Semana Santa Infantil Palmar de Varela

Semana Santa Infantil Palmar de Varela Conservación, Promoción, difusión de nuestras creencias y tradiciones populares religiosas.

Hoy, jueves 9 de abril, celebramos el quinto día de la Octava de Pascua. La lectura del Evangelio está tomada nuevamente...
09/04/2026

Hoy, jueves 9 de abril, celebramos el quinto día de la Octava de Pascua. La lectura del Evangelio está tomada nuevamente del relato de San Lucas (Lc 24, 35-48), quien nos narra lo sucedido inmediatamente después del regreso, desde Emaús, de los dos discípulos que se encontraron con Jesús en el camino.

Cuando ambos llegaron al lugar donde estaban los apóstoles, les contaron todo lo que pasó, y cómo habían reconocido a Jesús “al partir el pan”. De pronto, Jesús se presentó en medio de ellos. Y aunque los saludó con la paz, todos los presentes se llenaron de miedo. “No teman, soy yo”, les dice el Señor. Jesús ha percibido el espanto o las dudas que ha producido, y los llama a confiar y a creer: “Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona”. No obstante los discípulos parecían no poder salir de su estupor, aunque empezó a amainar y a dar paso a la alegría. “¿Tienen aquí algo de comer?”, pregunta Jesús con la intención de ratificar que está allí en cuerpo y espíritu. Además, evoca con su pedido la familiaridad y cercanía de siempre, interrumpida por el proceso que lo condenó a muerte. Ahora, los amigos están reunidos otra vez en comunidad, en un reencuentro cuyo centro es el Maestro, quien volverá sobre las Escrituras para explicar cómo todas las profecías sobre el Mesías se han cumplido. Y en ese momento se produce otro milagro: por fin a los discípulos “se les abrió el entendimiento” y comprendieron el sentido de lo escrito siglos atrás. No obstante, la historia no acaba allí, no; recién comienza. Jesús anuncia que “en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados”.

En sus Catequesis, San Cirilo de Jerusalén (315-386), refiriéndose al Bautismo como paso de la muerte a la vida, dice lo siguiente: «Cristo sí que fue realmente crucificado y su cuerpo fue realmente sepultado y realmente resucitó; a nosotros, en cambio, nos ha sido dado, por gracia, que, imitando lo que él padeció con la realidad de estas acciones, alcancemos de verdad la salvación. ¡Oh exuberante amor para con los hombres! Cristo fue quien recibió los clavos en sus inmaculadas manos y pies, sufriendo grandes dolores, y a mí, sin experimentar ningún dolor ni ninguna angustia, se me dio la salvación por la comunión de sus dolores».

5 datos importantes sobre la Pascua 😇Con la Resurrección de Cristo se inicia un tiempo litúrgico muy especial en la Igle...
08/04/2026

5 datos importantes sobre la Pascua 😇
Con la Resurrección de Cristo se inicia un tiempo litúrgico muy especial en la Iglesia llamado Pascua, cuyo origen data de muy antiguo y que cuenta con diversas tradiciones.

1. Surgió con pastores
Los orígenes de la Pascua se remontan a las fiestas de antiguos pastores nómadas o seminómadas que hace unos 4.000 años se celebraban fuera de un santuario, sin sacerdote ni altar.

Se mataba y cocinaba un animal joven, sin romperle ningún hueso. Con la sangre se untaban los palos de las tiendas como una protección contra los peligros.

2. ¿De dónde proviene la palabra “Pascua”?
De acuerdo a la Biblia, Pascua viene de la raíz "psh" que significa cojear, andar en muletas o saltar. Esto en referencia a que Dios se saltó u omitió de la muerte a aquellas casas judías que habían marcado sus puertas con la sangre del cordero.

En el hebreo, Pascua se pronuncia Pesach o Pésaj, y significa "paso". Es decir, recuerda el paso del Señor por aquellas casas marcadas, el paso de Israel por el Mar Rojo y el paso de la columna de fuego que guiaba a los judíos liberados de Egipto por el desierto.

En inglés, se dice "Easter". Según la Enciclopedia Católica, el historiador y doctor de la Iglesia San Beda relacionó esta palabra con Estre, "una diosa teutónica de la luz naciente del día y de la primavera".

3. Controversias por la fecha

Jesús celebró la última Cena en la fiesta de la pascua judía; es decir, el 14 del primer mes, llamado Nisán, del calendario judío .

El detalle es que ese calendario es lunar y tiene 354 días, mientras que el calendario actual es solar y cuenta con 365 días, por ello resultaba difícil hacer coincidir las fechas.

Además, cada 4 años los judíos intercalaban un mes a su calendario por decisión del Sanedrín. Todo esto llevó a varias controversias entre los cristianos para definir la fecha de la Pascua. Incluso en algunas zonas se recordaba la muerte de Jesús el 25 de marzo y la resurrección el 27.

No obstante, desde el I Concilio Ecuménico de Nicea en el año 325, la Semana Santa se celebra el primer domingo de luna llena después del equinoccio primaveral en el hemisferio norte y equinoccio otoñal en el hemisferio sur (alrededor del 21 de marzo).

Cabe resaltar que la pascua judía no es igual a la Pascua cristiana. Los primeros aún celebran la liberación de la esclavitud de Egipto. Los católicos, en cambio, festejan la Resurrección de Cristo que libra del pecado y de la muerte.

4. La Pascua se celebra durante 50 días
La Pascua católica es la principal fiesta del año litúrgico.

El Papa San León I la llamaba la fiesta máxima (festum festorum). Se celebra durante 50 días, desde el domingo de Resurrección hasta el de Pentecostés.

Los primeros 8 días se conocen como la "Octava de Pascua" y se celebran como solemnidades; es decir, como si cada uno de estos días fuera un "Domingo de Resurrección".

5. La vestimenta y las oraciones
En la Pascua, la casulla y la estola de los sacerdotes, así como los manteles del altar y del ambón son de color blanco, que simboliza el espíritu de fiesta, la alegría y el júbilo.

Asimismo, durante este tiempo el rezo del Ángelus es reemplazado por el Regina Coeli (Reina del Cielo), en el que se anima a la Virgen a que esté alegre por la resurrección de su Hijo.

Hoy, miércoles 8 de abril, celebramos el cuarto día de la Octava de Pascua. La lectura del Evangelio está tomada del rel...
08/04/2026

Hoy, miércoles 8 de abril, celebramos el cuarto día de la Octava de Pascua. La lectura del Evangelio está tomada del relato de San Lucas (Lc 24, 13-35), quien presenta lo sucedido en el camino de Emaús.

Dos de los discípulos de Cristo van de camino a un pueblo llamado Emaús, no muy lejos de Jerusalén. Mientras se dirigen a su destino van conversando sobre los recientes acontecimientos. En medio de la discusión se les acercó Jesús y les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”. Ellos no lo reconocieron y, sorprendidos por la pregunta (toda Jerusalén estaba conmocionada), le increparon no estar al tanto de lo sucedido. El Señor insistió entonces en que le cuenten qué pasó. Ellos entonces le relataron cómo los sumos sacerdotes y las autoridades del pueblo entregaron a Jesús el Nazareno para ser crucificado. Su desilusión había sido muy grande porque esperaban que ese Jesús, en quien reconocían a “un profeta poderoso en obras y palabras”, fuese el libertador de Israel. Eran ya tres días desde la muerte del Maestro, y como no hubo revueltas posteriores, todo se veía gris, desolado; nada había sucedido finalmente; todo les sabía a fracaso. Ni siquiera el testimonio de las mujeres que afirmaban que Jesús había resucitado les habían parecido creíbles.

Entonces la llamada de atención del Señor no se haría esperar: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón!”. Y empezó a explicarles las Escrituras que se referían a él, de cómo el Mesías debía padecer y morir, pero que al final habría de resucitar. Tras eso, algo tuvo que suceder en el corazón de esos discípulos para que le pidieran a su ocasional compañía que se quedara con ellos “porque la tarde está cayendo”. Al llegar la hora se sentaron a la mesa, Él partió el pan, lo bendijo y se los dio. En ese momento recién los discípulos pudieron reconocerlo, pero Él desapareció. Tarde se les abrieron los ojos: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”.

En este cuarto día de la Octava hagámonos eco -con nuestras palabras y acciones- del llamado del Papa San Juan Pablo II hecho ya hace poco más de cuarenta años: «Cada uno invite a Cristo como aquellos discípulos que caminaban con Él por ese camino, sin saber con quién caminaban: "Quédate con nosotros, pues el día ya declina" (Lc, 24, 29). Que se quede Jesús, tome el pan, pronuncie las palabras de la bendición, lo parta y lo distribuya. Y que entonces se abran los ojos de cada uno, cuando lo reconozca "en la fracción del pan" (Lc 24, 35)».

Hoy, martes 7 de abril, celebramos el tercer día de la Octava Pascual. La lectura del Evangelio está tomada del relato d...
07/04/2026

Hoy, martes 7 de abril, celebramos el tercer día de la Octava Pascual. La lectura del Evangelio está tomada del relato de San Juan, quien presenta el momento del encuentro de María Magdalena con Jesús resucitado (Jn 20, 11-18). Se trata sólo de ocho versículos, pero cuya elocuencia es impactante.

María está llorando frente al sepulcro y la idea de que se han robado el cuerpo de Jesús atraviesa su mente sumiéndola en el desconcierto. Sin que las lágrimas dejen de brotar de sus ojos, se acerca al sepulcro y se asoma para ver el interior. De pronto se percata que está en presencia de dos ángeles. Estos le preguntaron: «“¿Por qué estás llorando, mujer?” Ella les contestó: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto”». La mujer mira hacia atrás y se t**a con Jesús, a quien no reconoce y cree el jardinero del lugar. Jesús le hace la misma pregunta que los ángeles: “Mujer, ¿por qué estás llorando?”, y ella insiste en la sospecha de que alguien se ha llevado el cuerpo del Señor. Entonces se desencadena el dulce final. Jesús la llama por su nombre “¡María!” y como si sus ojos recién se hubiesen abierto, la mujer lo reconoce e instantáneamente responde: ¡Maestro! El Señor resucitado se aparta y María Magdalena se enrumba hacia donde están los apóstoles para contarles que Cristo, el Señor, ha resucitado.

San Anastasio de Antioquía en el siglo VI decía: “El Mesías, pues, tenía que padecer, y su pasión era totalmente necesaria, como él mismo lo afirmó cuando calificó de hombres sin inteligencia y cortos de entendimiento a aquellos discípulos que ignoraban que el Mesías tenía que padecer para entrar en su gloria. Porque él, en verdad, vino para salvar a su pueblo, dejando aquella gloria que tenía junto al Padre antes que el mundo existiese (...) Y vemos, en cierto modo, cómo aquella gloria que poseía como Unigénito, y a la que por nosotros había renunciado… le es restituida a través de la cruz (...) El evangelista [San Juan] identifica la gloria con la muerte en cruz”.

07/04/2026
Hoy es lunes de la Octava de Pascua y la Iglesia Católica celebra el ‘Lunes del Ángel’Hoy, 6 de abril, segundo día de la...
06/04/2026

Hoy es lunes de la Octava de Pascua y la Iglesia Católica celebra el ‘Lunes del Ángel’

Hoy, 6 de abril, segundo día de la Octava de Pascua, la Iglesia celebra el ‘Lunes del Ángel’, llamado así para que ningún cristiano olvide que fue un ángel el encargado de anunciar que Cristo había resucitado.

Un ángel fue el que dijo a las mujeres llegadas al sepulcro que Cristo ya no debía ser contado más entre los mu***os: “¿Por qué buscan entre los mu***os al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24, 5-6).

Considerando que cada detalle en torno a la Resurrección del Señor está repleto de sentido, no podemos sino darle gracias a Dios por enviarnos mensajeros, sus ángeles, para anunciar las grandezas de la salvación. Es a través de ellos como los hombres hemos conocido importantes acontecimientos y aspectos de la providencia amorosa del Creador.

La palabra ‘ángel’ procede del latín angĕlus, transliteración del griego ἄγγελος [ángelos], que quiere decir “mensajero”.

¿Por qué ‘Lunes del Ángel’?

Las razones son varias. Para empezar, este día puede ser una ocasión para recordar al querido San Juan Pablo II, quien hace 32 años, el 4 de abril de 1994, lunes de la Octava de Pascua de aquel año, reflexionó sobre el sentido de esta conmemoración y su raíz teológica. En su alocución, tras el rezo del Regina Coeli, el Papa Santo dijo:

«¿Por qué se le llama así? Me parece que es acertado ese nombre: ‘Lunes del Ángel’. Conviene dejar un poco de espacio a este ángel, que dijo desde lo más profundo del sepulcro: “Ha resucitado”... Estas palabras —Ha resucitado— eran muy difíciles de pronunciar, de expresar, para una persona humana. También las mujeres que fueron al sepulcro lo encontraron vacío, pero no pudieron decir: Ha resucitado, sólo afirmaron que el sepulcro estaba vacío. El ángel dice más: “No está aquí, ha resucitado”».

El Evangelio de San Mateo es la fuente de donde San Juan Pablo II toma las palabras del ángel del Señor y que reproduce en su discurso. Dice el evangelista:

«El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres: “Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto. Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los mu***os; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho”» (Mt 28, 5-7).

Finalmente, un Lunes del Ángel es propicio para profundizar en la sabiduría de Dios que ha dispuesto que sus ángeles sean mediadores entre Él y cada uno de nosotros. Los ángeles custodian, advierten y comunican los dones de Dios en el día a día de nuestras vidas.

Mensajeros de la salvación

Es importante recordar que los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Como criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad. Son seres personales e inmortales; carecen de corporalidad y, por estar en presencia de Dios eternamente, superan en perfección a todas las criaturas visibles.

Cristo es el centro y cabeza de los ángeles y estos le obedecen porque aman la voluntad de Dios. Por eso, Dios les encomendó el anuncio de sus designios salvíficos. Es importante saber que la Escritura y la Tradición bastan para entender el papel de los ángeles y que es indispensable evitar deformaciones sobre su naturaleza y misión que vienen de visiones ajenas al cristianismo, como en el caso de la llamada ‘nueva era’. En el paganismo o en las distintas formas de sincretismo los ángeles aparecen como seres subordinados a los intereses o deseos humanos, más que a la voluntad de Dios.

Y la Virgen escuchó de boca del ángel: “Alégrate, María”

Desde hoy hasta el final de la cincuentena de Pascua, el día de Pentecostés, se reza la oración del Regina Coeli [Reina del Cielo] en lugar del Ángelus. De manera semejante, vale decir, al concluir el rezo del Santo Rosario, podemos reemplazar la Salve por esta misma oración.

En el año 2009, el Papa Benedicto XVI recordaba que el “Alégrate, María” pronunciado por el ángel resuena como una invitación a la alegría: “Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia, quia surrexit Dominus vere, alleluia”, es decir: “Alégrate y regocíjate, Virgen María, aleluya, porque verdaderamente el Señor ha resucitado, aleluya”.

Regina Coeli

Reina del cielo alégrate; aleluya.
Porque el Señor a quien has merecido llevar; aleluya.
Ha resucitado según su palabra; aleluya.
Ruega al Señor por nosotros; aleluya.
Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
Porque verdaderamente ha resucitado el Señor; aleluya.

Oremos

Oh Dios, que en la gloriosa resurrección de tu Hijo has devuelto la alegría al mundo entero, por intercesión de la Virgen María, concédenos disfrutar de la alegría de la vida eterna. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

Hoy es Domingo de Resurrección, inicio de la Octava de Pascua Domingo de Resurrección 2025Hoy, 5 de abril, celebramos el...
05/04/2026

Hoy es Domingo de Resurrección, inicio de la Octava de Pascua

Domingo de Resurrección 2025

Hoy, 5 de abril, celebramos el Domingo de Resurrección, día en el que Cristo venció a la muerte y al pecado. La Iglesia se une a una sola voz para gritar: ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Hoy se da inicio al Tiempo Pascual, período litúrgico de cincuenta días en los que la Iglesia Católica celebra la cúspide de la obra de la salvación: la Resurrección de Cristo, el Señor. El Tiempo Pascual -conocido también como “Cincuentena Pascual”- concluye con la Solemnidad de Pentecostés (24 de mayo de 2026).

El domingo más grande

Y eso no es todo. Simultáneamente hoy también empieza la Octava de Pascua, primera semana de la Cincuentena Pascual. La Octava de Pascua, como sugiere el propio nombre, equivale al periodo de ocho días continuos en los que se celebra la Resurrección de Cristo. Lo hermoso de estos ocho días -de domingo a domingo- radica en que deben ser vividos como si fueran “un solo día”. Se trata, pues, de un “largo domingo” o “gran domingo” en el que el júbilo por Cristo vuelto a la vida se prolonga con la misma intensidad con que se vive el Domingo de Resurrección.

Para que sigas de cerca la Octava de Pascua te recomendamos acceder a los recursos dispuestos para cada día, a través del siguiente enlace.

La Sagrada Escritura en el día a día

Las lecturas diarias de la Octava se centran en los relatos de las apariciones de Cristo Resucitado y las experiencias que los discípulos tuvieron en su gloriosa presencia. Esto habrá de continuar el resto de la Cincuentena, especialmente los domingos.

Podrás constatar también que, a lo largo del Tiempo Pascual, la Primera Lectura, comúnmente tomada del Antiguo Testamento, se cambiará por un pasaje de los Hechos de los Apóstoles.

Segundo domingo de la Octava: la Divina Misericordia

El Segundo Domingo de Pascua, con el que concluye la Octava, es llamado Domingo de la Divina Misericordia, de acuerdo a la disposición dejada por San Juan Pablo II durante su pontificado, a propósito de la canonización de su compatriota Faustina Kowalska.

El decreto de Su Santidad fue emitido el 23 de mayo del año 2000 por la entonces Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, hoy convertida en Dicasterio. En el documento se detalla que la celebración de la Divina Misericordia tendrá lugar siempre el segundo domingo de Pascua, por lo que constituye una fecha movible en el Calendario Litúrgico. La denominación oficial de esta celebración es «Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».

Hoy es Sábado Santo, el día en que todos perdieron la fe salvo María, la Madre de DiosHoy, 4 de abril, es Sábado Santo, ...
05/04/2026

Hoy es Sábado Santo, el día en que todos perdieron la fe salvo María, la Madre de Dios

Hoy, 4 de abril, es Sábado Santo, el día de la espera. El cuerpo inerte de Jesús ha sido colocado en el sepulcro y, no muy lejos de allí, María permanece en oración, acompañando a la Iglesia.

Jesús desciende al abismo y un profundo silencio envuelve la tierra

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En el año 2010, el Papa Benedicto XVI se refería al Sábado Santo como “el día del ocultamiento de Dios” al comentar un antiguo texto de la tradición sobre las horas posteriores a la muerte del Reconciliador. Decía el Papa: «El Sábado Santo es el día del ocultamiento de Dios, como se lee en una antigua homilía [cuyo autor se desconoce]: “¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad, porque el Rey duerme (...) Dios ha mu**to en la carne y ha puesto en conmoción a los infiernos” (Homilía sobre el Sábado Santo: PG 43, 439)».

Estas palabras evocan aquello que repetimos en el Credo cuando profesamos que Jesucristo “padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, mu**to y sepultado, descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los mu***os”.

Creer que Cristo “descendió a los infiernos” tiene un profundo significado. El Señor ha llevado su amor a niveles impensables: por su muerte ha penetrado la soledad más absoluta en la lejanía más extrema. Desde aquel primer Sábado Santo de la historia sabemos que no hay nada que pueda escapar al amor de Dios; en la más profunda tiniebla ha brillado la Luz de Cristo.

María, Madre de la esperanza, nos enseña a confiar

En ese momento, cuando Dios se ha retirado del mundo y todo es desolación, María sigue confiando en las promesas de su Hijo y conserva la esperanza en el interior. Si todos le han dado la espalda al Hijo o son presa del temor, Ella no. María seguirá de pie, esperando en Él.

La Virgen ha sido toda su vida “Madre de la espera paciente", y hoy no será la excepción. No hay duda de que su dolor es “inmenso como el mar”, como canta un antiguo poema, pero tampoco hay espacio para dudar sobre su fe: la Virgen mantuvo viva la llama de la confianza en medio de la tempestad.

Muchos de los seguidores de Jesús -amigos, discípulos, apóstoles- se desilusionaron porque creían que Él iba a ser el “gran Mesías” de Israel: un guerrero que los liberaría del dominio romano con puño de hierro y un ejército numeroso. Al ver que Cristo se dejó crucificar y murió, muchos quedaron tristes y desilusionados. “Jesús fracasó, volvamos a nuestras tareas ordinarias”, pensarían los discípulos que iban camino de Emaús. Y es que en el grupo más cercano a Jesús -a excepción de María, Juan y algunas mujeres- era presa del pánico y se hallaban escondidos.

Aún más: incluso las mujeres que estuvieron al pie de la Cruz acompañando a la Madre daban por mu**to al Maestro; y ‘mu**to’ quería decir ‘todo acabó’. Como se sabe, ellas acudieron a embalsamar el cuerpo del Señor, algo que sólo era concebible si está la convicción de que todo ha terminado -u olvidaron la promesa de la resurrección de Cristo, o, lo que sería peor, recordándola, no le dieron el debido crédito-.

¡Qué contraste con la Virgen!, la única mujer que no se dejó abatir por el desaliento, que no dudo. ¡Bendita sea la Madre de Dios! ¡Ella se mantuvo firme!

Eso lo cambia todo. Hoy es “el día del ocultamiento de Dios'', cierto, pero al mismo tiempo es la “hora de María”, la hora de la fe.

Bienaventurados los que creen sin haber visto (Jn 20, 29)

Quizás sea la falta de fe lo que explique por qué cuando las mujeres encontraron el sepulcro vacío “estaban desconcertadas”, “llenas de temor” (Cfr. Lc 24, 4-5). No entendían por qué no estaba el cuerpo de Jesús donde lo habían dejado. Dice el relato de San Juan: “Y le dijeron [los ángeles]: Mujer, ¿por qué lloras? Ella les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto” (Jn 20, 13). Sólo cuando ven a Cristo aparecer, creen.

La Virgen María, en cambio, no fue al sepulcro porque conservaba intactas la fe y la esperanza. Ella sí había conservado la palabra de Dios en lo profundo del corazón, aferrándose a esta. No estaba desilusionada, ni asustada, ni desconfiaba. La Madre confió y esperó la resurrección del Hijo. ¡Bendita tú entre las mujeres!

Hoy, 3 de abril, es Viernes Santo y toda la Iglesia se une en duelo y espíritu penitencial para conmemorar la Pasión y M...
03/04/2026

Hoy, 3 de abril, es Viernes Santo y toda la Iglesia se une en duelo y espíritu penitencial para conmemorar la Pasión y Muerte del Señor.

La liturgia de hoy, en toda su riqueza, nos depara momentos intensos en los que podremos profundizar en el misterio del sacrificio de Cristo.

En todo el mundo cristiano se llevan a cabo diversas expresiones de fe: se reza el Vía Crucis [El camino de la cruz], se escucha el “Sermón de las Siete Palabras” –reflexión en torno a las palabras que Cristo pronunció en la Cruz– y se realizan procesiones o liturgias semejantes, presididos generalmente por la imagen de Cristo sufriente y de su Madre Dolorosa.

En Viernes Santo no se celebra la Santa Eucaristía ni ningún otro sacramento, a excepción, claro está, del Sacramento de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos en caso de necesidad o urgencia.

Un día para poner el corazón frente al Señor

En la tarde del Viernes Santo se realiza la Celebración de la Pasión del Señor, que conmemora los distintos momentos por los que pasó el Salvador en las horas previas a su ejecución. Ese itinerario de dolor se recuerda paso a paso a través de la lectura de la Palabra, la Adoración de la Cruz y la Comunión Eucarística -consagrada el día previo, Jueves Santo-.

Paralelamente, la Santa Madre Iglesia nos invita a acompañar a la Virgen María en sus sufrimientos de madre. Ella nunca abandonó a su Hijo y, a diferencia de la gran mayoría de discípulos, no huyó y permaneció firme a los pies de la cruz.

Hacia el final de la Celebración de la Pasión, después de la Adoración de la Cruz, el Misal Romano señala: "Según las condiciones del lugar o de las tradiciones populares y, según la conveniencia pastoral, puede cantarse el Stabat Mater, (...) o algún canto apropiado que recuerde el dolor de la Bienaventurada Virgen María" (Misal Romano, rúbricas para el Viernes Santo [VS], núm. 20).

Por la noche, los fieles meditan el periplo de Jesucristo hacia el Calvario o Gólgota a través del Vía Crucis [El camino de la cruz]. Luego, antes de acabar el día, en numerosos lugares se celebra el “Oficio de las Tinieblas” en el que se recuerda la oscuridad en la que cayó el mundo cuando muere el Redentor. Dicha celebración, generalmente hecha dentro del templo y en un ambiente de creciente oscuridad, concluye con un signo de esperanza: después de dejar paulatinamente el templo a oscuras, se enciende una vela sobre el altar que recuerda que Jesús habrá de resucitar.

Todas estas formas de piedad dejan en evidencia que la Iglesia, como madre bondadosa, provee de los medios necesarios para acercarnos a Dios y vivir el misterio de su amor sacrificial, que es infinito. Nunca olvidemos que Cristo no se guardó nada para sí, sino que lo dio todo por nuestra salvación.

Nosotros, los fieles, debemos responder guardando ‘silencio’ -externo e interno- o fomentando el espíritu reflexivo. Debemos unirnos al duelo por la muerte de Jesucristo, tal y como lo recordaba el P. Donato Jiménez, OAR: ”Debemos hacer propios los sentimientos de la Iglesia”. Contribuye enormemente a ese propósito que ese día cumplamos con los preceptos de ayuno y abstinencia.

Lo que está roto será unido y renovado

El P. Jimenez recordaba además que en Viernes Santo “celebramos la muerte de Jesús, quien ha mu**to por cada uno de nosotros y por toda la humanidad para reconciliarnos con el Padre”. Es decir, estamos celebrando hoy el amor extremo, el amor divino, el único capaz de pagar el más caro rescate por nuestra salvación: la vida del Hijo. Esto debería tener implicancias tremendas en nuestra vida diaria: gracias a Cristo, las puertas que se habían cerrado a causa de nuestros pecados han sido abiertas de nuevo para nunca jamás cerrarse de nuevo. ¿Quién, conociendo esta verdad, podría seguir viviendo igual?

Es importante, entonces, interiorizar que Jesús se entregó en la Cruz por cada uno. Esa entrega es personal: por mí, por tí, y no fue hecha de manera “masiva”. Es por eso que la Cruz es un signo de victoria: por la Cruz ‘muere la muerte’. En ella perece el pecado, su fuerza y sus consecuencias; Jesús libremente decidió ‘morir mi propia muerte’, al querer morir por mi. ¿No es esta la victoria más grande de la historia? ¡Qué poco importa si a alguno le sabe a fracaso! Definitivamente no lo es.

Hoy, 2 de abril, es Jueves Santo, el día en que Jesús celebró la Última Cena con sus apóstoles e instituyó dos sacrament...
02/04/2026

Hoy, 2 de abril, es Jueves Santo, el día en que Jesús celebró la Última Cena con sus apóstoles e instituyó dos sacramentos para salvación de la humanidad: la Eucaristía y el Orden Sacerdotal.

El Jueves Santo es la “puerta de entrada” al Triduo Pascual, es decir, es el “inicio” del periodo más importante de la Semana Santa, en el que conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor.

Nos decía el Papa Francisco en la audiencia general del 31 de marzo de 2021: “La tarde del Jueves Santo, entrando en el Triduo pascual, reviviremos la Misa que se llama in Coena Domini [en la Cena del Señor], es decir la Misa donde se conmemora la Última cena, lo que sucedió allí, en ese momento. Es la tarde en la que Cristo dejó a sus discípulos el testamento de su amor en la Eucaristía, pero no como recuerdo, sino como memorial, como su presencia perenne. Cada vez que se celebra la Eucaristía… se renueva este misterio de la redención”.

La Misa de la Cena del Señor es la celebración central del Jueves Santo, pero no es la única celebración eucarística que se lleva a cabo, como veremos a continuación.

Celebraciones litúrgicas del Jueves Santo

1.- La Misa Crismal

Cada Jueves Santo se celebran dos misas muy importantes.

En la mañana se celebra la llamada Misa Crismal, en la que se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos que serán usados en los sacramentos de iniciación. Por la tarde -como recordaba el Papa Francisco- se realiza la Misa de la Cena del Señor, acto central del día.

En la Misa Crismal, además, se realiza la renovación de las promesas sacerdotales de todos los presbíteros y sacerdotes incardinados en una diócesis frente al obispo local.

En la Misa de la Cena del Señor, a celebrarse al caer la tarde, se conmemora la última Pascua que Jesús pasó con los apóstoles, Pascua que habría de ser “redefinida” a partir del sacrificio de Cristo en la Cruz.

2.- La Misa de la Cena del Señor: ‘Un mandamiento nuevo’

La Iglesia Católica conmemora el Jueves Santo con una celebración eucarística muy especial, de profundo sentido litúrgico. En ella, el sacerdote realiza, a imitación de Cristo, el lavatorio de pies a doce personas de la asamblea -cada uno de estas como representante de uno de los apóstoles-.

Con este gesto, es Jesús mismo quien se pone enfrente de cada ser humano, haciéndose ‘paradigma’ -modelo y medida- de amor a través del servicio: “Si, pues, Yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis unos a otros lavaros los pies, porque os he dado el ejemplo, para que hagáis como Yo os he hecho” (Jn 13, 14-15).

Entonces, estando nuestros ojos fijos en el Maestro, escucharemos su voz que dice: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros: para que, así como Yo os he amado, vosotros también os améis unos a otros” (Jn 13, 34). Del Señor recibimos el ‘mandamiento nuevo’ de la caridad, ¡la propuesta más grande!, el reto más elevado, la aventura más hermosa. Esta es la iniciativa de Dios más importante, porque es una invitación a la que podemos responder si cooperamos con su gracia desbordante-.

Algunos años atrás, en conversación con ACI Prensa, el sacerdote y profesor de teología, P. Donato Jiménez, OAR, recordaba que durante el Jueves Santo debemos aprovechar la oportunidad de reconciliarnos con el prójimo, interiorizando la enseñanza de Jesús sobre la caridad. Jiménez recordaba también que mucha gente acude a la Eucaristía central del día, la Misa de la Cena del Señor, “por un acto de fe”, cosa que está bien, pero a la que hay que añadir “un corazón dispuesto a encontrar el sentido del amor al prójimo”.

Lo que no debemos perder de vista: la vida sacramental

Por otro lado, no debemos perder de vista que hoy celebramos simultáneamente que Cristo instituyó el Sacramento del Orden Sacerdotal, junto al Sacramento de la Eucaristía.

Eso quiere decir que Jesús estableció un antes y un después para la vida de la gracia, que cada uno debe acrecentar. Este quiebre o giro se produjo cuando Jesús partió el pan en la Última Cena y dijo a sus apóstoles: “Hagan esto en memoria mía”. En palabras del P. Jiménez, “en este día Jesús deja su testamento: la Eucaristía, el sacerdocio y el mandato de amarnos los unos a los otros”.

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