30/04/2026
El llamado de Moisés en la zarza ardiente (Éxodo 3) rompe todos nuestros esquemas. No fue elegido por su elocuencia, no fue llamado por sus logros, sino desde el anonimato en medio del desierto.
Dios no vio un líder formado… vio un corazón disponible.
Nuestra generación valora títulos, plataformas y resultados visibles. Pero Dios mira más profundo: busca disposición, obediencia y rendición. Moisés dudó, temió y puso excusas, pero hubo algo que marcó la diferencia: respondió con obediencia.
El Reino de Dios no exalta al más capaz, sino al que dice “heme aquí”. Porque cuando hay disposición, Dios añade dirección, poder y propósito.
Dios no necesita tu perfección, pero sí tu entrega. No busca lo que ya eres, sino lo que puede formar en ti.
Tal vez no te sientes suficiente. Moisés tampoco. Pero cuando alguien está dispuesto, Dios se encarga del resto.