18/04/2026
𝗟𝗔 𝗕𝗘𝗟𝗟𝗘𝗭𝗔 𝗬 𝗘𝗟 𝗣𝗥𝗢𝗣Ó𝗦𝗜𝗧𝗢 𝗗𝗘𝗟 𝗗Í𝗔 𝗗𝗘𝗟 𝗦𝗘Ñ𝗢𝗥
El día del Señor, el primer día de la semana cuando Cristo resucitó, es un día de adoración y reposo bajo el Nuevo Pacto. Desde los primeros siglos, la iglesia lo practicó como un recordatorio de la victoria de Cristo sobre la muerte. Este día cumple el propósito del reposo establecido por Dios en la creación: seis días de trabajo y uno de descanso, para que el hombre encuentre renovación y dirección en su Creador. El reposo fue hecho para el hombre y santificado para él, hasta que llegue su plenitud en el descanso eterno prometido (Hebreos 4:8-11).
Mientras tanto, seguimos llamados a trabajar seis días y a dedicar uno al Señor. Sin embargo, hoy muchos han reducido el día del Señor a unas pocas horas en la mañana, dejando el resto del día sin propósito espiritual. Esta práctica ha debilitado la vida cristiana, en contraste con el valor de dedicar todo el día al descanso físico, la adoración congregacional, la comunión familiar, el estudio bíblico, la visita a los necesitados y el compañerismo cristiano.
Cuando cada uno sigue su propio camino después del culto, sin considerar el día completo como santo, se corre el riesgo de caer en la apatía espiritual, romper los lazos familiares y debilitar la unidad de la iglesia. De hecho, muchas congregaciones han sufrido divisiones por esta misma cuestión.
Si transformamos el domingo a un día para vivir según nuestro placer, para nuestro deleite y deporte, por cierto ¿cómo será Dios honrado de esa manera? ¿Qué no es pues una burla y hasta una profanación de Su nombre?
Pero cuando las tiendas están cerradas el domingo, cuando la gente no viajan de la manera usual, su propósito es de proveer más tiempo libre y libertad para atender a lo que Dios nos manda que podamos ser enseñados por Su Palabra, que podamos congregarnos para confesar nuestra fe, de invocar Su nombre y para participar en los sacramentos. Ese es el fin por cual esta orden nos tiene que servir.
Aún más, hagan cuenta que no es solamente para ir a escuchar el sermón que el día de reposo es instituido, pero para que podamos entregar todo el resto del tiempo a la alabanza a Dios…deberíamos observar el domingo o sea el día de reposo como si estuviéramos en una torre para que podamos subirnos más alto sobre ello para contemplar las obras de Dios…Así que cuando la gente profana de esta manera el santo mandamiento del día de reposo el cual Dios ha instituido para guiarnos a Él mismo ¿por qué deberíamos ser asombrados si el resto de la semana no llega a ser de provecho?
Por eso, el llamado que debemos hacer es redescubrir la belleza y el propósito del día del Señor. No como una carga, sino como un regalo de Dios para nuestro descanso, nuestra comunión y nuestra adoración. Es un día para detenernos, mirar a Cristo resucitado y recordar que nuestra vida y nuestro futuro están seguros en Él.
Es el Día en el que podemos contemplar de manera especial el pasado, el presente y el futuro de la obra de Redención del Señor por amor a Su Pueblo.
El pasado, recordamos la victoria del Señor Jesús en la cruz y Su resurrección gloriosa. Cada domingo es un memorial vivo de que la tumba está vacía y de que nuestros pecados fueron perdonados por Su sacrificio, y en el que Su Iglesia fue inaugurada con poder en el día de pentecostés (Primer día de la semana).
El presente, Celebramos que Cristo reina ahora, intercede por nosotros y nos sostiene en medio de nuestras luchas. En este Día recordamos que no caminamos solos, sino que somos parte de Su pueblo, reunido para adorar y ser fortalecido por Su Palabra y los demás medios de gracia públicos y privados.
El futuro, Anticipamos el descanso eterno y la gloria venidera. El Día del Señor es como una ventana abierta hacia la esperanza final: el día en que Cristo volverá y nos llevará a disfrutar plenamente de Su presencia para siempre.
De manera, que el Día del Señor no es simplemente un día libre o una tradición religiosa, sino un regalo divino que nos permite levantar la mirada y ver toda la obra de Dios en Cristo: lo que ya hizo, lo que está haciendo y lo que hará. Es un día para detenernos, renovar nuestra fe y recordar que nuestra historia está segura en las manos del Redentor.
«𝑬𝒔𝒕𝒆 𝒆𝒔 𝒆𝒍 𝒅í𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒉𝒊𝒛𝒐 𝑱𝒆𝒉𝒐𝒗á; 𝑵𝒐𝒔 𝒈𝒐𝒛𝒂𝒓𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒚 𝒂𝒍𝒆𝒈𝒓𝒂𝒓𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒆𝒏 é𝒍. 𝑶𝒉 𝑱𝒆𝒉𝒐𝒗á, 𝒔á𝒍𝒗𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒂𝒉𝒐𝒓𝒂, 𝒕𝒆 𝒓𝒖𝒆𝒈𝒐; 𝑻𝒆 𝒓𝒖𝒆𝒈𝒐, 𝒐𝒉 𝑱𝒆𝒉𝒐𝒗á, 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐𝒔 𝒉𝒂𝒈𝒂𝒔 𝒑𝒓𝒐𝒔𝒑𝒆𝒓𝒂𝒓 𝒂𝒉𝒐𝒓𝒂. 𝑩𝒆𝒏𝒅𝒊𝒕𝒐 𝒆𝒍 𝒒𝒖𝒆 𝒗𝒊𝒆𝒏𝒆 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒏𝒐𝒎𝒃𝒓𝒆 𝒅𝒆 𝑱𝒆𝒉𝒐𝒗á; 𝑫𝒆𝒔𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝑱𝒆𝒉𝒐𝒗á 𝒐𝒔 𝒃𝒆𝒏𝒅𝒆𝒄𝒊𝒎𝒐𝒔.»
ꜱᴀʟᴍᴏꜱ 118:24-26 (ʀᴠ-1960)