en Cristo hay calma, hay alegría, hay esperanza.
Porque al final de todo, no somos nosotros los buenos. El único bueno es Dios. Y a Él sea toda la gloria. ✝️