01/08/2026
😭 La noticia de Camila me ha hecho reflexionar profundamente.
Como cristianos, y aún más quienes servimos como líderes religiosos, debemos reflexionar seriamente sobre los consejos que damos cuando una mujer nos confiesa que está siendo siendo víctima de violencia.
Durante años, muchas han escuchado frases como:
“Ore más.”
“Dios restaurará su matrimonio.”
“Pague el precio por su matrimonio.”
“El amor todo lo soporta.”
“El matrimonio es hasta que la muerte los separe.”
Creo profundamente en el poder de la oración. Creo que Dios restaura matrimonios. Creo en el perdón y en la reconciliación cuando hay arrepentimiento genuino y un cambio real. Pero ninguna de esas verdades puede utilizarse para justificar el abuso o para pedirle a una víctima que permanezca donde su vida está en peligro.
Sí, el matrimonio tiene un precio. Requiere sacrificio, paciencia, perdón, renunciar al orgullo y aprender a amar como Cristo. Pero el precio del matrimonio nunca debe ser la integridad física, la dignidad o la vida de una persona.
Cuando Pablo escribió que “el amor todo lo soporta”, no estaba enseñando que una mujer debía soportar golpes, amenazas, humillaciones o violencia. Estaba describiendo el carácter del verdadero amor, y el verdadero amor “no hace nada indebido”, “no busca lo suyo” y “no se goza de la injusticia” (1 Corintios 13).
Hay momentos en los que el consejo no puede ser solamente: “Siga orando.” Hay momentos en los que también debemos decir: “Huya. Busque ayuda. Denuncie. Proteja su vida y la de sus hijos.”
Como iglesia debemos defender el matrimonio, sí. Pero también debemos defender la vida, la justicia y la dignidad de quienes están siendo oprimidos. No podemos permitir que una interpretación equivocada de la Biblia se convierta en una cadena que mantenga a una víctima en un lugar donde puede perder la vida.
Dios ama el matrimonio, pero jamás nos llamó a sacrificar una vida para sostener un matrimonio marcado por la violencia. Ese nunca fue el corazón de Dios. 💔🙏
Créditos a su autor 🙏