31/05/2026
Hoy, como iglesia, queremos honrar con todo nuestro amor a cada madre que el Señor ha puesto en medio de nosotros.
A ustedes, mujeres valientes, esforzadas y llenas de amor, queremos decirles: gracias. Gracias por las noches sin dormir, por las oraciones en silencio, por las lágrimas que nadie vio, por los abrazos que sanaron, por los consejos que guiaron y por ese amor que muchas veces se entregó sin esperar nada a cambio.
Una madre es una de las formas más hermosas en las que Dios nos recuerda su ternura. En sus manos hay cuidado, en su voz hay consuelo, en su mirada hay esperanza, y en su corazón hay un amor que se parece mucho al amor del Padre.
Hoy bendecimos a las madres que están presentes, a las que luchan en silencio, a las que han criado solas, a las que han tenido que ser fuertes aun con el corazón cansado. También recordamos con amor a aquellas madres que ya partieron a la presencia del Señor, pero cuyo amor sigue vivo en cada enseñanza, en cada recuerdo y en cada oración que dejaron sembrada.
Madres, quizás muchas veces han sentido que nadie ve su esfuerzo, pero Dios sí lo ve. Él conoce cada sacrificio, cada lágrima, cada madrugada, cada preocupación y cada oración que ustedes han levantado por sus hijos y sus familias.
Que el Señor las abrace hoy con amor eterno. Que renueve sus fuerzas, que sane sus heridas, que recompense su entrega y que les recuerde que su labor no ha sido en vano.
En este día les decimos con todo el corazón: las amamos, las honramos y damos gracias a Dios por sus vidas.
Feliz Día de las Madres.
Con amor, su iglesia. 🫂