24/05/2026
MAYO 24/26
DEVOCIONAL
¿UNA FE VIVA O UNA FE MU**TA?
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“La fe, si no tiene obras, es mu**ta en sí misma.” Santiago 2:17
Todos hemos escuchado frases como: “un hecho vale más que mil palabras” o “las acciones hablan más que las palabras”. Y realmente, en la fe esto es aún más cierto. Porque si decimos que tenemos fe, también debemos demostrarlo con nuestras obras. De lo contrario, como dice la Escritura, nuestra fe está mu**ta.
Y esto nos lleva a pensar en algo muy profundo: si existe una fe mu**ta, también existe una fe viva. ¿Cómo podemos tener una fe viva? Demostrándola a través de nuestras acciones, nuestra manera de vivir y la forma en que respondemos a las necesidades de otros y a las pruebas de la vida.
Se ha dicho muchas veces que las piernas del creyente son la fe y las obras, porque la verdadera fe no se queda solo en palabras bonitas o en emociones espirituales. La fe verdadera actúa, camina, obedece y se mueve.
Por eso Santiago habla de algo muy práctico. Dice que no podemos ver a alguien con necesidad y simplemente decirle: “Id en paz”, sin hacer nada para ayudarle si está a nuestro alcance hacerlo. No podemos decir que confiamos en Dios mientras vivimos indiferentes al dolor y a la necesidad de otros. La fe sin obras está mu**ta.
Incluso la Escritura dice que los demonios también creen… y tiemblan. Es decir, creer solamente de manera intelectual no es suficiente. La verdadera fe transforma la vida y produce acciones. El ejemplo de Abraham nos enseña esto claramente. Él creía en Dios, tenía una fe genuina e inquebrantable, pero también lo demostró con sus obras. Cuando Dios le pidió a Isaac, Abraham obedeció y caminó hasta el lugar del sacrificio. Su fe no fue solo de palabras, actuó en fe.
También Rahab creyó, pero demostró su fe con acciones, arriesgando su vida para proteger a los mensajeros enviados por Dios. Su fe no quedó solamente en lo que decía, sino en lo que estuvo dispuesta a hacer.
Y entonces debemos preguntarnos: ¿Nuestra fe se refleja en nuestras obras? ¿Vivimos realmente lo que decimos creer? ¿Confiamos en Dios también en medio de las pruebas y dificultades? ¿Decimos que creemos que Dios proveerá, pero cerramos nuestra mano al que tiene necesidad?
No podemos decir que tenemos fe en un Dios de amor mientras vivimos con corazones egoístas e indiferentes al sufrimiento de otros. Tampoco podemos decir que confiamos plenamente en Dios y al mismo tiempo vivir dominados constantemente por el temor, la ansiedad o tomando atajos fuera de su voluntad.
La fe viva se demuestra. La fe viva ama. La fe viva ayuda. La fe viva obedece. La fe viva actúa aun cuando no entiende todo. Porque la verdadera fe no solamente se escucha… también se ve.
Pidámosle hoy al Señor una fe viva, una fe que se refleje en nuestra manera de vivir, en nuestras decisiones y en nuestro amor hacia los demás. Una fe que no sea solamente palabras, sino una vida verdaderamente transformada por Cristo Jesús.
Oremos
Padre, no quiero tener una fe solamente de palabras. Dame una fe viva, una fe que se refleje en mis acciones, en mi obediencia y en mi amor hacia los demás. Ayúdame a confiar en Ti no solo con lo que digo, sino también con mi manera de vivir. Que mi fe produzca fruto y que otros puedan ver a Cristo a través de mis obras. No quiero tener una fe mu**ta; ayúdame, Señor, a tener una fe viva que crezca cada día más. En el nombre de tu hijo Jesús te lo pido. Amén.