21/05/2026
Este Domingo vivimos un tiempo poderoso en la presencia de Dios.
La palabra nos confrontó y transformó, enseñándonos que el orgullo nos aleja, pero la humildad nos acerca al corazón de Dios.
Entendimos que el verdadero crecimiento comienza cuando rendimos nuestro corazón, dejamos a un lado el ego y permitimos que Dios tome el control de nuestras vidas.
El antídoto del orgullo es un corazón humilde, dispuesto a obedecer y reconocer que sin Dios nada somos.
Fue un culto de adoración sincera, donde muchos corazones fueron quebrantados y restaurados por Su presencia.