Iglesia Cristiana Unción y Fuego del Espíritu Santo

Iglesia Cristiana Unción y Fuego del Espíritu Santo 🇨🇴 "Restauración y Vida" Lucas 4:18-19 🇨🇴

Iglesia Cristiana Unción y Fuego Del Espiritu Santo Palmira - Colombia
Pastores Diego Franco y Sayda López

SERVICIO PRESENCIAL
Sábados 10:00am y Domingos 10:00am
Sede Barrio Colombia

SERVICIO VIRTUAL
Miércoles 07:00pm 🇨🇴
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https://iglesiauncionyfueg.wixsite.com/icufes

25/05/2026
25/05/2026

MAYO 25/26
DEVOCIONAL
¿UN MAR AGITADO O UN CORAZÓN EN CALMA?

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.” Santiago 1:6

La duda convierte el corazón en un mar agitado. Las olas del mar son preciosas cuando las observamos de lejos. El sonido del mar puede transmitir tranquilidad y las olas parecen moverse de una manera hermosa y perfecta. Pero si nos detenemos a pensar cómo son realmente las olas, descubriremos que detrás de esta comparación que hace la Palabra de Dios hay una gran enseñanza para nuestra vida.

La Escritura dice que el que duda es semejante a la onda del mar. ¿Y cómo son las olas del mar? Son inestables. Nunca permanecen quietas. Suben y bajan constantemente. Se mueven según la fuerza del viento. Mientras más fuerte sopla el viento, más agitadas se vuelven. No tienen firmeza, van de un lado a otro y muchas veces terminan arrastrando todo a su paso.

Así también a veces es nuestro corazón cuando vivimos dominados por la duda. Pasamos de la tranquilidad a la angustia en cuestión de segundos. Un día creemos y al siguiente estamos llenos de temor. Hoy sentimos esperanza y mañana pensamos que todo está perdido. Nos dejamos mover por las emociones, por las circunstancias, por las noticias, por lo que vemos o sentimos. Y entonces nuestro interior deja de parecerse a un mar en calma y comienza a parecerse a un mar agitado.

La duda nos roba el descanso. Nos llena de ansiedad, preocupación e inseguridad. Nos hace olvidar todo lo que Dios ya ha hecho en nuestra vida. Olvidamos sus milagros, sus respuestas, su fidelidad y comenzamos a mirar solamente el viento y las olas que se levantan delante de nosotros. Por eso Santiago compara la duda con las ondas del mar. Porque una persona que vive dudando nunca permanece firme. Vive siendo arrastrada de un lado a otro por sus pensamientos y emociones. Y mientras más fuerte soplan los problemas o las dificultades, más se agita su corazón.

Pero la fe produce algo completamente diferente. La fe trae estabilidad en medio del viento. La fe no significa que no existan tormentas, sino que aun en medio de ellas podemos permanecer firmes porque nuestra confianza está puesta en Dios y no en las circunstancias. Cuando nuestra fe crece, dejamos de vivir movidos por lo que sentimos y comenzamos a vivir confiando en lo que Dios ha dicho.

Y quizás hoy el Señor quiere traer calma a ese mar agitado que muchas veces llevamos dentro. No podemos evitar que el viento sople, pero sí podemos decidir dónde ponemos nuestra confianza. La duda nos mueve de un lado a otro, pero la fe nos afirma sobre la roca firme que es Cristo.

Oremos
Señor, muchas veces mi corazón se ha parecido a un mar agitado. He permitido que las dudas, el temor y la ansiedad muevan mi interior de un lado a otro. Hoy te pido que afirmes mi fe y traigas calma a mi corazón. No quiero vivir dominado por la duda, quiero aprender a confiar plenamente en Ti. Ayúdame a permanecer firme aun cuando los vientos soplen fuerte. Que mi confianza esté puesta en tu Palabra y no en las circunstancias. Permite que pueda crecer en fe, una fe firme y nunca como las ondas del mar, en el nombre de Jesús te lo pido. Amén.

24/05/2026

"¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien." (Salmos 139:14 NTV)

24/05/2026

MAYO 24/26
DEVOCIONAL
¿UNA FE VIVA O UNA FE MU**TA?

“La fe, si no tiene obras, es mu**ta en sí misma.” Santiago 2:17

Todos hemos escuchado frases como: “un hecho vale más que mil palabras” o “las acciones hablan más que las palabras”. Y realmente, en la fe esto es aún más cierto. Porque si decimos que tenemos fe, también debemos demostrarlo con nuestras obras. De lo contrario, como dice la Escritura, nuestra fe está mu**ta.

Y esto nos lleva a pensar en algo muy profundo: si existe una fe mu**ta, también existe una fe viva. ¿Cómo podemos tener una fe viva? Demostrándola a través de nuestras acciones, nuestra manera de vivir y la forma en que respondemos a las necesidades de otros y a las pruebas de la vida.

Se ha dicho muchas veces que las piernas del creyente son la fe y las obras, porque la verdadera fe no se queda solo en palabras bonitas o en emociones espirituales. La fe verdadera actúa, camina, obedece y se mueve.

Por eso Santiago habla de algo muy práctico. Dice que no podemos ver a alguien con necesidad y simplemente decirle: “Id en paz”, sin hacer nada para ayudarle si está a nuestro alcance hacerlo. No podemos decir que confiamos en Dios mientras vivimos indiferentes al dolor y a la necesidad de otros. La fe sin obras está mu**ta.

Incluso la Escritura dice que los demonios también creen… y tiemblan. Es decir, creer solamente de manera intelectual no es suficiente. La verdadera fe transforma la vida y produce acciones. El ejemplo de Abraham nos enseña esto claramente. Él creía en Dios, tenía una fe genuina e inquebrantable, pero también lo demostró con sus obras. Cuando Dios le pidió a Isaac, Abraham obedeció y caminó hasta el lugar del sacrificio. Su fe no fue solo de palabras, actuó en fe.

También Rahab creyó, pero demostró su fe con acciones, arriesgando su vida para proteger a los mensajeros enviados por Dios. Su fe no quedó solamente en lo que decía, sino en lo que estuvo dispuesta a hacer.

Y entonces debemos preguntarnos: ¿Nuestra fe se refleja en nuestras obras? ¿Vivimos realmente lo que decimos creer? ¿Confiamos en Dios también en medio de las pruebas y dificultades? ¿Decimos que creemos que Dios proveerá, pero cerramos nuestra mano al que tiene necesidad?

No podemos decir que tenemos fe en un Dios de amor mientras vivimos con corazones egoístas e indiferentes al sufrimiento de otros. Tampoco podemos decir que confiamos plenamente en Dios y al mismo tiempo vivir dominados constantemente por el temor, la ansiedad o tomando atajos fuera de su voluntad.

La fe viva se demuestra. La fe viva ama. La fe viva ayuda. La fe viva obedece. La fe viva actúa aun cuando no entiende todo. Porque la verdadera fe no solamente se escucha… también se ve.

Pidámosle hoy al Señor una fe viva, una fe que se refleje en nuestra manera de vivir, en nuestras decisiones y en nuestro amor hacia los demás. Una fe que no sea solamente palabras, sino una vida verdaderamente transformada por Cristo Jesús.

Oremos
Padre, no quiero tener una fe solamente de palabras. Dame una fe viva, una fe que se refleje en mis acciones, en mi obediencia y en mi amor hacia los demás. Ayúdame a confiar en Ti no solo con lo que digo, sino también con mi manera de vivir. Que mi fe produzca fruto y que otros puedan ver a Cristo a través de mis obras. No quiero tener una fe mu**ta; ayúdame, Señor, a tener una fe viva que crezca cada día más. En el nombre de tu hijo Jesús te lo pido. Amén.

23/05/2026

Mayo 23/26
DEVOCIONAL
¿HOMBRES DE POCA O DE MUCHA FE?

“¿Por qué teméis, hombres de poca fe?” Mateo 8:26

La Palabra de Dios nos muestra que existen diferentes clases de fe. Hemos hablado de una fe no fingida y también de una fe que puede naufragar cuando dejamos de cuidar nuestra relación con Dios. Pero hoy veremos otro tipo de fe: la poca fe. Porque así como existen hombres de poca fe, también existen hombres de mucha fe. Y el deseo del Señor es que nuestra fe crezca, se fortalezca y madure cada día más.

Si vamos despacio al capítulo 8 de Mateo y leemos todo el contexto de este pasaje, nos damos cuenta de algo muy interesante. Los discípulos ya habían visto muchos milagros hechos por Jesús. Habían presenciado cómo sanó al leproso, cómo sanó al siervo del centurión, cómo levantó sana a la suegra de Pedro y cómo liberó y sanó a muchos enfermos delante de sus propios ojos.

Habían visto el poder de Jesús obrando una y otra vez. Sin embargo, cuando llegaron al mar y comenzó la tormenta, todo aquello pareció quedar olvidado. La Escritura dice que se levantó una gran tempestad y las olas golpeaban la barca mientras Jesús dormía. Los discípulos comenzaron a llenarse de temor porque sentían que el barco se hundía. Y entonces corrieron a despertar a Jesús diciendo: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!”

Y es en ese momento cuando Jesús les responde: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?” Qué fuerte es pensar que después de ver tantos milagros, su fe todavía seguía siendo pequeña. Y eso nos enseña algo muy importante: la poca fe vive dominada por el temor y la duda. Porque la fe pequeña fácilmente olvida lo que Dios ya hizo. La poca fe mira más el tamaño de las olas que el poder de Jesús dentro de la barca. Y muchas veces eso también nos sucede a nosotros.

Hemos visto cómo Dios nos ha ayudado antes, cómo nos ha sostenido en momentos difíciles, cómo abrió puertas, hizo milagros y nos levantó cuando pensábamos que no podíamos seguir adelante. Pero basta que se levante una nueva tormenta para que volvamos a llenarnos de miedo, angustia y dudas. Y entonces nuevamente sentimos que nos hundimos.

Muchas veces Dios guarda silencio, igual que Jesús dormía en aquella barca. No significa que no esté con nosotros ni que haya dejado de tener el control. Pero cuando nuestra fe es poca, interpretamos su silencio como abandono y comenzamos a desesperarnos. La poca fe es inmadura e inestable. Vive dependiendo de lo que ve y de lo que siente. Pero Jesús quiere que nuestra fe crezca.

Crecer en fe significa dejar de mirar solamente la tormenta y comenzar a mirar más a Jesús. La barca nunca estuvo sola, porque Jesús estaba dentro de ella. Y nuestra vida tampoco está sola. Aunque haya silencio, aunque el mar parezca agitado y aunque sintamos temor, Jesús sigue estando con nosotros. Y quizás hoy el Señor también nos pregunta: “¿Por qué temes?” No para avergonzarnos, sino para enseñarnos que nuestra fe puede crecer mucho más. Porque la fe madura no niega que existan tormentas… pero aprende a confiar en que Jesús sigue teniendo autoridad aun sobre el viento y el mar.

Oremos
Señor, hoy reconozco que muchas veces mi fe ha sido poca. He visto tu mano obrar en mi vida y aun así vuelvo a llenarme de temor cuando llegan nuevas tormentas. Perdóname por olvidar tan rápido tus milagros y tu fidelidad. Haz crecer mi fe, ayúdame a confiar aun cuando guardes silencio y enséñame a mirar más tu poder que las olas que se levantan delante de mí. Sé que si Tú estás en mi barca, quiero tener mucha fe, no tengo por qué temer. Amén.

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