31/05/2015
hola amaigas y amigos los invito a leer y comentar los mensajes mensuales del obispo Congregador en nuestra página: www.fedejesus.org aqui voy a pegar el mesanje del mes de mayo
DIOS ES ESPIRITU DE AMOR
La Buena Nueva de Jesús cambió el concepto de Dios como un ser separado de nosotros; como un Ser todopoderoso al que hay que rendirle culto y ofrecerle sacrificios para desagraviarlo, para redimir nuestras faltas, para apaciguar su ira….Jesús centró su predicación y sus acciones en hacernos entender que Dios está en nosotros y nosotros en Dios; que Dios no es un ser sino Espíritu, que es el papá que transmite la esencia de Ser a sus hijas e hijos. Y no es que Jesús se haya inventado esta verdad sino que la descubre, así como su Maestro Moises, cuando entendió que la presencia de Dios era fuego eterno, como una zarza que ardía sin consumirse y que su nombre era “Yo Soy.” Jesús se basa en las Sagradas Escrituras que en su familia aprendió, estudió y vivió; enseña que Dios es amor y que no quiere ofrendas ni sacrificios, ni cultos y alabanzas separados de la justicia (Isaías 1, 13); incluso cita el salmo 82,6 cuando recuerda que todos somos Dios (Juan 10,34).
La conciencia y el nivel de iluminación de Jesús lo llevaron a entender y anunciar una verdad que no todos lograron descubrir y menos todavía hacer vida en sus costumbres y en su culto. Las generaciones posteriores a los discípulos de Jesús, en su mayoría de origen judío, diseñaron un cristianismo acomodado a su cultura y tradición, ocultando la Buena Nueva; endiosaron la persona de Jesús para reemplazar la de Moisés y con el transcurrir del tiempo surgió la teoría de las tres personas distintas en un solo Dios y se le aplica al cristianismo el lenguaje y el imaginario cultural del imperio romano dominante. Aprendemos entonces a dirigirnos a Dios como “Señor” y a separar los roles de la divinidad como si se tratara de funciones separadas de un señor feudal; al mismo tiempo se nos inculca la actitud infantil de ineptos e incapaces de todo por lo cual hay que acudir a los intermediarios del “señor” para reverenciarlo, contentarlo y suplicarle su clemencia. Igual que otras religiones, este cristianismo hecho a imagen del imperio dominante, camufla el mensaje de la Buena Nueva centrando su atención en el profeta, ahondando así la división, la confrontación y las guerras, que aún hoy persisten en nuestro planeta.
La Buena Nueva es que nuestro Dios no es Moisés, ni Jesús, ni Mahoma, ni ninguno de los Maestros y Profetas. Nuestro Dios es Espíritu y el Espíritu es nuestro Dios, está en nosotros y es la esencia de nuestro ser. El Espíritu es Unidad, es Libertad, es Novedad, es creación y es Amor. El Espíritu es más que las religiones y más que los textos sagrados; sopla donde quiere y cuando quiere, hace nuevas todas las cosas, nos enseña la verdad completa (Juan 14,16).
Uno de los símbolos del Espíritu es el fuego y por eso la experiencia de los seguidores de Jesús en Pentecostés se representa como la presencia de lenguas de fuego sobre sus cabezas cuando se les abre su mente y llegan a ese nivel de conciencia que les permite entender que Dios no es un señor, ni un rey, ni un ser separado de nosotros, sino la fuerza interior de la unidad, de la libertad y del amor que supera toda creencia, toda barrera y toda división. Es fácil imaginar que cuando se llega a este nivel en nuestra existencia la vida se ve distinta y nuestro sentido se eleva hasta entender que somos Uno y Todo en Espíritu, que en Él estamos nos movemos y existimos. Pienso que esta fue la experiencia vivida por las amigas y amigos de Jesús, después que él trascendiera de este mundo y Espíritu les enseñara en su interior la verdad que habían escuchado con sus oídos.
No se trata de creer en Moisés o en Jesús sino en los mensajes que dejaron, en la Buena Nueva que enseñaron. Seguir el “Yo Soy” que está en nuestros corazones y escuchar a Espíritu que habla y enseña en nuestro interior. Lo importante no es profesar la fe en la Biblia, ni en Jesús, ni siquiera en Dios, porque hasta los demonios creen. Lo importante es aceptar y profesar que somos engendrados por el Espíritu, que somos de su esencia y que podemos escucharlo y seguirlo en nuestro interior para asumir nuestra tarea de ser misioneros de la unidad, la paz y el Amor sin fronteras.
Sabemos de memoria los milagros y la historia de Jesús pero poco sabemos de escuchar al Espíritu que habla en nuestra vida y hace nuevas todas las cosas. Generalmente es más fácil recordar el pasado que afrontar la novedad de los cambios del Espíritu que sopla donde quiere y cuando quiere. En la experiencia de Pentecostés los seguidores de Jesús superan el recuerdo y la nostalgia de su presencia física y por fin entienden que somos Uno en el Espíritu, que no hay religiones, ni países, ni clases sociales, que no somos los dominadores de nada ni de nadie porque todos y todo somos Uno, todos y todo somos Espíritu de Amor.
Obispo José Darío Soto Soto
Agua Viva, Arazazu Caldas, Mayo de 2015
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