03/09/2026
No se debe restringir a nuestro “padre” y “madre” literal, sino que debe ser entendido por todos nuestros superiores. “El fin del Precepto es que, dado que el Señor Dios desea la preservación del orden que Él ha designado, los grados de preeminencia fijados por Él deben preservarse inviolablemente. El resumen, por tanto, será que debemos reverenciar a aquellos a quienes Dios ha exaltado a cualquier autoridad sobre nosotros, y debemos rendirles honor, obediencia y gratitud...
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Por lo tanto, no debe dudarse que Dios aquí establece una regla universal para nuestra conducta: a saber, que a todos los que sabemos que están colocados en autoridad sobre nosotros por su designación, debemos rendir reverencia, obediencia, gratitud y todos los demás servicios a nuestro alcance. Tampoco importa si son dignos de este honor o no. Pues cualquiera que sea su carácter, no es sin el nombramiento de la divina providencia que han alcanzado ese puesto, por lo que el Supremo Legislador ha mandado que sean honrados. Él ha ordenado especialmente reverencia a nuestros padres, quienes nos han traído a esta vida.
-Texto extraido del libro "Los Diez Mandamientos" de Arthur W. Pink.
Los límites de esta sujeción y obediencia, están establecidos hasta donde no se nos pida quebrantar la ley moral de Dios, pues por encima de las autoridades, está la máxima autoridad, que es la de Cristo Jesús, a quien el Padre ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra, y ante quien toda rodilla se doblará y confesara que Jesús es el Señor. Por lo que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Salvo ésta excepción, estamos llamados a obedecer en todo a nuestros padres porque esto agrada al Señor (Col.3:20), a sujetarnos a nuestros jefes (1Pd.2:18-20), a las autoridades civiles (Rom.13:1ss),
obedecer a nuestros pastores (Heb.13:17), a temer a Dios y a honrar al rey (1Pd.2:13-17).