16/05/2026
GÉNESIS 49:10-11
No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos. Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto.
Judá fue el hijo de Jacob quien se constituyó en una tribu de la cual nació nuestro Salvador Jesucristo. En la bendición de su padre, se describe que el cetro, es decir, el gobierno, no sería movido de él, ni tampoco el legislador; haciendo referencia a que la justicia y el reinado provendrían de Judá, enfocando esto como una luz hacia Jesucristo. El pasaje hace referencia al vino en que lava sus vestidos, siendo una imagen de lo que sería la crucifixión de Jesucristo: el derramamiento de Su sangre para lavar nuestras vidas y nuestra vestidura espiritual, con el fin de purificarnos de los pecados a todos aquellos que hemos creído en Cristo Jesús.
La bendición de Jacob sobre su hijo Judá marcó y mostró la línea del cumplimiento de lo que sería en Cristo Jesús. Hoy somos benditos por la bendición de nuestro Señor; hoy la bendición de nuestro Padre está sobre Sus hijos por cuanto Jesucristo nos rescató, siendo fiel a Su palabra. Él vino por el pueblo que se había descarriado y perdido, y lo reconcilió con nuestro Padre Celestial. Nuestro Señor Jesucristo hoy sigue lavando los vestidos de aquellos que se acercan a Él; sigue siendo el Rey de justicia, el Dios santo y perfecto que gobierna y que quiere reinar en el corazón de cada uno de nosotros.
Hoy el Señor sigue llamando a que hagamos parte del Reino de los Cielos y de la familia celestial. Su deseo es que aquellos que están lejos puedan entender lo maravilloso que es estar cerca de la vida que Él nos ofrece: una vida abundante y una vida de salvación eterna. No debemos olvidar que el cetro de Su justicia permanece firme y Su sacrificio en la cruz sigue vigente para darnos una identidad nueva y un propósito eterno en Su presencia.