05/11/2023
¡¡Todo ser que Aliente, Alabe al Señor!!
DOMINGO ###I DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – “EL QUE SE ENALTECE SERÁ HUMILLADO Y EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO”.
Entramos ya en la etapa final del año litúrgico, y en este trigésimo primer domingo, el mensaje de la Palabra de Dios es para mover las conciencias, tanto a nosotros como sacerdotes como al pueblo que está a nuestro alrededor, pues verdaderamente y como repetíamos en el salmo 130: “Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor” … en Él y solo en Él, encontraremos la paz y la guía en estos tiempos tan complejos que estamos viviendo.
En la primera lectura del profeta Malaquías, nos narra la sentencia que esta sobre los sacerdotes y levitas, que han perdido su horizonte, que han dejado de hacer su oficio conforme al mandato divino y se han dejado arrastrar por las cosas del mundo… esta lectura pareciera una radiografía de nuestros tiempos… y esta crítica precisamente se dirige a quienes están encargados del culto digno, pues si de quien está al frente de toda una comunidad, no hace que este pueblo viva una cercanía con Dios, el pueblo se relaja ante la poca oración, testimonio y calidad del culto. Por eso la sentencia, si las cosas no cambian, retirara de su presencia a sus sacerdotes y toda la actividad cultual porque en lugar de agradarle, lo irritan con tanta falacia…
Por eso San Pablo en su carta a los Tesalonicenses, nos muestra las virtudes de lo que debe ser un verdadero sacerdote, misionero y predicador, ante el pueblo: “los tratamos con la misma ternura con la que una madre estrecha en su regazo a sus pequeños. Tan grande es nuestro afecto por ustedes, que hubiéramos querido entregarles, no solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida.” I Tes. 2, 7b – 8… Pues el evangelio, noticia que libera, debe llevarnos a vivir el mandato principal del Señor, el Amarnos los unos a los otros, aceptando nuestras diferencias, pero corrigiendo en el camino para ayudarnos a crecer… Por eso quien está a cargo de las comunidades, debe ser cercano, afable, amable, para que puedan tener la confianza de exponer las situaciones y ser un verdadero pastor que guie al aprisco por el camino de Dios.
En el evangelio, Jesús hace la crítica puntual a quienes se han tomado la posición de Moisés, de orientar al pueblo, pero se han convertido en “abusadores del pueblo”, aquellos que explotan su posición para someter, sobornar y dañar a las personas, todo por un interés personal… Tengamos en cuenta este aspecto, pues en nuestros tiempos vemos como muchas personas, toman las redes sociales para hacer unas predicaciones… en casos muy buenos, pero en otros casos, son destructivos, denigrantes, y actúan como los fariseos, imponen ideas, pero ellos mismos no las viven… por eso la advertencia de Jesús: “no dejen que los llamen ‘maestros’… A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’ … No se dejen llamar ‘guías’” … Porque es muy fácil para las personas, y mucho más en nuestro mundo de hoy, dejarse llevar por personas, que por las enseñanzas de Dios… olvidamos lo espiritual, para dejarnos llevar por lo físico, y encontramos maestros en las artes espirituales, padres y guías de movimientos que hacen una mezcla de tantas cosas que desdibujan el camino que nos conduce al Padre Dios… volvemos entonces al mensaje de la primera lectura…
Por eso el mensaje que nos deja hoy el evangelio es orar, orar mucho por la vocación de todos los consagrados a Dios, diáconos, religiosos, sacerdotes y obispos, para que al servirlo muestren el Rostro de Dios a todos a quienes nos acerquemos, y no mostremos nuestra humanidad sino la bondad de Dios, siendo verdaderamente Siervos del Señor, Discípulos en camino a la patria celestial… y que nuestras comunidades sientan que el culto que ofrecemos a Dios, los acerque y santifique para que guiados por los encuentros alcancen su santificación.
La Santísima Virgen María, San José, su Casto Esposo, nos guíen para ser verdaderos siervos, verdaderos hombres y mujeres, comprometidos con el Evangelio de Cristo, aquel que nos libera nos llena de su amor y de su misericordia para con todos, sin distinción alguna.
¡¡Amén!!