07/08/2021
Estudio del evangelio San Juan 6,41-51. -Agosto 8 2021.
1. Motivación y sentido: Jesús se presenta a sí mismo como el pan vivo bajado del cielo, cuya fuerza de vida es capaz de dar vida eterna a quien lo acoge con fe y lo reconoce como enviado e Hijo de Dios. En el desierto de nuestra vida, el Señor nos sigue dando el alimento que es su propio Hijo, el Pan bajado del cielo. En él encontramos la fuerza que necesitamos para vivir en el amor como Cristo y para llegar a nuestra meta sin desfallecer.
2. Oración: Ven Espíritu Santo, danos el sentido de las cosas espirituales y divinas. Haznos descubrir a Jesucristo; danos ojos para ver, oídos para oír y, sobre todo, un corazón para sentir y atraernos hacia Él.
3. Lectura del evangelio San Juan 6,41-51… Los judíos, murmuran, no escuchan y se enfrentan a Jesús…
3.1. ¿Qué dice Jesús y cómo? Jesús dice: Yo soy el pan bajado del cielo, el pan de vida y también: «No murmuréis entre vosotros. «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios”. En una palabra, que si escuchan a Dios tienen que escucharle a él. Y termina diciendo: Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo». En el ambiente de oposición y rechazo, Jesús se ofrece como quien es: el hijo del Padre, está junto al Padre. Cada vez más va centrando su mensaje en su persona.
3.2. ¿Qué hace Jesús y cómo? Jesús se va ofreciendo como el pan de vida. Va identificando cada vez con más intensidad, su persona, su cuerpo, con el pan que da la vida verdadera.
4. ¿Cómo ilumina todo esto nuestra vida?
Los judíos se muestran muy arrogantes ante Jesús: “¿no es este el hijo de...?, ¿no conocemos a sus padres?, ¿cómo dice que ha bajado de los cielos?”. Oír, oyen, pero no aceptan lo que les dice, pues le conocen de sobra, como para hacerle caso. La presencia de Jesús, Dios hecho hombre entre los hombres de su tiempo, nos sorprende por su realismo.
Y es que para comprender a Jesús se requiere una gracia especial de Dios. Es necesario que sea Dios mismo quien nos dé a conocer su palabra y lo que él mismo dice. Porque nadie, excepto el espíritu de Dios, sabe lo que hay en Dios. El hombre animal y carnal, no concibe las cosas que son del espíritu de Dios, le parecen una locura y no pueden comprenderlas porque deben ser juzgadas por una luz sobrenatural.
Jesús es Dios. Dios se manifiesta a nosotros en su misericordia, en su condescendencia, en su abajarse por amor, en su desarmarse por amor. Él, que todo lo ve, podría haberse mostrado con una superioridad sin límites, pero eligió asumir nuestra propia naturaleza, hacerse hombre, cargar nuestro dolor, nuestro pecado, pasar como un hombre cualquiera. Él se hizo camino. Éste es el camino: vivir lo cotidiano descubriendo la presencia maravillosa de Dios que no se cansa de hacer milagros por nosotros, aunque muchas veces no entendamos, no aceptemos y aún más, protestemos y murmuramos contra Él.
La misericordia de Dios es infinita. Su amor es creativo. Él obra milagros por nosotros, para atraernos a Él. En su inmensa capacidad de generar recursos para acercarnos a su amor, entre todos sus regalos, hay un milagro nuevo, superior a todos los otros: el milagro de la presencia de Dios que se hace carne. Carne que es Palabra para acercarnos al misterio insondable de un Dios que nos ama. Carne que se hace Pan y que se ofrece para que los que creen tengan vida y la tengan en abundancia.
Preguntémonos en este día del Señor, recibir la Eucaristía, es dejar de tener problemas, dejar de sufrir, o implica comprometerse a trabajar para que haya menos problemas y sufrimientos? Cada uno expresa su opinión.
Aceptar la humanidad de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, aceptar su presencia entre nosotros hecho Palabra y hecho Pan, es responder a la infinita ternura de Dios Padre, que no se cansa de llamarnos a su Reino, de darnos los medios para acercarnos a Él y de revelarnos su proyecto de salvación para cada uno de nosotros.
Hoy escuchamos la llamada de acercarnos a Jesús como discípulos humildes y necesitados de ese verdadero alimento que da la vida, que nos libera de las ataduras del pan que no da la vida. Y otra llamada es dejarnos configurar con y por Cristo en su ministerio, en su servicio, como pan para este mundo.
5. Oración final: Te alabamos y te bendecimos, Dios de nuestros padres, porque en la travesía del duro desierto de la vida, nos brindas el maná y la bebida del cuerpo y la sangre de Cristo que es el pan de vida en el sacramento de la Eucaristía. Ayúdanos a superar los momentos de cansancio en la fe. Atrae hacia ti, Señor, nuestros corazones para que creamos con estabilidad y firmeza en tu Hijo y enviado, Jesucristo, y para que, después de seguirlo fielmente día a día, alcancemos la vida que él nos promete para siempre. Amén