Turismo Religioso Nariño

Turismo Religioso Nariño Promover el turismo cultural de las diferentes parroquias que se encuentran en la ciudad de San juan

Dar a conocer a los extranjeros algunos de los templos y parroquias más representativos que existen en la ciudad de San Juan de Pasto. Y así mostrar que la ciudad es una de las capitales teológica de Colombia y que estas se caracterizan por su hermosa arquitectura e innumerables acabados hechos por muchos artesanos nariñenses.

04/06/2012
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Catedral de Pasto

04/06/2012

Templo de San Juan Bautista

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Templo de Cristo Rey

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Templo de La Merced

04/06/2012

QUIÉNES GENERAN LOS CAMBIOS

Empiezan por uno mismo

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, Domingo 27 mayo 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos el artículo de nuestro colaborador habitual el obispo de San Cristóbal de las Casas, México, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel que se centra esta vez en la conversión personal.

Felipe Arizmendi Esquivel

HECHOS

Estamos en plena campaña electoral, para renovar la presidencia de la República, senadores y diputados, gobernadores y presidentes municipales. Todos los candidatos prometen cambiar muchas cosas que están mal: pobreza, inseguridad, violencia, falta de trabajo, baja calidad de la educación, impunidad, etc., como si de su buen deseo y de su publicidad todo dependiera. No toman en cuenta la fragilidad humana, los intereses egoístas, el pecado, las redes de corrupción, los mecanismos económicos y sociales de la globalización, que pueden echar por tierra los mejores programas, aún con un buen equipo de trabajo. En el grupo que escogió Jesús, hubo muchas deficiencias y traiciones. Esa es la realidad, no para hacernos escépticos ante cualquier propuesta y refugiarnos en el abstencionismo, sino para analizar opciones con serenidad y apoyar con prudencia a quien nos garantice más confianza.

Hay ingenuos que siguen esperando que los nuevos gobernantes resuelvan, como con varita mágica, todos los problemas personales y sociales. Con una dependencia infantil, sólo se fijan en quién regala más cosas en sus mítines, quién promete más, quién goza de mejor publicidad, y no asumen su propia responsabilidad en los cambios que se requieren para que el país mejore. Hay líderes de otras religiones que prometen a candidatos votos de sus congregaciones, a cambio de dádivas y de cargos en la administración. Es decir, muchos ven este momento como una oportunidad de colocarse y sacar ventajas personales.

CRITERIOS

El mundo cambia, si tú cambias. El país mejora, si tú asumes la parte que te toca. Tu Estado y tu municipio avanzan, si haces lo que te corresponde. Del corazón de cada quien es de donde provienen los cambios más profundos, verdaderos y eficaces. Sin conversión personal, todo se corrompe. Sin la luz y la fortaleza de Dios, nuestro corazón es muy frágil y quebradizo.

En su visita a nuestra patria, el Papa Benedicto XVI nos dijo en la Misa del Parque Bicentenario: «Crea en mí, Señor, un corazón puro» (Sal 50,12). Esta exclamación nos ayuda a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano. El anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, aceptable a Dios, era muy sentido ya por Israel, a medida que tomaba conciencia de la persistencia del mal y del pecado en su seno, como un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Quedaba sólo confiar en la misericordia de Dios omnipotente y la esperanza de que él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro. Un corazón puro, un corazón nuevo, es el que se reconoce impotente por sí mismo, y se pone en manos de Dios para seguir esperando en sus promesas.

La historia de Israel narra también grandes proezas y batallas, pero a la hora de afrontar su existencia más auténtica, su destino más decisivo, la salvación, más que en sus propias fuerzas, pone su esperanza en Dios, que puede recrear un corazón nuevo, no insensible y engreído. Esto nos puede recordar hoy a cada uno de nosotros y a nuestros pueblos que, cuando se trata de la vida personal y comunitaria, en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos. Se ha de recurrir también al único que puede dar vida en plenitud, porque él mismo es la esencia de la vida y su autor, y nos ha hecho partícipes de ella por su Hijo Jesucristo".

PROPUESTAS

Asume tu responsabilidad personal y pregúntate: ¿Qué debo cambiar yo, para que mi familia, mi barrio o colonia, mi escuela y centro de trabajo, mi pueblo o ciudad, mi Estado o país, cambien? Hay cosas que dependen de ti, y otras no. Haz lo que te toca y, aunque no logres cambiar todo el sistema político, económico, social, cultural y religioso, tu entorno mejorará.

Pide a Dios que su Palabra sea una luz que te guíe para tu conversión personal. Que su Espíritu te fortalezca, para que reinen en ti, y por medio de ti en los demás, la verdad y la vida, la santidad y la gracia, la justicia, el amor y la paz. ¡Los cambios dependen de Dios y de ti!

04/06/2012
04/06/2012

Iglesia Catedral-Pasto-Nariño-Colombia, para concurso Amazing Race

04/06/2012

PASIÓN POR LA IGLESIA

MADRID, Domingo 27 mayo 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos a nuestros lectores un artículo de Monseñor Juan del Río Martín, arzobispo castrense de España, el cual se centra en la solemnidad de Pentecostés.

Juan del Río Martín

La solemnidad de Pentecostés nos recuerda, año tras año, el envío del Espíritu Santo sobre los apóstoles y primeros discípulos de Jesús. Ese acontecimiento constituye la fuerza y el "alma" que impulsa permanente el peregrinar evangelizador de la Iglesia. Este nuevo pueblo de Dios no surgió por consensos humanos, ni por el impulso de una mística ideológica, como tampoco fue fruto de privilegios de raza o nación. Su origen está en la cruz, en el costado abierto de su Señor.

Ella es, ante todo, el misterio del amor de Dios a los hombres. Es el cuerpo de Cristo encarnado en la historia, que camina entre "consolaciones divinas y persecuciones de los hombres" (s. Agustín), hasta que vuelva su Redentor. Por eso mismo la Iglesia es visible y espiritual, divina y humana, santa y compuesta de pecadores. Su ser y misión se descubren únicamente desde el amor que nace de la fe en Jesucristo, Hijo de Dios vivo. Cuando falta este anhelo, todo queda reducido a mera estructura de poder. Por eso, frente el déficit de eclesialidad que sufrimos en el catolicismo, hace falta intensificar el amor y la pasión por la Iglesia, el sentirse orgulloso de ser miembro de ese cuerpo, de vivir y morir como un hijo en el seno de esta Santa Madre.

Nadie duda de que los tiempos que corren sean buenos. Nunca ha habido épocas ideales, siempre han existido"el trigo y la cizaña", los creyentes y los adversarios de la religión. En la actualidad, el cristianismo es la religión más perseguida del planeta. La Iglesia Católica sufre en su carne, en tantos países, el desprecio de su derecho a la libertad religiosa, llegando en algunos casos a producirse el triste fenómeno de la cristofobia.

Sin embargo, los enemigos no están únicamente fuera. También el "humus de Satanás" (Pablo VI) se ha filtrado en el seno de nuestras comunidades, produciendo una secularización de la vida cristiana, donde el disenso interno hace mella a todos los niveles. Se está tensando "la túnica inconsútil", y los extremismos de uno y otro signo quieren convertirse en paladines de la autenticidad. Mientras, los hostiles a la Iglesia se frotan las manos, viendo como los católicos se pelean entre sí. La gente sencilla, de fe, ve con asombro los escándalos de diversos tipos. La ignorancia religiosa crece día a día en todos los sectores. Diríamos en palabras del próximo nuevo Doctor de la Iglesia: "muchos son los frentes y muy gastada está la cristiandad" (S. Juan de Ávila).

Estas "turbulencias", internas y externas, que afronta la nave de Pedro sólo se superan recuperando la primacía de Dios en la vida de los cristianos, sobre todo a la hora de organizar las estructuras pastorales. Con razón dijo en su día el Cardenal Ratzinger: "lo que necesitamos no es una Iglesia más humana, sino una Iglesia más divina; sólo entonces será también verdaderamente humana". No se evangeliza acomodándose a la mentalidad del mundo, sino siendo luz, sal y fermento en medio de la sociedad que nos ha tocado vivir. El mero cambio de las organizaciones, sin la transformación de las personas, conduce a la predicación de un evangelio descafeinado y a una Iglesia sin solidez.

La verdadera reforma de la Iglesia es desde dentro hacia fuera. Nace de un corazón convertido a Jesucristo y de una mente bien formada. Los santos y los mártires son los artífices de la auténtica reforma. Si el sarmiento no está unido a la vid, no puede dar frutos, pero la Viña no es propiedad de aquéllos que se sienten seguros y poderosos, sino únicamente de Dios. Es Él quien en cada momento la cuida, la protege y manda obreros para que trabajen en ella. En estos tiempos de profundos cambios, el Señor no ha abandonado a su Iglesia. Ha puesto al frente de ella a Benedicto XVI, un Papa sabio y santo, que nos muestra dónde encontrar la Verdad y en qué consiste lo esencial de la fe en Jesucristo. Como ya dijo Jean Guitton hace muchos años: "la condición previa de esta nueva "reevangelización" es que sepamos qué es lo esencial de la fe católica... Nosotros, laicos, pedimos más que nunca a nuestros jefes espirituales que nos digan sin ambigüedades cuál es la fe, y por qué en caso de persecución habría que aceptar morir".

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