19/08/2026
En el relato de Job, Satanás es quien provoca directamente las calamidades: ataca sus bienes, causa la muerte de sus hijos y finalmente hiere su cuerpo con una enfermedad. Dios no aparece como quien ejecuta esas acciones, sino como quien permite que Satanás pruebe a Job dentro de límites establecidos. Por eso, cuando Job pierde todo, no debemos atribuirle a Dios aquello que el texto presenta como obra de Satanás. Sin embargo, tampoco debemos pensar que Satanás actuó fuera del control de Dios: nada ocurrió sin que Dios lo supiera y lo permitiera.
Esto nos enseña algo profundo: Dios puede permitir una prueba sin ser el autor del mal que la produce. Satanás tenía una intención aberrante y destructiva: quería demostrar que Job solamente servía a Dios por las bendiciones que recibía. Pero Dios tenía un propósito diferente y, aunque Job no conocía lo que estaba sucediendo en el ámbito espiritual, permaneció aferrado al Señor. Su sufrimiento no significaba que Dios lo hubiera abandonado ni que hubiera perdido el control de su vida.
Por eso las palabras de Job 23:13 son tan contundentes: “Pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo.” Job no entendía el proceso, pero reconocía la soberanía de Dios. Satanás pudo tocar muchas cosas de su vida, pero no pudo quitarle a Dios. Y esa es una verdad poderosa para nosotros: podemos atravesar circunstancias que no entendemos, sufrir pérdidas e incluso enfrentar momentos en los que todo parece derrumbarse; pero si todavía tenemos a Dios, no lo hemos perdido todo.
🔴https://youtu.be/KWL-rkxAYf4?si=_hAFl0Ly4NZ5ZR8g