30/07/2026
“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos” (1 Corintios 16:13). Este llamado de Pablo confronta una realidad dolorosa en muchas iglesias, la ausencia de hombres dispuestos a tomar responsabilidad espiritual. Hay demasiados hombres cómodos, distraídos y pasivos, más preocupados por sus propios intereses que por la gloria de Dios y el bienestar de su hogar y la iglesia. Hombres que han renunciado al llamado de ser siervos, protectores y guías espirituales, dejando tales responsabilidades a sus esposas o demás mujeres en la congregación. La masculinidad bíblica no se trata de orgullo, dureza o superioridad, sino de valentía, sacrificio, dominio propio y disposición para servir como Cristo sirvió.
La iglesia no necesita hombres que simplemente ocupen una silla cada domingo, sino hombres que oren, que conozcan la Palabra, que defiendan la verdad, que lideren con humildad y que estén dispuestos a pagar el precio del discipulado. Cuando los hombres abandonan su responsabilidad espiritual, la familia y la iglesia sufren las consecuencias. Es tiempo de despertar, abandonar la comodidad y volver al llamado de Dios: hombres firmes en la fe, fuertes en el carácter y comprometidos con la misión de Cristo. No necesitamos más espectadores; necesitamos hombres transformados por el evangelio.