Cristianos

Cristianos “La Voluntad de Dios no te llevará donde su Gracia no te proteja”.

26/05/2026


26/05/2026

26 de mayo de 2026

El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

El nuevo mandamiento


1 Juan 2:6 [RV60]

El que afirma que permanece en él, debe vivir como él [Jesús] vivió.

¿Por qué deben los cristianos imitar a Cristo? Deben hacerlo por su propio bien. Si desean ser espiritualmente saludables para huir de la enfermedad del pecado y para disfrutar de la vitalidad de una gracia que va en aumento, Jesús debe ser su modelo. Por el bien de su propia felicidad, si desean beber con mayor profundidad de su mejor vino, si quieren disfrutar de una santa y feliz comunión y unidad con Jesús, y si desean que lo eleven por encima de las preocupaciones y los problemas de este mundo, deben “vivir como él [Jesús] vivió”.

Para tener un andar piadoso rumbo al cielo nada te servirá tanto de ayuda como llevar la imagen de Jesús en tu corazón y permitir que él gobierne tus emociones. Serás el ser más feliz y de la mejor manera exhibirás su cualidad de hijo si caminas con Jesús siguiendo sus pisadas, fortalecido por el poder de su Espíritu Santo. Por otro lado, si caminas alejándote de él, te sentirás inquieto e inseguro.

Entonces, procura ser como Jesús por el bien del evangelio. ¡Oh, pobre evangelio, has sufrido crueles embates de tus enemigos pero no ha sido nada en comparación con las heridas que te propinaron tus amigos! ¿Quién produjo las heridas en las dulces manos de la piedad? Fue el que se profesaba creyente que usó la daga de la hipocresía. Y aquellos que ingresan al redil de manera fraudulenta, que no son más que lobos “disfrazados de ovejas” (Mat_7:15), perturban más al rebaño que un león desde afuera. No hay arma tan mortífera como un “beso de Judas”. Los creyentes profesantes que son incoherentes e inconstantes producen más daño al evangelio que el ateo o el crítico mordaz.

Por último, imita el ejemplo de Cristo en especial por el bien del mismo Cristo. Querido cristiano, ¿amas a tu Salvador? ¿Es su nombre precioso para ti? ¿Es su causa verdaderamente importante para ti? ¿Deseas que los reinos de este mundo le pertenezcan? ¿Es tu deseo que él sea glorificado? ¿Anhelas que las almas sean ganadas para él?

Entonces, ¡imita a Jesús! Sé una epístola de Cristo, “conocida y leída por todos” (2Co_3:2).

25/05/2026

25 de mayo de 2026

y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.

Hechos 13:39 [RV60]

Todo el que cree es justificado.

El creyente en Cristo recibe inmediata justificación. La fe no produce este fruto gradualmente, a través del tiempo, sino que lo produce ahora. Como la justificación es el resultado de la fe, se le da al alma en el mismo momento en que acepta a Cristo como “todo en todos” (1Co_15:28) y es también en ese mismo momento que Cristo la salva. ¿Son justificados aquellos que están ante el trono de Dios? Por supuesto, ¡pero también nosotros! Estamos tan verdadera y claramente justificados como los que están vestidos de ropas blancas, como aquellos que incluso ahora entonan alabanzas melodiosas con la música de las arpas celestiales. El ladrón de la cruz fue justificado en el mismo instante en que volvió sus ojos de fe hacia Jesús; el anciano apóstol Pablo, luego de muchos años de servicio, no fue más justificado que el ladrón que ni siquiera tuvo la oportunidad de servir.

Hoy somos “aceptos en el Amado” (Eph_1:6, RVR 1960) y eximidos del pecado. Hoy hemos sido absueltos ante el tribunal de Dios. ¡Qué pensamiento tan movilizador para el alma! Sí, hay algunos racimos de uvas de Escol que no recogeremos hasta que no estemos en el cielo, porque ese racimo pende de las paredes del cielo (ver Num_13:23). No es como “los productos de la tierra” (Jos_5:11) que no los podremos recoger hasta que crucemos el Jordán. No es “el maná en el desierto” sino que “es el pan que baja del cielo” (Joh_6:49-50); es parte de nuestro alimento diario que Dios nos provee para nuestras actividades cotidianas.

Ya, desde este mismo momento, él nos perdona. Ya nos quita nuestros pecados; ya somos aceptados a los ojos de Dios como si nunca hubiéramos sido culpables. “Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús” (Rom_8:1). Ni un solo pecado permanece en el Libro de Dios, incluso en este mismo instante, contra ningún integrante de su pueblo. ¿Quién puede atreverse a presentar siquiera un cargo contra ellos? No hay “mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección” (Eph_5:27) en ningún creyente en lo que se refiere a su justificación a los ojos del que juzga toda la tierra.

Que nuestro privilegio presente nos despierte a nuestra obligación presente, y lo haga ahora. Mientras estemos en este mundo, que podamos dedicar nuestra vida a nuestro dulce Señor Jesús.

24/05/2026

24 de mayo de 2026

Mas ahora Cristo ha resucitado de los mu***os; primicias de los que durmieron es hecho.

1 Corintios 15:20 [RV60]

Cristo ha sido levantado de entre los mu***os.

Todo nuestro sistema de fe descansa en el hecho de que “si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes” y que ustedes “todavía están en sus pecados” (1Co_15:14; 1Co_15:17). La prueba más certera de la divinidad de Cristo es su resurrección dado que él “fue designado con poder Hijo de Dios por la resurrección” (Rom_1:4). Por tanto, si no hubiera resucitado, habría sido razonable dudar de su deidad.

La soberanía de Cristo también depende de su resurrección, “para esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han mu**to como de los que aún viven” (Rom_14:9). Nuestra justificación, una de las más grandes bendiciones del pacto, está relacionada con la triunfante victoria de Cristo sobre la muerte y también sobre la tumba, porque “él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación” (Rom_4:25). Por tanto, aun nuestra regeneración está ligada a su resurrección porque él “nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva” (1Pe_1:3).

Lo más importante es que nuestra resurrección final se apoya en su resurrección porque “si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los mu***os vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los mu***os también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes” (Rom_8:11). Si Cristo no ha resucitado, entonces nosotros no resucitaremos, pero si él “ha resucitado” (Mat_28:6), entonces aquellos que durmieron en él no perecieron sino que “en [su] carne [han] de ver a Dios” (Job_19:26, RVR 1995).

En consecuencia, el hilo de plata de la resurrección corre a través de cada bendición del creyente, desde la regeneración hasta la eterna glorificación final, y las asegura unidas. Por tanto, ¿qué podría ser más importante para un creyente que el glorioso hecho de la resurrección de Cristo? ¿Qué podría traer más regocijo que esta gran verdad establecida más allá de toda duda: “Cristo ha sido levantado de entre los mu***os”?

La promesa se ha cumplido,
La obra redentora está hecha,
La justicia con la misericordia, reconciliada;
Porque Dios ha resucitado a su Hijo.
JOSEPH HART, 1712-1768

23/05/2026

23 de mayo de 2026

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

Efesios 1:3 [RV60]

Nos ha bendecido … con toda bendición espiritual en Cristo.

Cristo bendice a su pueblo con toda bendición del pasado, del presente y del futuro. En las misteriosas épocas pasadas, el Señor Jesús fue la primera elección de su Padre y compartimos un interés en tal elección porque “Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo” (Eph_1:4). Desde la eternidad pasada él ha disfrutado todos los privilegios de ser el amado “Hijo unigénito” (Joh_1:14) del Padre. Y “según las riquezas de su gracia” (Eph_1:7, RVR 1960) por adopción y regeneración también nos ha elevado a la categoría de hijos y nos ha dado “el derecho de ser hijos de Dios” (Joh_1:12).

El pacto eterno, basado en la obligación de su cumplimiento y dado que se “confirmó con un juramento”, es nuestro; nuestro para “fortísimo consuelo” (Heb_6:17-18, RVR 1995) y plena seguridad. En el eterno y sólido fundamento de la sabiduría que predestinó y por un decreto omnipotente, los ojos del Señor Jesús se han fijado por siempre en nosotros. Y podemos descansar seguros sabiendo que en toda la eternidad venidera no hay poder opositor que prevalezca contra los intereses de sus redimidos.

La grandiosa propuesta matrimonial del Príncipe de gloria es nuestra, porque con nosotros se ha comprometido, y pronto será declarado a la totalidad del universo por medio de los votos matrimoniales sagrados. El milagro de la encarnación del Dios del cielo, junto con la asombrosa sumisión y humillación que vienen con él, es nuestro. El efecto de su sudor de sangre, los azotes y la cruz son nuestros para siempre. Todas las gloriosas consecuencias que fluyen de su perfecta obediencia y expiación consumada así como su resurrección, su ascensión y la intercesión son nuestras, porque son parte de su regalo. Ahora él lleva nuestro nombre en su coraza y con autoridad intercede a nuestro favor, recordándonos por nombre y presentando nuestro caso ante el trono. Él emplea su dominio sobre “autoridades” y “potestades” (Eph_6:12) y su absoluta majestad en el cielo es en beneficio de aquellos que confían en él. Su alta condición es tanto para nuestro beneficio como lo ha sido su humillación.

Aquel que se entregó por nosotros hasta las profundidades del sufrimiento y de la muerte no retira el regalo ahora que está sentado en el trono de las alturas celestiales.

22/05/2026

22 de mayo de 2026

Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos,

Mateo 12:15 [RV60]

Lo siguió mucha gente, y sanaba a todos.

¡Qué asombrosa cantidad de enfermedades terriblemente espantosas y repugnantes habrán pasado ante los ojos de Jesús! No obstante, no leemos que él se haya molestado; al contrario, atendió con paciencia cada caso. ¡Qué variedad de males sin precedentes se habrán reunido a sus pies! ¡Cuántas heridas abiertas, olorosas y nauseabundas habrá presenciado! Sin embargo, él siempre estuvo preparado para cada nueva faceta del mal y salió victorioso cualquiera fuera la forma bajo la cual se presentara el mal. Las flechas de maldad podían volar provenientes de donde fuera, pero él siempre apagó su poder abrasador. Tanto el calor de la fiebre, el frío de la mala circulación, los temblores de la parálisis, los arrebatos de la locura, la inmundicia de la lepra como la oscuridad de la ceguera, todos conocieron el poder de su palabra y huyeron ante su orden. No importa cuál fuera la dolencia, él triunfó sobre el mal y recibió la honra de parte de los cautivos que liberó.

Él vino, él vio, él conquistó … ¡por todas partes! Y en esta mañana esto sigue siendo así. Cualquiera sea mi problema específico, mi Médico amado puede sanarme. Y cualquiera sea la condición de aquellos a quienes yo recuerde en oración en este momento, pueden tener la esperanza en Jesús de que él será capaz de sanarlos de sus pecados. Sea mi hijo, mi amigo o la persona que yo más quiera, puedo tener esperanza por cada uno de ellos al tan solo recordar el poder sanador de mi Señor. Cualquiera sea mi situación personal, ya sea que esté luchando con el pecado o con una enfermedad grave, puedo “[tener] ánimo” (Mat_9:2, RVR 1995). Aquel que una vez anduvo por este mundo, trayendo sanidad por donde iba, sigue dispensando su gracia y hoy obra milagros entre la gente. En este momento permíteme acudir a él de todo corazón.

Déjame alabarle en esta mañana al recordar cómo ha obrado sus sanidades espirituales que lo hicieron tan conocido. Él cargó con nuestras dolencias, porque “por sus llagas fuimos nosotros curados” (Isa_53:5, RVR 1995). La iglesia aquí en la tierra está llena de almas que nuestro amado Médico ha sanado, y los habitantes del cielo confiesan: “sanaba a todos” (Mat_12:15, RVR 1995).

Oh, ven, alma mía, y dile al mundo de la bondad de su gracia. “Esto le dará renombre al SEÑOR; será una señal que durará para siempre” (Isa_55:13).

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Santiago De Cali
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