10/12/2024
En la vida enfrentamos diversos tipos de heridas: algunas son visibles, como las físicas, pero otras son internas, más profundas, y requieren un cuidado especial según su magnitud. Estas heridas emocionales, muchas veces causadas por palabras, pueden marcarnos más de lo que imaginamos. Sin embargo, no debemos permitir que todo nos afecte.
Hace tiempo, alguien me enseñó una valiosa lección: debemos ser como el búfalo. Este majestuoso animal tiene una característica especial: su piel gruesa y resistente lo protege de los elementos, permitiendo que cualquier cosa que lo toque se deslice y no le cause daño. Su fortaleza no solo es física, sino también simbólica. Así deberíamos ser nosotros: fuertes y resilientes, dejando que lo negativo resbale de nuestra vida sin penetrar nuestro corazón.
En ocasiones, hay personas que se acercan con la intención de herirnos, debilitarnos o detenernos en nuestro camino. Pero si adoptamos la fortaleza del búfalo, esas palabras o acciones no tendrán poder sobre nosotros.
Sanar nuestras heridas internas es clave. Aunque no siempre es fácil enfrentarlas, debemos recordar que con Dios todo es posible. Él nos da las fuerzas para superar el dolor, para perdonar y para seguir adelante con valentía.
Sé como el búfalo: deja que lo malo resbale, sana con amor y avanza con fe.
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Escrito por Milena Gamboa