22/01/2025
𝐋𝐋𝐄𝐕𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐀 𝐋𝐎𝐒 𝐌𝐈́𝐎𝐒 𝐀 𝐎𝐑𝐀𝐑
❞𝐘 𝐬𝐚𝐥𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨, 𝐬𝐞 𝐟𝐮𝐞, 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐨𝐥𝐢́𝐚, 𝐚𝐥 𝐦𝐨𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐎𝐥𝐢𝐯𝐨𝐬; 𝐲 𝐬𝐮𝐬 𝐝𝐢𝐬𝐜𝐢́𝐩𝐮𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐥𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧❞. (𝐋𝐮𝐜𝐚𝐬 𝟐𝟐:𝟑𝟗)
Pasajes complementarios: Lucas 22:45
Cuando Jesús se dirige al Monte de los Olivos a orar, dice la Biblia que sus discípulos también le siguieron. No se fue a orar solo, no les prohibió seguirle, no les pidió privacidad, no se ocultó, no les dijo que se sentía triste y angustiado y que por eso necesitaba espacio, privacidad; todo lo contrario, no solo les permitió seguirlo, sino que, además, les pidió que oraran por Él.
Entonces el Señor nos enseña que hemos de llevar también a nuestra familia al Monte de los Olivos, hemos de llevar a nuestros discípulos, a aquellos los cuales Dios nos da la oportunidad, la bendición de ministrar a sus vidas, de ser instrumento de Dios para pastorear, para apacentarlos; hemos de llevarlos a la oración y que lo hagan de la manera como Jesús lo hacía, como Jesús solía hacerlo, constante y permanentemente.
El Señor estaba experimentando algo muy fuerte, y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza.
Jesús llevó a sus discípulos para orar, no para hacer algo diferente, no para que lo acompañaran, no para darle fuerza moral, no para hacerle compañía porque se sentía muy solo, porque Jesús sació ese momento buscando la compañía y el compañerismo de su Padre.
Jesús los llevó a orar para que aprendieran a buscar al Padre como Él lo hacía, para que en Él hallaran consuelo y fortaleza como Él lo hacía; para que aprendieran que uno puede estar rodeado de gente y estar completamente solo, pero que en Dios siempre hallarían descanso.
Cuando llevamos a los nuestros a orar, estamos dándoles el mejor regalo, la mejor herramienta, la mas grande ayuda; cuando oramos y les invitamos a que nos acompañen, no estamos haciéndolo para que sean ellos nuestra fortaleza, sino para que con nuestro ejemplo, ellos también se fortalezcan en Dios.
Aprendemos de Jesús, además, que cuando permitimos que otros oren con nosotros en momentos de dificultad, estamos haciendo que nuestro dolor y angustia se conviertan en enseñanza también para otros y en bendición para muchos más.
𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Ahora Señor y Dios, tómame en este momento, tómame para mostrar con mi vida la importancia de la oración y poder llevar a los míos a que hagan lo mismo, a que oren para que no caigan en la tentación de la tristeza que les está agobiando. Tú mismo estabas en agonía, Jesús, pero aún tú seguías ministrando a los tuyos; ayúdame a ver mis dificultades como oportunidades para enseñar a otros a que te busquen; ayúdame a llevar a los míos a orar como tú lo hiciste con tus discípulos. De ahora en adelante, ¡oh Dios!, buscaré tu rostro delante de ellos, para que ellos vean cómo tú respondes, cómo tú fortaleces, cómo tú siempre estás conmigo. Gracias Padre, por tus enseñanzas, y como siempre, Señor, pido tu presencia y misericordia sobre mi vida y mi familia."