26/08/2026
A veces la amargura comienza con una herida, una decepción, una palabra o una situación que decidimos guardar. Con el tiempo, aquello que parecía pequeño puede crecer y afectar nuestra manera de pensar, sentir y relacionarnos.
Pero Dios no quiere que vivamos atados a lo que nos hirió. 🤍
Él puede arrancar toda raíz de amargura y traer sanidad a nuestro corazón.