31/01/2026
𝐋𝐚 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐚 𝐟𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚 𝐥𝐚 𝐬𝐚𝐧𝐭𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨.
(Parte 1)
Amada iglesia del Señor, vivimos tiempos difíciles, tiempos en los que lo sagrado ha sido relativizado y en los que el nombre de Jesucristo, que es sobre todo nombre, es usado con ligereza, burla y distorsión, incluso desde las más altas esferas del poder. Declaraciones recientes hechas públicamente, atribuyendo a nuestro Señor Jesucristo conductas sexuales y carnales que la Escritura jamás enseña, no pueden ser vistas como simples opiniones personales.
Para nosotros, como pueblo de Dios, esto toca el corazón mismo de nuestra fe, porque no se trata de una figura histórica cualquiera, sino de Aquel que la Biblia presenta como Dios manifestado en carne.
La Escritura declara de manera clara e indiscutible que grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne.
Jesucristo no es un mito ni un símbolo ideológico. El Verbo era Dios, y ese Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Cuando hablamos de Jesús, hablamos del Hijo de Dios, del Santo de Dios, del Cordero sin mancha. La Biblia afirma que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Esta verdad es el fundamento mismo de nuestra salvación.
Atribuirle a Jesucristo inmoralidad o pecado no es una interpretación alternativa; es una negación directa de su santidad y del testimonio bíblico. La blasfemia no es solo una grosería explícita, sino también atribuirle a Dios lo que Él no es. Cuando se presenta a Cristo como un hombre común sujeto al pecado, se corrompe el evangelio y se hiere la fe de la iglesia.
Nuestro Señor ya fue burlado, escupido y ridiculizado, pero la burla humana nunca tuvo la última palabra. Dios lo exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre. La irreverencia del hombre no disminuye la gloria de Cristo, pero sí revela la condición espiritual de quien la pronuncia.
(Continúa en la Parte 2)
𝐈𝐏𝐔𝐈𝐂 𝐂𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐥 𝐏𝐚𝐬𝐭𝐨