28/08/2026
La parábola del hijo pródigo nos recuerda que, aunque nos alejemos de Dios, siempre podemos regresar a sus brazos. El hijo menor se fue, desperdició su herencia y terminó vacío, pero reconoció su error y volvió arrepentido. El padre lo recibió con amor y alegría. Sin embargo, el hijo mayor también estaba distante: permanecía en casa, servía, pero su corazón estaba lleno de orgullo y resentimiento. A veces podemos alejarnos de Dios por rebeldía o, incluso estando cerca, tener el corazón lejos de Él. No importa cuál sea nuestra situación, hoy es un buen momento para regresar al Padre. Dios es compasivo, perdona al que se arrepiente y espera con los brazos abiertos. Acerquémonos a Él con humildad, amor y un corazón dispuesto a vivir como Jesús.